Crónica

La Revolución de las ciudades negras

Alejandro Roxán reseña 'Cuaderno de la revolución', de Ramón Lluis Bande, «un libro de propaganda en las acepciones bellas de la palabra» cuya virtud, dice, se halla en su «honestidad, en la conjugación de la toma declarada de posición y el rigor histórico».

La Revolución de las ciudades negras

/por Alejandro Roxán/

Durante la celebración del único debate televisado que tuvo lugar en la anterior campaña electoral, hubo un momento que captó especialmente mi atención. En él, el líder de la ultra derecha, Santiago Abascal, respondía de la siguiente forma a los dos únicos representantes de las izquierdas españolas: «Y le digo más: ¿condenan ustedes los golpes de Estado [sic] del partido socialista y de las izquierdas contra la República en el año 34?». Pensarán que, dentro del debate y de la frenética actividad que vive el país —pero que aquí no nos ocupa— es extraño que mi atención se detuviera en ese detalle. Sea deformación profesional o no, el caso es que me saltaron las alarmas. Aunque no era ni la primera vez ni la más clara en la que la alt-right española se refería así a la revolución del 34, me pareció una especie de colofón; la cúspide de un proceso nacido hace décadas y que emerge en estos momentos de manera mucho más notable: el revisionismo histórico sobre la Segunda República y la guerra civil. Pasadas unas semanas, las acciones del gobierno municipal de Madrid parecen confirmar mis sospechas: hace unos días comprobábamos atónitos como se procedía a retirar las placas que, en La Almudena, homenajeaban a los republicanos fusilados.

El caso es que esto no es nuevo y, de hecho, estas corrientes historiográficas beben las más de las veces de la propia narrativa que el régimen construye sobre sí mismo (y comienza a hacerlo en el transcurso de la propia contienda) y cuya intención última es la justificación del golpe de Estado de 1936. No pretendo (ni puedo) aquí señalar las características de estas visiones, pero sí me interesa señalar algo que quizá resulte una evidencia: la historia, (por más que nos sean familiares frases huecas del tipo «es necesario mirar al futuro y no al pasado» o «la historia pasó y pasó»), acapara gran parte del debate actual. Todos los días se establecen debates sobre nuestro pasado y debemos entender, para bien o para mal, que todos los sistemas políticos se fundan sobre una visión histórica construida. Si alguna verdad hemos de dar por válida, si alguna lección debemos de aprender, creo que esta es que el pasado no termina nunca. En ese ir y venir del pasado, en esa lucha narrativa por la victoria ideológica, en el combate por la historia y la memoria, se sitúa el nuevo libro del escritor y cineasta asturiano Ramón Lluis Bande, su Cuaderno de la revolución, el guion expandido de la película musical Cantares de la revolución.

Confieso que su lectura me da la sensación de no saber exactamente ante qué te encuentras: no es un ensayo histórico al uso, ni tampoco un guión de cine. Parece ser, más bien, un puzle artístico e ideológico; un mosaico poético a través del cual se nos ofrece una determinada visión de los sucesos asturianos de octubre de 1934. Este director de cine se sirve de las anotaciones personales (repletas de referencias históricas y cinematográficas), de una gran cantidad de imágenes de archivo, de poemas, entrevistas, artículos periodísticos y letras de canciones. El mencionado diario personal entreteje el libro y nos muestra el proceso creativo. Bande es honesto desde la primera página y no oculta sus intenciones ni las ideas que plasmará en la obra: «Para hacer una película digna de la guerra popular es necesario que el cineasta y su equipo se integren completamente en ella, que se conviertan en un combatiente más […] los filmes combativos son un sector del cine puesto al servicio del pueblo, de su lucha; son el arma y el instrumento de esa lucha». Estas palabras de Joris Ivens, que el autor anota en su cuaderno personal, nos desvelan el carácter último de la obra. Este Cuaderno de la revolución es munición para quienes ya estábamos en la trinchera. No sirve el libro para convencer a los adversarios ideológicos en esta lucha por el pasado; es otro el cometido: es un libro destinado (o así lo creo) a los que ya nos encontramos a un lado del tablero historiográfico. Es quizá un manifiesto, un libro de propaganda en las acepciones bellas de la palabra: es un canto a la revolución, la denuncia de la fiereza represiva que la siguió, la reivindicación de la figura de Belarmino Tomás. Que no sea un aséptico tratado equidistante no resta valor histórico a una obra que se muestra sincera desde el inicio y que, además, está nutridamente documentada. La virtud se halla, precisamente, en esa honestidad, en la conjugación de la toma declarada de posición y el rigor histórico.

El libro sigue, siempre a través de testimonios o fuentes históricas, un cierto hilo cronológico. En boca de Belarmino Tomás se cuenta la toma de los cuarteles y el ambiente de la cuenca en los días consecutivos en los que «sólo entusiasmo de los nuestros delataba anormalidad. La vida seguía el cauce de siempre y el vecindario no sufrió molestias porque el Comité se cuidó de organizar los servicios […] los prisioneros no se diferenciaban de los heridos nuestros. Las familias a las que el pueblo tenía fichadas por su derechismo sectario no sufrieron ni el menor daño. Esto, ni más ni menos, fue lo ocurrido en Langreo».

