Mirar al retrovisor

No es sólo una sentencia

Joan Santacana enumera sucintamente los escenarios posibles que se abren tras la reciente sentencia del Tribunal Supremo español contra los líderes del proceso soberanista catalán.

Mirar al retrovisor

No es sólo una sentencia

/por Joan Santacana Mestre/

Existe un acuerdo mayoritario entre la prensa nacional sobre que con la reciente sentencia del Tribunal Supremo sobre los líderes catalanes se abre un «nuevo escenario», pero puede que no se haya abierto un solo escenario, sino varios; y como sucede con cualquier hecho histórico, si se quiere teorizar sobre la evolución futura de éste hay que analizar todos los posibles. Son muchos, pues ésta no es una simple sentencia judicial; no es una sentencia más. Ante situaciones conflictivas graves, y ésta lo es, es bueno conducir mirando al retrovisor: éste suele ser útil para evitar accidentes. Sólo un conductor temerario nunca mira hacia atrás.

Es fácil darse cuenta de que toda la vida política española, desde hace mucho tiempo, gira alrededor de la relación entre la monarquía Habsburgo y sus sucesores y Cataluña; relación ésta muy compleja, y no sólo durante la última década. Cuando uno mira al retrovisor en lo que respecta a este asunto, contempla siglos de desencuentros. Éstos se iniciaron ya en el siglo XVII con los terribles episodios de guerra que tuvieron lugar durante el gobierno del conde-duque de Olivares (1640-1652); se reanudaron durante la guerra de Sucesión (1701-1715) y tuvieron prolongación durante las guerras carlistas de nuestro convulso siglo XIX, en cuyo año 1842 el Ejército llegó a bombardear y a ocupar Barcelona. Se reanudaron más tarde durante el primer tercio del siglo XX y singularmente a partir de la fundación de Solidaridad Catalana y durante la dictadura de Primo de Rivera (1923-1930), llegando al paroxismo con la dictadura franquista y el fusilamiento de un presidente de la Generalitat, Lluís Companys, entregado a sus verdugos por la Gestapo nazi. La férrea represión de Franco no acabó, desde luego, con el problema, y la transición política iniciada a la muerte del dictador sólo obtuvo un relativo éxito en lo que respecta a este asunto, después de las negociaciones que eclosionaron en la aprobación de un estatuto de autonomía. No trataremos aquí de analizar qué alimentó esta larga historia de conflictos y desencuentros, pero sí es oportuno recordar que los períodos de relaciones pacíficas, fructíferas y fraternales entre Cataluña y el resto de España nunca se abrieron a consecuencia de represiones brutales, sino de negociaciones y acuerdos complicados.

La situación actual se abre después de un nuevo largo período de conflictos institucionales, iniciados después de que el parlamento catalán aprobara un nuevo estatuto de autonomía y la ciudadanía catalana lo refrendara posteriormente. Que después se alterara ese estatuto aprobado explica el malestar que, a la postre, condujo a la problemática actual, que ya dura una década: la pretensión de una parte de los catalanes, cercana a los dos millones y medio de ciudadanos, de independizar Cataluña del Estado al que permanece unida desde hace medio milenio. Sobre cómo resolver esto, una lección que emerge cuando se analiza esta relación intermitentemente tempestuosa entre Cataluña y España en el pasado es que la represión no lo hará; que no solucionará el encaje. No lo hizo ni en los lejanos 1640 o 1714 ni durante la dictadura de Primo de Rivera; tampoco durante la larga y durísima dictadura franquista, y no lo hará ahora.

¿Cuáles son, pues, los escenarios posibles que abre la situación actual, en las primeras décadas del siglo XXI? Sin pretensiones de exhaustividad, podemos barruntar uno primero; el más deseable para el españolismo irredento: que el movimiento nacionalista catalán sea doblegado mediante el uso de una legislación que lo coloque fuera de la ley y una represión policial próxima al estado de sitio. Es un escenario posible dada la evidente catalanofobia que ha prendido en una parte de la sociedad española durante las últimas décadas. Pero no solucionará el problema cuando tiene en contra a una parte tan grande de la población. Por mucho que se aprieten las tuercas de la represión, nunca se alcanzará la dureza que ésta tuvo durante el franquismo, y Franco no consiguió erradicar lo que él, sin duda alguna, consideraba un cáncer para su Estado totalitario.

