Poéticas

‘Ikiru (vivir)’, de Carolina Sarmiento

Pedro Luis Menéndez reseña el primer poemario de la periodista asturiana.

Ikiru (vivir), de Carolina Sarmiento

/una reseña de Pedro Luis Menéndez/

Carolina Sarmiento

Indagar para vivir o indagar para escribir. O ambas cosas, que pueden ser la misma cosa según se mire. Afirma Carolina Sarmiento —periodista asturiana de 1981— que durante la escritura de Ikiru «tenía el foco más atento a la vida», y nos cuenta también que un día, en una cafetería de Gijón, sentada frente al paisaje profundo del verde asturiano, «estaba sola y lo normal es que en ese momento hubiera sacado el móvil. Me lo prohibí y me dije: mira enfrente, mira esos jardines, fíjate en el agua y al fondo esas montañas. Tuve un momento de paz y de pausa. Luego, indagué en ello». Y de esa indagación nace este primer libro de poemas de la autora.

Pero antes que un libro, Ikiru fue una película que Akira Kurosawa estrenó en 1952. En ella, el señor Watanabe, un oscuro funcionario nipón, descubre que le quedan muy pocos meses de vida y decide entonces buscar un sentido a su propia existencia, hasta entonces gris y previsible. En dos momentos clave de la película, el protagonista canta La canción de la góndola, una balada japonesa de 1915 cuya letra —escrita por Isamu Yoshii— termina con estos versos:

La vida es corta, enamórate, chica,
antes de que el color negro del pelo pierda su fuerza,
antes de que la llama del corazón se apague.
No volverá nunca a repetirse el día de hoy.

Y algo de ese carpe diem estremecedor encontramos en el libro de Carolina Sarmiento:

El ruido
de los radios de mi bici
me da cuerda.
Ruedo. Vivo.

Primero estuvo la mirada, después la indagación, por último la escritura. No otra cosa es el arte más que el recorrido una y otra vez de ese camino que no se completa hasta que el receptor (en este caso, lector) completa el sentido y hace suyas las imágenes que le revelan desde los versos:

Cada vez veo más nubes
con forma de elefante
y a sus orejas me aferro
y avanzo ligera
la pesadez de algunos días.

Quiero prevenir a quienes se acerquen al libro que no se dejen confundir por la aparente rapidez formal de la mayoría de los poemas, en cuya estructura juegan una partida a veces complicada de resolver la levedad y la conmoción que deja entrever esa misma levedad:

La urgencia se cuela por las ventanas.
La alarma de las gaviotas.

Y el mar, que se asoma por las páginas del libro para merecer a veces la caricia:

De ti
solo un archipiélago
asoma sobre el mar.
Te bañas en misterio.

O a veces la distancia:

Hoy visto piel de neopreno
para repeler el miedo.

Y muy cerca se encuentran los árboles, los senderos, la tierra y la lluvia:

Fíjate
cómo la tierra absorbe el agua,
cómo desaparecen las grietas.
Así será nuestro reencuentro.

Tan cerca que a veces se funden en uno:

Soy un bosque
amarrado al mar.

Pero Ikiru añade además dos valores esenciales para su propia constitución; en primer lugar, las ilustraciones de Carlos Rivaherrera que ahondan en el sentido de los versos y ayudan a crear los silencios visuales entre algunas páginas, de manera que, al detenernos en las imágenes, repensamos el propio sentido del poema.

En segundo lugar, la edición exquisita a cargo de Gravitaciones, cuyo editor, Juan Gallo, firma también el epílogo del libro, en el que sugiere: «Ikiru alude a este despertar, a este estar aquí percibiendo, existiendo, entregándonos a la solicitación incesante del presente. Allí donde estamos: ese es el mejor lugar para comenzar, para percibir el fondo de la vida donde cada cosa habla en su ser». Y en este párrafo encontramos la síntesis más adecuada entre la película de Kurosawa y el libro de Carolina Sarmiento, en el centro de ese corazón frutal y poderoso, sin olvidar, porque son también esencia, las espinas y sus dolores, como en la canción de Kiko Veneno: «enamorao de la vida aunque a veces duela».

Así que, si se acerca usted a Ikiru, acabará encontrando en sus versos la ventana y el espejo que resultan ser la esencia de eso que llamamos poesía:

Siento que me acecho.
Así que miro hacia dentro.
De mí sospecho.

Más allá de modas pasajeras, los versos permanecen. En el camino de Ikiru.


Ikiru: vivir
Carolina Sarmiento
Gravitaciones, 2018
12€


Pedro Luis Menéndez (Gijón [Asturias], 1958) es licenciado en filología hispánica y profesor. Ha publicado los poemarios Horas sobre el río (1978), Escritura del sacrificio (1983), «Pasión del laberinto» en Libro del bosque (1984), «Navegación indemne» en Poesía en Asturias 2 (1984), Canto de los sacerdotes de Noega (1985), «La conciencia del fuego» en TetrAgonía (1986), Cuatro Cantos (2016) y la novela Más allá hay dragones (2016). Recientemente acaba de publicar en una edición no venal Postales desde el balcón (2018).

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