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Matar las ideas

Natalia Robles se estrena como colaboradora de EL CUADERNO escribiendo sobre la perpetuación. en democracia, de la censura franquista.

/ por Natalia Robles Mures /

Siempre que un hombre le pega a otro hombre
No es al cuerpo al que le quiere dar
En ese puño va el odio a una idea
Que lo agrede, que lo hace cambiar.

Nunca he creído que alguien me odia, de Silvio Rodríguez

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«¡Camarada! Tienes obligación de perseguir al judaísmo, a la masonería, al marxismo y al separatismo. Destruye y quema sus periódicos, sus libros, sus revistas, sus propagandas. ¡Camarada! ¡Por Dios y por la patria! ¡Arriba España!»

Hoja de combate de la FE de las JONS, impreso en Pamplona, 1 de agosto de 1936

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Uno de los episodios menos estudiados en lo que se refiere a lo acontecido durante la mal llamada guerra civil española fue el de la quema de libros y documentos escritos que según los golpistas reproducían los valores de los anti-España. Según advierte Ana Martínez Rus en su artículo «No solo hubo censura: la destrucción y depuración de libros en España (1936-1948)» (Universidad Complutense de Madrid, diciembre de 2017), el historiador Francisco Espinosa escribía en 2009 que «la historia de la destrucción de bibliotecas por el fascismo español está por hacer». La censura durante la guerra y el franquismo, fue implacable. Su afán por hacer desaparecer las ideas y los cambios progresistas instaurados durante la Segunda República no tuvo ningún tipo de filtro y se hacía siguiendo el ejemplo de los regímenes fascistas alemán e italiano. Era fundamental eliminar cualquier elemento que constituyera peligro contra el pretendido nuevo estado de cosas.

La herencia del franquismo continuó más allá de las fechas de su desarrollo. La transición al liberalismo con avance en cuanto a democracia representativa en España también supuso una época convulsa en la que actuó la llamada poscensura. La poscensura ejercida en la Transición tuvo episodios muy ilustrativos en muchos ámbitos de la expresión artística. En el ámbito del cine documental nos encontramos muchos ejemplos de ello, tal y como nos muestra Alejandro Alvarado en su tesis doctoral (La poscensura en el cine documental durante la transición española: los casos de El proceso de Burgos [1979], Rocío [1980] y Después de… [1981]). Especialmente significativo es el caso del documental Rocío, de Fernando Ruiz Vergara, que para muchos ha sido inevitable recordar en estos días. Sobre este documental aún pesa una sentencia condenatoria de un delito de injurias graves contra José María Reales, al que se señalaba en la cinta (con cierto disimulo) como responsable de la desaparición de unas cien personas del pueblo de Almonte. Se condenó al director del documental, pero no importó qué pasó con aquellas personas eliminadas. Con la condena también se castigó a la libertad de expresión, uno de cuyos valores fundamentales es el intento de descubrir la verdad. La verdad es el relato de la continuidad de que el desarrollo de la economía y el poder descansa en las mismas manos de siempre. El Estado, la Iglesia y el mercado se alinean para protegerse. Esta es la verdad que se oculta.

Las concesiones hechas para conseguir una adaptación del Estado a los nuevos tiempos supusieron que las instituciones e incluso personas vinculadas al Antiguo Régimen siguieran estando en el mismo lugar. Se legisló la amnistía de los presos y la de los que atentaron contra los derechos humanos. Hubo imposición de olvido de los desastres del fascismo a la parte represaliada, mientras que, por ejemplo, el poder judicial no tuvo transición alguna y en el ámbito de la política había personas que se habían formado y seguían ejerciendo desde los planteamientos del franquismo. Por supuesto, el asentamiento de las ideas del nacionalcatolicismo entre el pueblo también ejerció como elemento continuista. Y es que lo de la censura no es solo cuestión de prohibición rotunda señaladora de delitos. La censura vive en nosotras como parte de una construcción cultural en la que la moral y los intereses del inmovilismo se aúnan. La ausencia del pensamiento crítico es el ámbito en el que se consolida el PSOE como herramienta más certera para el asentamiento del estado de cosas. Dice Sun Tzu que «el arte de la guerra se basa en el engaño», pero no es la mentira lo que nos hace no hacer. Es el reflejo condicionado. «La mentira afecta al conocimiento, el reflejo condicionado afecta a la capacidad de pensar. No es lo mismo estar desinformado que haber perdido la capacidad de pensar». No sufrimos por la mentira en sí. Sufrimos el hecho de no tener capacidad de negar esa mentira, esa información que se nos ofrece sobre la historia basada en parámetros determinados.

