Poéticas

‘Bondo’ o los pájaros bajo los aleros de Menna Elfyn

Se publica en Trea un nuevo poemario en castellano de Menna Elfyn, una de las grandes de la literatura galesa contemporánea.

Menna Elfyn es uno de los mayores exponentes de la literatura contemporánea en lengua galesa. Ha escrito poesía, obras de teatro, libretos de ópera, novelas infantiles y, junto con John Rowlands, la antología The Bloodaxe Book of Modern Welsh Poetry (2003). Tras la publicación de Mancha perfecta (2011) —y también en versión de la poeta vasca Eli Tolaretxipi—, se publica ahora otra de sus obras más recientes, Bondo, palabra que significa «alero» en galés, lengua en la que, asimismo, a los pájaros conocidos como «aviones comunes» (delichon urbicum) se les denomina gwenoliaid y bondo. En este libro hay pájaros propios de la literatura medieval galesa, como los de Rhiannon y el cuco de Abercuawg; y también elementos que se desarrollan en poemas seriados o solos donde se sigue aludiendo a los lazos y a las conexiones entre diferentes lenguas y culturas y entre distintas latitudes del mundo, donde subyace también la poesía, el sentido de la poesía ahogada por esa misma humanidad, esa misma civilización. Bajo los aleros que dan título al libro, los humanos conversan o se preservan de la lluvia, y los pájaros descansan de sus migraciones o anidan; los aleros son también el hogar del que alguna vez se parte; crean un espacio donde los pájaros se acicalan, enseñan sus lecciones unos a otros, crean lazos entre los distintos. Seguidamente ofrecemos la introducción que su traductora, Eli Tolaretxipi, hace a Bondo y el poema «Elegía de las lenguas».

Menna Elfyn, fotografiada por Morella Muñoz Tébar

El pescador

A la mujer le distrae la belleza del camino. Está tan exultante que pedalea y pedalea sin fijarse en las marcas (Emily Dickinson: «Exultation is the going of an inland soul to sea»). Su deseo es llegar a L. A veces se baja de la bicicleta porque ya no puede con algunas cuestas; recuerda una curva hacia abajo, los anillos de la espiral de un caracol, espirales en el moño de una mujer, los nudos de carretera que se atan y desatan, como esos que bajan o suben los ciclistas en algún côl del Tour de France, pero no reconoce el camino de regreso. Hay un hombre al borde de la carretera junto a una casa, a punto de meterse en una camioneta con remolque, donde se apilan troncos y tablones. La mujer le hace señas y le pregunta por la dirección hacia T. El hombre le dice que T queda lejos y que no va en la dirección correcta, y cuando está a punto de dibujarle un mapa, le sugiere montar la bici en el remolque y llevarla a un cruce de caminos desde el que pueda seguir pedaleando sola. El pescador le pregunta medio en broma si está en Gales por el clima y la mujer le contesta que, entre otras cosas, pasará una temporada allí traduciendo un libro de Menna Elfyn. El hombre se emociona y dice que la conoce, que fue su profesora en el instituto: «Seguro que se acuerda de Micky Beeches». Y deletrea su apellido. «Seguro que se acuerda de los hermanos Beeches». La traductora al fin reconoce el cruce, la capilla y el camping, los tractores y las vacas que siguen pastando en la tarde, le da las gracias y se despide de él.

La foca

La playa de L está cerrada porque hay una foca bebé esperando a su madre. Prohibido acercarse a ella. La mujer ni siquiera se atreve a tomar una foto de esa mancha blanca que es el cachorro. Como en muchas otras playas del oeste de Gales, el mismo cartel con el dibujo de una foca feliz que dice: «Gadewch lonydd imi, dwi’n iawn!». Es decir, déjenme en paz, estoy bien.

Menna Elfyn, como las focas de la bahía de Cardigan, está bien, y le gusta que la dejen en paz; como la foca, es popular, querida, reconocida, pero le gusta ir a su aire, estar en paz, porque el silencio, la distancia y el ensimismamiento, los necesita para escribir. Si hay una foca, la playa se cierra y búsquese usted otro pasatiempo, porque si la playa siguiera abierta la foca no sabría qué hacer con la mirada de usted, tan curiosa, amorosa, inquisidora, agobiante. Y como los focos le molestan, como Silvina Ocampo, nuestra poeta lleva gafas de sol incluso dentro de la casa.

Bondo

Bondo es el cuarto libro de ella que traduzco, tras El ángel de la celda, Mancha perfecta y Murmurioak, traducido al euskera junto con Arantza Fernández Iglesias. Incluye Bondo distintos elementos en su título: la palabra bondo significa «alero» en galés; puede sonar en inglés a lazos y vínculos, y a su vez, es una lengua en extinción del nordeste de la India, donde Menna Elfyn pasó una temporada. Además, en lengua galesa a los aviones comunes (delichon urbicum) se les llama «gwenoliaid y bondo». En el libro hay pájaros propios de la literatura medieval galesa, como los de Rhiannon y el cuco de Abercuawg; y también elementos que se desarrollan en poemas seriados o en poemas solos donde se sigue aludiendo a los lazos y a las conexiones, entre diferentes lenguas y culturas y entre distintas latitudes del mundo, donde subyace también la poesía, el sentido de la poesía ahogada por esa misma humanidad, esa misma civilización.

Así dice en uno de los poemas de la larga serie «Elegía a las lenguas»:

Y no hay nada que hacer.
Si el mar se está muriendo
¿cómo vamos a solucionar eso?
¿Es el mercurio que hay en él
lo que ha vuelto al mundo tan estúpido?
¿O ha sido la electricidad estática que se queda para siempre en la cabeza?
¿O son los drones y toda esa basura digital
o el ruido blanco lo que está ahogando la poesía de la tierra?

