Cuadernos tragicómicos

Hablemos de tiburones

Un artículo de Iván Álvarez, blanco, didáctico y para toda la familia, sobre los reyes del mar, «bichos fascinantes» donde los haya.

/ Cuadernos tragicómicos / Iván Álvarez /

Todos los artículos tragicómicos previos tenían un claro carácter político. Artículos para meterse con los celtistas, contra los convencidos de que España es un país turbocentralista, los liberales, etcétera. Son artículos para meterle el dedo en el ojo políticamente a la gente, para provocar y para que den vueltas a sus ideas. De paso me sirven para ordenar y reformular las propias. Escogí el nombre de Cuadernos tragicómicos para mi columna ya que apunto mis ideas y ocurrencias en unos cuadernos cutres antes de desarrollarlas en el ordenador, además de que trato de dar respuesta, de manera cómica y satírica, a argumentarios y formas de pensar que considero trágicas, ya que se traducen a menudo en sucesos y discursos lamentables y peligrosos.

Pero hoy no quería meterle el dedo en el ojo a nadie, aquí voy a ser muy respetuoso y didáctico. Como recientemente he leído un librito infantil sobre tiburones he decidido compartir con todos mis lectores los conocimientos que he adquirido leyendo sobre estos fascinantes peces. Los tiburones no son animales poco comunes precisamente, los hay en todos los climas y en todas las latitudes, como los nazis, que hay hasta en Perú. ¿Te imaginas ser nazi y peruano? Es como llenar un frasquito de colonia con mierda, son conceptos que no casan demasiado bien. Al igual que los nazis, los tiburones también tiene muy mala fama, pero, al contrario que esos pedazos de basura con forma humanoide, en el caso de los tiburones es algo completamente injustificado.

Muere muy poca gente al año por ataques de tiburón, se pueden contar con los dedos de las manos. Los que sí que matan son los mosquitos, o mejor dicho las mosquitas, que son las que pican. Y no es que solo maten, imagina cuántos despidos han provocado por no dejar dormir a un currela que tenía que madrugar para ir a trabajar. Pero no nos desviemos: cabe destacar que este odio o miedo hacia los tiburones se debe a películas como las pertenecientes a las sagas de Tiburón o Deep Blue Sea. Sin embargo, que no haya demasiados incidentes por ataques de tiburón no significa que no sean potencialmente peligrosos. Un tiburón gran blanco puede ejercer una presión de 140 kg/cm² con su mandíbula protráctil, como un colaborador de El Chiringuito un sábado noche.

Robert Shaw (al fondo) y Roy Scheider (primer plano) en el rodaje de Tiburón (1975)

Es fascinante la gran variedad de especies de tiburones que hay, de todos los tamaños, formas y colores. Centenares de especies conocidas a lo largo de todos nuestros océanos. Me gustan los denominados filtradores, gigantes inofensivos como el tiburón ballena o el tiburón peregrino, que abren la bocona absorbiendo grandes cantidades de agua que filtran por sus estructuras branquiales, y se quedan con el plancton y pequeños pececillos. También, están los que tienen la cabeza como el alerón frontal de un Fórmula 1, los tiburones martillo o cornudas, que curiosamente son muy gregarios, formando densos bancos de centenares de ejemplares con fines erótico-festivos. También los hay pequeños, como el tiburón pigmeo, que es del tamaño de una trucha; me parece algo muy pero que muy llamativo, tanto como un policía secreta, que lo único secreto es cómo consiguen dar tanto el cante. Sin embargo, mi favorito es el tiburón zorro, que tiene una aleta caudal (la de la cola) larguísima, que emplea para atizar los bancos de peces; es decir, antes de comerte te pega una hostia que te viste de torero.

Si el tiburón duende fuera una persona sin duda diría que la belleza está en el interior

A nivel fisiológico los tiburones son muy curiosos. Como tantos otros peces, tienen la sangre a la misma temperatura del agua. Cuando esta sube, están activos y nadan más rápido. Y cuando la temperatura baja, se vuelven perezosos. Sin embargo, algunos tiburones cazadores tienen la capacidad de calentar su propia sangre con una red especial de vasos sanguíneos, por lo que podrían nadar más rápido en aguas frías. Como tú, que te tomas un copazo, te calientas y te ves con más posibilidades. Solo que a ti no te funciona y cazas incluso menos. Además, tienen hígados enormes y cargados de aceites que facilitan la flotación. En ese mismo órgano pueden almacenar gran cantidad de energía, por lo que pueden pasar mucho tiempo sin comer. Si un tiburón puede pasarse semanas sin comer, tú puedes aguantar una tarde sin asaltar la nevera. Ánimo. Curiosamente su piel no está compuesta por escamas, sino por dentículos de esmalte, por lo que están técnicamente blindados, duros como la cara de un concejal de urbanismo de la Comunidad de Madrid.

Es increíble lo afinados que tienen determinados sentidos, como el olfato, pudiendo oler alimento a grandes distancias. Un tiburón de Port Jackson, por ejemplo, puede detectar olores casi imperceptibles, ya que se alimenta de animales que se esconde en la arena. Así que atiende, insensato: cuando meas en el agua de la playa, por mucho que te alejes de los demás bañistas, es probable que le estés amargando la tarde a algún bicho. ¿Maltratarías a tu perro? No, pues no te quejes cuando un marrajo te muerda un pie, puede que te hayas tirado un pedo mientras él comía. Merecidísimo. Además, no solo tienen buen olfato, sino que pueden detectar vibraciones en el agua, así como también campos eléctricos que generan otros peces al moverse. Esto último gracias a las ampollas de Lorenzini que tienen en el morro. Estos agudos sentidos complementan unos ojos que, si bien están adaptados a ambientes con poca luz, no les sirven para ver lo que tienen delante.

«Mentalidad de tiburón toro»

Ahora, para concluir, podemos hacer una relación de datos aleatorios sobre tiburones y distintas especies. Un tiburón peregrino puede hacer pasar 20000 litros de agua por sus branquias en una hora, pero hay que tener en cuenta que es un tiburón enorme que mide como una persona adulta cuando nace. Algunos tiburones, como los pejegatos, pueden pasar un año entero sin probar bocado, como un Ramadán a lo bestia. También me parece increíble que las mielgas pueden llegar a vivir más de 100 años, cuando la esperanza de vida de los tiburones suele rondar los 25. Además, para ciertos tiburones la lucha por sobrevivir comienza incluso en el vientre materno; en algunas especies, como los peregrinos o los tiburones toro, el embrión de mayor tamaño se come a sus hermanos en la cámara uterina.

En fin, unos bichos fascinantes estos tiburones. Espero que este artículo deje patente lo didáctico que puedo llegar a ser.


Iván Álvarez es historiador, licenciado por la Universidad de Oviedo.

Acerca de El Cuaderno

Desde El Cuaderno se atiende al más amplio abanico de propuestas culturales (literatura, géneros de no ficción, artes plásticas, fotografía, música, cine, teatro, cómic), combinado la cobertura del ámbito asturiano con la del universal, tanto hispánico como de otras culturas: un planteamiento ecléctico atento a la calidad y por encima de las tendencias estéticas.

1 comment on “Hablemos de tiburones

  1. Roberto

    Lo de mentalidad de tiburón toro casi me mata… Sublime. Bravísimo.

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