Crónicas ausetanas

La extrema derecha postindustrial: de Alain de Benoist a Steve Bannon

Xavier Tornafoch se remonta al surgimiento de la 'nouvelle droite' francesa en los años sesenta para rastrear el origen del auge actual de partidos y movimientos ultraderechistas en todo el mundo,

Crónicas ausetanas

La extrema derecha postindustrial: de Alain de Benoist a Steve Bannon

/por Xavier Tornafoch/

Llamar extrema derecha postindustrial al conglomerado de partidos y organizaciones diversas que están abanderando el discurso nacionalista, autoritario y xenófobo en el mundo occidental puede ser sólo una manera de poner una etiqueta al fenómeno. Es la que utiliza uno de sus mejores analistas, el historiador catalán Xavier Casals. Podríamos utilizar otras: derecha alternativa, neofascismo, etcétera. En cualquier caso, se trata de un frente político, ideológico y cultural que está ganando apoyos y poder con los que pretende arrasar conquistas sociales y derechos colectivos e individuales fruto de largas y costosas luchas populares. Sin embargo, esta fuerza reaccionaria no es exactamente la resurrección del nazifascismo de entreguerras ni es tampoco una creación de ultimísima hora. Tiene sus raíces ideológicas en la segunda mitad del siglo pasado y es la reacción a las transformaciones políticas y culturales que se produjeron en aquellos años, fruto de las revueltas estudiantiles y de la acción política de los partidos progresistas que tuvieron responsabilidades de gobierno en aquellos años.

Que las fracciones extremistas de la derecha occidental estén triunfando ahora, espoleadas por crisis políticas, económicas y demográficas muy recientes, no significa que no existieran antes. Estaban ahí. De la misma forma que los partidarios de un liberalismo a ultranza no desparecieron después de 1945, cuando el Estado del bienestar se expandió por el hemisferio norte, la extrema derecha postindustrial tiene una larga trayectoria, aunque durante muchos años su mensaje nacionalista, proteccionista y aislacionista tuvo una escasa incidencia pública.

En los años sesenta del siglo pasado apareció en Francia una nueva derecha, la nouvelle droite, que se fraguó en ambientes neofascistas a raíz de la descolonización de Argelia. Entre sus ideólogos estaba el filósofo Alain de Benoist, que dirige la revista Europe Action (1963) y crea, ya en 1968, el Groupement de Recherches et d’Études sur la Civilisation Européenne (GRECE), un think tank ultraconservador que defiende la recuperación de la identidad europea y la creación de una élite de individuos capaces de propagar las ideas de esa nueva Europa a todos los niveles. En los setenta, esta corriente irrumpe en el panorama electoral del viejo continente (Partido del Progreso danés y Frente Nacional francés) y se dispone a competir con las ofertas políticas neofascistas que ya existen, como el Movimiento Social Italiano, Fuerza Nueva, Unión Nacional Política de Grecia o el Partido Nacionaldemocrático de Alemania. Esta nueva derecha postindustrial se desmarca del fascismo histórico y hace una apelación constante a la comunidad nacional, al pueblo, del que se erige en único representante. Se declara hiperdemocrática y partidaria de la democracia directa en contraposición a los partidos tradicionales, a los que acusa de oligárquicos y corruptos. Se muestra reacia a la mundialización y, muy especialmente, a los inmigrantes, a los que etiqueta como invasores.

Alain de Benoist (1943- )

Uno de los teóricos de este populismo de extrema derecha, Renaud Camus, habla del grand remplacement, es decir, de la supuesta substitución demográfica que se está produciendo en Francia.  Camus llega a esta conclusión no a través de estudios sociológicos o demográficos, sino en el transcurso de la elaboración de una guía de pueblos medievales franceses, al comprobar que en esos pueblos de postal la población de origen árabe se hace visible y que en sus maravillosas fuentes públicas se agolpan mujeres con velo que hablan entre ellas mientras sus hijos juguetean al salir de clase. En cualquier caso, y a pesar de su radicalismo verbal, estas fuerzas no proponen una alternativa económica y de gobernanza y se muestran oportunistas y tacticistas en lo programático, cambiando a menudo sus propuestas. Sus líderes, por otra parte, son políticos experimentados que saben comunicar, utilizando un tono muy beligerante con sus adversarios, a los que acusan de no conocer los verdaderos intereses del pueblo, aunque muchos de estos líderes son millonarios, como el francés Jean Marie Le Pen o el suizo Christian Blocher. Se dirigen prioritariamente a un electorado masculino, joven, interclasista, urbano y con un bajo nivel de estudios y buscan un voto de adhesión que se nutre de todas las protestas, empezando por las que genera el proceso de desindustrialización y sus efectos sociales. Utilizan la televisión, como más adelante harán con las redes sociales, con mucha habilidad gestionando para su provecho lo que Xavier Casals llama el interés patológico de las sociedades mediáticas por el escándalo.