La segunda posibilidad es que la situación actual se vuelva crónica, dando lugar a un pulso irresoluble entre dos nacionalismos enfrentados. Tampoco sería éste un escenario nuevo, pero resultaría especialmente peligroso, pues afectaría al sistema productivo de forma grave. Si Cataluña fuera un territorio poco importante desde el punto de vista económico y demográfico, quizás esta situación podría mantenerse indefinidamente; pero Cataluña, aunque no sea hoy ya, quizás, la locomotora española, sí que es un potente motor que supone más de un veinte por ciento del PIB, sin el cual la economía corre serios riesgos. Los pulsos entre nacionalismos suelen acabar mal.

El tercer escenario, en absoluto descartable, es que el movimiento independentista se radicalice. La falta de salida pacífica para los movimientos nacionales suele provocar el surgimiento de facciones radicales, armadas a menudo; de autoproclamados ejércitos de liberación nacional que, cuando operan en zonas altamente industrializadas y pobladas, pueden provocar situaciones terroríficas. España ya vivió esta situación en el pasado, durante décadas, en el País Vasco, pero dicho territorio es pequeño en comparación con Cataluña y no comparable con ésta en lo que respecta al producto interior bruto. Un movimiento de estas características aniquilaría toda posibilidad de convivencia y de progreso. No es éste un escenario probable, pero hay que tenerlo presente.

El cuarto escenario es la aparición en el seno de la sociedad española de corrientes de pensamiento capaces de encauzar las diferencias existentes y replantear un nuevo sistema de articulación de la autonomía, de garantías constitucionales y de reforma del sistema judicial. Ello requeriría una importante inteligencia política por ambos lados, que hoy parece estar muy alejada de ser una realidad. También esto tiene precedentes en el pasado: los tiene en el fin del conflicto carlista o en la transición de la dictadura a la restauración borbónica. Pero hoy esa creatividad parece no estar presente ni esperársela.

El quinto escenario posible es que el nacionalismo catalán consiga su objetivo de independencia. Esta situación, altamente improbable hoy en las coordenadas económicas y políticas de Europa, sólo tendría posibilidades de éxito si aquéllas cambiaran en un mundo imprevisible. Finalmente, nos queda por comentar un sexto escenario: la mediación internacional desde organismos europeos, los cuales, ante el deterioro de la situación, obligaran a negociar transformaciones del ordenamiento jurídico actual. No sería una solución, pero crearía las condiciones para acercarnos a ella. Pero también parece lejos de la realidad.

¿A alguien se le ocurre otro escenario posible y no quimérico? Si es así, enhorabuena. Sea como sea, el desenlace del conflicto que hemos creado será largo, complejo y difícilmente a gusto de todos. Elijan ustedes el escenario que prefieran y calculen los riesgos.


Joan Santacana Mestre (Calafell, 1948) es arqueólogo, especialista en museografía y patrimonio y una referencia fundamental en el campo de la museografía didáctica e interactiva. Fue miembro fundador del grupo Historia 13-16 de investigación sobre didáctica de la historia, y su obra científica y divulgativa comprende más de seiscientas publicaciones. Entre sus trabajos como arqueólogo destacan los llevados a cabo en el yacimiento fenicio de Aldovesta y la ciudadela ibérica y el castillo de la Santa Cruz de Calafell. En el campo de la museología, es responsable de numerosos proyectos de intervención a museos, centros de interpretación, conjuntos patrimoniales y yacimientos arqueológicos. Entre ellos destaca el proyecto museológico del Museo de Historia de Cataluña, que fue considerado un ejemplo paradigmático de museología didáctica.

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