Desde mi punto de vista, uno de los elementos centrales de los que se ocupa es la represión que se desató tras la derrota de los mineros revolucionarios. Se proponen, además, voces plurales que dibujan un cuadro desmitificador del terror revolucionario y que, por contra, muestran a los humanos entre las fieras:

El día 13 estuve en Oviedo. Atravesé el barrio de San Esteban de las Cruces. Pasé sobre los escombros de las casas quemadas y entré, apartando cadáveres, en varias casas vacías. Estuve también en el cementerio. Había allí una fila de trece individuos amarrados por las manos y pasados a machete; entre ellos un muchacho de trece o catorce años. En San Lázaro, más cadáveres, más escombros. Mi dignidad de varón se sublevó en presencia del cuerpo de una joven, como de dieciocho años, que tenía los dos brazos cortados y las faldas levantadas sobre el rostro. Después de lo de Villafría, todavía cabía más espanto. Junto a una fuente otro montón de cadáveres. Viejos, mujeres, niños. Una orgía de barbarie con sangre española.

Al mencionado barrio de Villafría, por lo escalofriante y especial de los sucesos que allí tuvieron lugar, dedica un capítulo aparte. Nacho Vegas entrevista a la historiadora Arantza Margolles, coautora del libro Villafría: luz en la memoria, publicado en 2012 y que tras una exhaustiva investigación aclaró definitivamente unos hechos que pasaron en la oscuridad la mayor parte del siglo XX. «Asesinaron a familias prácticamente enteras», relata la historiadora.

Entre las otras voces a las que me referí anteriormente se encuentra la del periodista Josep Pla, que, crítico con el movimiento revolucionario en sus crónicas y lejano a la ideología que lo sustentaba, reconocía: «las personas civiles opusieron una resistencia nula. Las más significadas fueron hechas prisioneras, y en general bien tratadas. Se cometieron algunos actos siniestros contra sacerdotes: pocos casos. El rector de Mieres, señor Hermógenes, a quien la prensa de Madrid ha degollado varias veces, está fresco como una rosa en medio de las montañas. Las monjas han sido respetadas».

Completan el Cuaderno una entrevista a la hermana de Aída de la Fuente, extraída de un trabajo del mismo director del año 2004; la intervención del historiador Benjamín Gutiérrez que, desde el edificio histórico de la Universidad de Oviedo, explica su destrucción; y, también, algunas narraciones más del propio Belarmino sobre su negociación de tú a tú con el general López Ochoa y la transmisión de lo dispuesto a los revolucionarios que, derrotados, lo escucharon en el Ayuntamiento de Sama de Langreo.

Me parece necesario detenerme en la exposición que Bande selecciona, supongo que deliberadamente, de las condiciones de vida de los mineros sublevados. A través de estos textos y de las imágenes y la comparación de las mismas es posible hacernos una idea de la dureza vital que sufría la clase obrera asturiana en aquellos años. La cara lavada, afeitada y cuidada que López Ochoa presenta en una de las fotografías incluidas contrasta con la piel desgastada y sucia, con los gestos y con las ropas de las diversas imágenes de los mineros. La crónica de José Quílez Vicente resulta reveladora: «he abandonado mis ropas para embutirme en las prendas azules de los trabajadores de la ciudad negra». Proseguía contando que

durante siete días he picado carbón en el infierno de las minas. Lector: no sientas nunca la curiosidad de bajar a estos dantescos lugares, donde, a mas de doscientos metros de profundidad verdaderas cataratas de agua y nubes de polvo negro envuelven a millares de hombres que son fantasmas de aquelarre […] se oye el sordo rumor de las bombas que llevan el aire a las galerías, el aviso de los ayudantes que señalan la presencia del grisú que inflama las lámparas, las tonadas de los picadores que quieren olvidar su triste y angustioso paso por la vida y el chapotear de las bestias caminando en la densa oscuridad.

El libro ofrece, en conclusión, una colección amplia y documentada de fuentes históricas e interpretaciones que, de una forma sumamente original, explica —y reivindica— con perspectiva de clase la última revolución proletaria de Occidente. A mi juicio, una de las claves para la interpretación del periodo, más allá de la clásica idea del contraste entre la democracia y la dictadura. El conflicto social que atravesó aquellos años es imprescindible para su valoración y explicación. Como recoge Bande en un poema de Bertolt Brecht, «decidimos que de aquí en adelante vamos a temer más/ a la mala vida que a la muerte». Y eso hicieron los mineros asturianos aquel lejano octubre de 1934.


Cuaderno de la Revolución
Ramón Lluis Bande
Pez de Plata, 2019
218 páginas
18,90€


Alejandro Roxán (Cangues d’Onís, 1994) es graduado en historia por la Universidad de Oviedo y máster en historia social y análisis sociocultural por la misma Universidad. Es miembro de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica y colabora en el diario El Comercio.

1 comment on “La Revolución de las ciudades negras

  1. Excelente artículo. Como lego pero aficionado a la historia le agradezco la perspectiva de su análisis.

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