Crónicas ausetanas

La montaña de Tor, entre el drama rural y el conflicto comunal

Xavier Tornafoch escribe sobre el morbosamente llamado 'Puerto Hurraco catalán' y lo que el tratamiento periodístico del caso revela acerca de los tópicos crueles en torno al medio rural.

Crónicas ausetanas

La montaña de Tor, entre el drama rural y el conflicto comunal

/por Xavier Tornafoch/

Hace unos cuantos años saltó a los periódicos de toda España el brutal asesinato de Josep Maria Montané, Sansa, único propietario de la montaña de Tor, una pedanía de Alins, un pequeño municipio de la comarca de Pallars Sobirà (Catalunya), muy cerca de la frontera con Andorra. Los acusados de haber cometido el crimen, dos excontrabandistas, fueron primero condenados y después absueltos por la Audiencia de Lleida. La atención desmesurada que la prensa dispensó a este acontecimiento forma parte de la fijación que acostumbra a mostrar por el escándalo, sobre todo si hay sangre de por medio. Algunos se apresuraron a hablar del «Puerto Hurraco catalán», en referencia a la riña familiar en ese pueblo extremeño que acabó en un baño de sangre. Sin embargo, un reportaje emitido en la televisión pública catalana en 1997, seguido de un libro del periodista Carles Porta, detalló de forma rigurosa el substrato de este conflicto entre familias, situado en la gestión de una antigua propiedad comunal, la montaña de Tor.

En realidad, el conflicto de Tor tiene su origen en el ya lejano 1896, momento en que se constituyó ante notario la sociedad de copropietarios de la montaña, gracias al nuevo código civil español. Los estatutos de la sociedad indicaban que para poder formar parte de ella era necesario residir todo el año en la población. Este requisito se demostró difícil de cumplir cuando la emigración empezó a hacer mella en los pueblos del Alto Pirineo catalán. A mediados del siglo XX, casi nadie podía vivir permanentemente en ellos. Según explica Carles Porta, las disputas por la propiedad de la montaña empezaron en ese momento y fueron sus protagonistas dos de los herederos de las mejores masies de Tor: Sansa y Jordi Riba, Palanca.

La lucha por la apropiación de la montaña tendrá dos episodios luctuosos que marcarán el conflicto. En primer lugar, un enfrentamiento entre maquis y guardia civil en 1944, cuando cuatro de las casas son incendiadas y sus propietarios se ven obligados a marchar del lugar, circunstancia que el resto de socios del condominio aprovecharán para sustraer los derechos de las familias afectadas. El segundo tiene como protagonista a un promotor inmobiliario de Andorra, Rubén Castañer, que arrendó la montaña a la sociedad con el beneplácito de dos de los propietarios, uno de ellos el tal Sansa, prescindiendo estos de la opinión del resto de socios. Estos, bajo la dirección de Palanca, constituyeron una nueva junta de propietarios que se apresuró a arrendar la montaña a una empresa maderera para que la explotara. Así pues, un único condominio fue arrendado a dos empresas diferentes para usos diferentes, e incluso contradictorios, ya que el promotor quería dedicar los terrenos a una estación de esquí, mientras que la empresa maderera tenía la intención de explotar los bosques. Se formaron dos bandos que se retaron públicamente a menudo, hasta que en 1980 los guardaespaldas del promotor andorrano mataron a tiros a dos hombres de confianza de Palanca. El último episodio del serial concluyó con el hallazgo del cadáver de Sansa, con signos de haber perecido de forma violenta.

En general, la manera en que los medios han tratado estos episodios relacionados con los sucesos de Tor, excepción hecha de los documentos de Carles Porta, tienen mucho que ver con el drama rural, es decir, la visión un tanto simplista de la España no urbana, a la que a menudo se coloca el sambenito de brutal, violenta y atrasada. También ha sucedido lo mismo con el caso Puerto Hurraco o con el caso Fago. Sin embargo, se ha obviado, por lo menos en el tema de Tor, la función histórica de las tierras comunales, que fueron durante siglos una buena parte del sustento de las familias campesinas, que obtenían de ellas caza y leña, principalmente. Esto fue así desde el Antiguo Régimen, pero a medida que el capitalismo se introducía en el campo español —y lo hizo de forma más lenta y dispersa que en las zonas urbanas—, esas viejas solidaridades se fueron rompiendo y la pugna por la apropiación individual, cuando no la simple expropiación, generó conflictos donde antes había cooperación. El conflicto de clases se trasladó entonces de las jurisdicciones señoriales a las pugnas entre los campesinos desposeídos y los que tenían tierras y medios suficientes de subsistencia, a lo que habría que añadir una cierta deriva mafiosa en algunas latitudes, que fue perfectamente estudiada por Eric Hobbswam. En el caso de Tor, este sesgo antisocial estaba relacionado con la cuestión del contrabando, favorecido por la cercanía de la frontera andorrana, que utiliza el paso de Cabús para entrar o sacar mercancías del coprincipado pirinaico. Así pues, controlar estos pasos permite generar unos ingresos económicos para unas economías domésticas que no pueden contar con los beneficios que aportaban las tierras comunales.

Por lo tanto, presentar los enfrentamientos en esta población de la alta montaña catalana únicamente desde una vertiente morbosa es, en cierta manera, una forma parcial y un tanto cínica de abordar la cuestión. Detrás de los tiros de Tor estaba, también, la destrucción de sistemas de vida y de sociabilidad que la versión española del capitalismo destruyó por completo, circunstancia que debería tenerse en cuenta, al margen de las características personales, psicológicas, o psicopatológicas, de algunos de los protagonistas de los sucesos, y que son descritas con profusión de datos por Carles Porta en su libro Tor, tretze cases i tres morts («Tor, trece casas y tres muertos»). De alguna manera, los sucesos de Tor, más que un epifenómeno de una Cataluña casposa y anticuada, evidencian los efectos secundarios de la modernidad; de una sociedad que se autoproclama liberal y avanzada.


Xavier Tornafoch i Yuste (Gironella [Cataluña], 1965) es historiador y profesor de la Universidad de Vic. Se doctoró en la Universidad Autónoma de Barcelona en 2003 con una tesis dirigida por el doctor Jordi Figuerola: Política, eleccions i caciquisme a Vic (1900-1931) Es autor de diversos trabajos sobre historia política e historia de la educacción y biografías, así como de diversos artículos publicados en revistas de ámbito internacional, nacional y comarcal como History of Education and Children’s LiteratureRevista de Historia ActualHistoria Actual On LineL’AvençAusaDovellaL’Erol o El Vilatà. También ha publicado novelas y libros de cuentos. Además, milita en Iniciativa de Catalunya-Verds desde 1989 y fue edil del Ayuntamiento de Vic entre 2003 y 2015.

2 comments on “La montaña de Tor, entre el drama rural y el conflicto comunal

  1. Pau Comes Sole

    Jordi Riba, El Palanca hace pocos días que ha muerto. En los periódicos de Lleida se ha escrito una nota necrológica. Porta escribió una novela negra sobre Tor. Yo diría que buena en todo caso, me gustó, pero no es un fiel retrato ni de Palanca ni de su primo .Sansa, Para entender la problemática de Tor no hace falta citar a Eric Hobbswam, hay otros libros sobre Tor. la Vall Ferrera y Andorra, tierras cercanas con las que comparten un ecosistema similar y prácticamente todos los linajes des de el siglo XI. Por cierto, El Greuges y Rancúnies del senyor de Caboet que es considerado uno de los primeros texto en catalán ya tiene como protagonistas personas vinculadas a Tor.

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