En el siglo XXI, los partidos populistas de extrema derecha han ido entrando en la mayoría de parlamentos nacionales y regionales de los estados de la Unión Europea, alcanzando en algunos casos el Gobierno, como ha sucedido en Polonia, Hungría o Austria. En lo ideológico se nutren de personas como los ya citados Alain de Benoist y Renaud Camus, el suizo Armin Mohler o el norteamericano Francis Parker Yockey (1917-1960), todos ellos autoproclamados defensores de las esencias europeas ante lo que consideran la amenaza de la disolución de su civilización como consecuencia de la amalgama cultural propiciada por la mundialización. En lo estratégico, este movimiento estará condicionado por analistas norteamericanos como el ya fallecido Roy Cohn, mano derecha de Joseph McCarthy en la caza de brujas anticomunista de los años cincuenta, o Roger Stone, asesor de Richard Nixon que también estuvo implicado en el escándalo Watergate y consejero de Trump en las presidenciales de 2016. Recientemente se ha añadido a este selecto grupo de estrategas de la extrema derecha norteamericana Steve Bannon, que ha ido un paso más allá y ha creado un think tank llamado The Movement para trasladar sus actividades a Europa.

Los gurúes de la nueva derecha norteamericana han apuntado una nueva manera de hacer política que ha sido incorporada rápidamente por la ultraderecha europea. Utilizan sin ningún rubor la mentira, la difamación si hace falta, y presentan su ideario extremista sin complejos. Se muestran partidarios de apelar a los sentimientos más primarios y viscerales del pueblo y a menudo aplican tácticas electorales que rayan lo ilegal, como sucedió en la comprobación de votos de Florida en el 2000, cuando los partidarios del candidato George W. Bush presionaron a las personas encargadas del recuento. En otros lugares del mundo, la fuerza de la extrema derecha postindustrial se ha concretado en la elección de Donald Trump (2016) o la de Jair Bolsonaro (2018) en Brasil. Incluso las victorias de Vladímir Putin podrían situarse ahí. En todos los casos, defienden la desigualdad racial y los privilegios masculinos. Detestan lo políticamente correcto y odian el igualitarismo progresista. Apelan constantemente a los normies, es decir a aquellos sectores sociales conservadores que siguen los dictados de una sociedad que ellos juzgan izquierdista, para que se rebelen y se adhieran a lo políticamente incorrecto que representan ellos.

En España, esta extrema derecha ha entrado ya en un parlamento regional y, según encuestas recientes, podría llegar al Congreso y a numerosos ayuntamientos en el próximo ciclo electoral. A pesar de su discurso ultranacionalista, dispondrá de los medios económicos y tácticos que le facilitará este entorno internacional y que ya se han concretado en la ayuda que una oscura organización iraní vinculada a la nueva derecha norteamericana ha prestado para la campaña electoral andaluza. Estas fuerzas han dejado de ser un outsider en la política occidental y, en algunos lugares desde hace mucho tiempo, se han incorporado a la vida pública. Cómo hacer frente a esta nueva realidad política se ha convertido en uno de los retos de las fuerzas progresistas, no sólo en el ámbito electoral, también en el ideológico y estratégico.


Xavier Tornafoch i Yuste (Gironella [Cataluña], 1965) es historiador y profesor de la Universidad de Vic. Se doctoró en la Universidad Autónoma de Barcelona en 2003 con una tesis dirigida por el doctor Jordi Figuerola: Política, eleccions i caciquisme a Vic (1900-1931) Es autor de diversos trabajos sobre historia política e historia de la educacción y biografías, así como de diversos artículos publicados en revistas de ámbito internacional, nacional y comarcal como History of Education and Children’s LiteratureRevista de Historia ActualHistoria Actual On LineL’AvençAusaDovellaL’Erol o El Vilatà. También ha publicado novelas y libros de cuentos. Además, milita en Iniciativa de Catalunya-Verds desde 1989 y fue edil del Ayuntamiento de Vic entre 2003 y 2015.

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