En la actualidad vemos reflejo de estas cuestiones. Hay continuidad en las ideas porque casi no se cuestionaron. Además, el intento de avance surgido a partir del 15-M ha desatado una reacción totalmente legítima para sus actores. Y esta surge en parte porque nunca se puso freno a aquellas ideas de la dictadura. La ola desatada por el partido retrógrado es espeluznante. La adaptación del otro partido descendiente de Alianza Popular al discurso de los retrógrados es alarmante aunque no extraña. Mientras ellos insisten sin miedo alguno en la ilegalización de determinados partidos políticos, por parte de la izquierda ni se plantea que la única ilegalización tendría que haber sido la de los descendientes del golpe de Estado del treinta y seis. Que no debería ser legal ni legítimo el retroceso que hemos sufrido en pro del mercado y el sustento de la nobleza rancia de España; aquella nobleza que en muchos ámbitos asume papel de burguesía limitando en este país hasta el avance aquel por ruptura interesada entre estos y aquellos.

Ha de acabarse con la asunción del olvido y el ejercicio del perdón de parte de los represaliados en aquel golpe de estado. Y ha de hacerse porque lo contrario no solo no permite avance y frena, sino que implica retroceso. Y se van sucediendo los avisos por parte de los interesados en mantener aquella moral. Hay presidentas de comunidades autónomas hablando de depuración bibliográfica al igual que hizo aquel ejército de sublevados. Tenemos a sectores del ejército recibiendo bendiciones de la Iglesia en lugares sagrados del franquismo que siguen luciendo su simbolismo destructor, erigidos sobre el odio y el exterminio de ideas. Tenemos censura de la proyección del documental El bando que solo buscaba la libertad, de Isabel Ginés y Carlos Gonga, por miedo a ataques de la derecha. Seguimos teniendo obispos dando sermones políticos en fiestas de gran afluencia popular (defendidas por cierta izquierda desde un punto de vista antropológico sin ningún tipo de filtro en busca de una identidad nacional que no vale si no se condenan las vinculaciones políticas que tienen esas manifestaciones). Y todo esto mientras siguen excavándose fosas comunes como la de Pico Reja en el cementerio de San Fernando de Sevilla, en la que se han encontrado más de 5400 cuerpos, muchos de los cuales aparecen asesinados de forma violenta. Esto no son hechos aislados: todo responde a lo mismo.

Y como respuesta a todo, izquierda desmembrada con defensa de identidad de nación por encima de otras y, en consecuencia de esto, pérdidas en torno a cobertura social de derechos que no sabemos cómo ni cuándo ni si vamos a recuperar. Porque al final la traducción más nociva de eso de intentar matar ideas, es recorte de derechos para los más y consolidación de privilegios para los menos. Antiquísimo y repetidísimo todo. Matanza de ideas para consolidar privilegios.


Natalia Robles Mures, oriunda de Conil de la Frontera, donde ha sido delegada de Cultura, es licenciada en historia del arte, máster de formación para el profesorado y titulada en canto lírico. Colaboró durante algunos años con la revista digital El Tercer Puente.

1 comment on “Matar las ideas

  1. Totalmente de acuerdo con todo el contenido de su artículo. Se trata del sempiterno drama gatopardesco, del que desgraciadamente seguimos teniendo ejemplos a diario. Baste ver los recientes fastos mas propios de otra época en los que solo faltaba ver a «mandatarios y mandatarias» bajo palio.

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