Mundo y lenguas al borde de la desaparición, animales en peligro de extinción como el pez manta de las Maldivas, y todo ello dentro de Marwnad, una forma tradicional elegíaca galesa, que tiene un sesgo de rumor o de chisme.

Bajo los aleros que dan título al libro, los humanos conversan o se preservan de la lluvia, y los pájaros descansan de sus migraciones o anidan; los aleros son también el hogar del que alguna vez se parte; crean un espacio donde los pájaros se acicalan, enseñan sus lecciones unos a otros, crean lazos entre los distintos. Esta diversidad le interesa a Menna Elfyn, abarcarla sin tocarla; como Samuel Beckett, entenderla sin juzgarla, porque esas sutilezas, esos matices son los que le dan sentido al mundo y lo enriquecen: niwlo, neblina, misting, lanbro, parecido fenómeno expresado en una Babel de lenguas grandes y pequeñas. Como xirimiri o lan da lan o nebbish, palabras y expresiones tomadas prestadas de autores en otros idiomas con los que la poeta ha tenido contacto y de las que se nutre. No deja de ser curiosa su teoría acerca de la variedad lingüística del planeta; teoría que más parece proceder de Centroamérica que del Oriente. Pero ¿dónde estaban Las Indias? En la Torre de Babel había un colibrí que mudó sus plumas y ellas fueron las lenguas que se esparcieron por el mundo.

A Menna Elfyn también le preocupa la medida de nuestra percepción individual, nuestro azimut, ver el mundo desde la pequeñez de uno, desde el retraimiento y el aislamiento propio del poeta, tal y como se muestra en Pacificador, y por otro lado, sentirse parte del redil, es decir, de una comunidad cercana, unida y más o menos cerrada (Gales) en conflicto con otra comunidad más grande (Inglaterra, como metonimia del Reino Unido), pero esto es mucho más complicado de lo que parece y ella lo sabe, porque también en sus textos hay cabida para la disidencia. Su compromiso es fundamentalmente, con la poesía.

Cabría destacar el inconformismo de Menna, político y religioso (es hija de un pastor protestante de la iglesia no conformista de Gales), del que procederían sus habituales referencias a pasajes de la Biblia, así como la insistencia en la incertidumbre y sus meditaciones sobre la identidad y la pertenencia. Eso es Bondo: el alero, el cobijo, la protección frente a la vulnerabilidad y la precariedad; vivir a salvo bajo los aleros de la lengua, dice Elfyn en este libro, cobijada y cobijando esa lengua por la que lleva trabajando desde los quince años, cuando se unió al movimiento por los derechos lingüísticos de Gales. Estuvo en prisión en varias ocasiones por participar en campañas dirigidas contra la BBC para la difusión de programas en lengua galesa. Desde la carretera se ve la alta torre de repetición de señal televisiva que su marido Wynfford escaló dutante una de las tantas protestas en las que participaron juntos desde los años sesenta.

En otras partes de la obra, como en la larga serie titulada Aberfan, Menna Elfyn es el bardo galés en su papel de remembrancer: el que recuerda sucesos históricos o legendarios, heroicos y no tanto; el depósito y la expresión de la memoria del pueblo. ¿Qué se recuerda en Bondo? Entre otros, está el trágico suceso acaecido en la localidad minera de Aberfan en 1966. Más de un centenar de niños muertos junto a sus profesores. Miro algunas fotografías de los diarios de la época, y me llama la atención la foto del reloj de una clase del colegio, detenido a la hora en la que se produjo la avalancha de barro y polvo de carbón procedente de una montaña de escombros. Pero Elfyn no utilizará esa imagen tópica y escribirá el homenaje a su manera. Aludirá a las medidas de los trajes de los niños que no van a crecer más; al panadero que amasa el pan para los miembros de los equipos de rescate que, con palas, retiran el lodo para recuperar cadáveres; a una madre que airea la ropa; o a un grupo de turistas de excursión muchos años después, en ese Mystery Tour que, a diferencia del de los Beatles, no tiene nada de mágico. El abuelo de Menna Elfyn también murió en un accidente minero y ese hecho está presente en el poema «La cancela», que cierra el libro y cuyo sonido es como una premonición.

Como en otros libros de poemas suyos, hay en Bondo textos en recuerdo de escritores admirados, como es el caso de RS Thomas (publicado también por Trea) o John Rowlands, así como versiones de Hedd Wyn escritas por la propia Elfyn.

Nos la podemos figurar como mujer que camina y escribe notas, pensamientos y reflexiones a lo largo del espacio y del tiempo. Lleva años viajando, leyendo en festivales de poesía de todo el mundo y escribiendo poemas, artículos de prensa, libretos de ópera, y obras de teatro; componiendo frases, versos y párrafos en cuadernos guardados en innumerables cajas de zapatos: los baúles de los que extraerá las palabras y las ideas para componer poemas como los de este libro: narrativos unos, gnómicos o meditativos otros, casi todos inmediatos y reflexivos, en torno a cuestiones fundamentales de la vida, los sucesos del mundo y las acciones humanas. Por ejemplo, el tratamiento especial que recibe un dictador encarcelado, el gesto de un amante colocado de espaldas a su amada, apretando suavemente el cierre de un collar; el de la mujer que compra una bicicleta al inicio de la guerra de Eslovenia; o la mueca de extrañeza de la niña que no entiende la letra equis porque no existe en su lengua materna. Elfyn es ella misma en sus poemas, colocada al lado de esos otros que aparecen ahí, los que conservan los anillos de boda guardados durante años en sus cajitas, la viejita del asilo que lo ha perdido todo incluida aquella alianza o la madre del joven bardo-soldado que teje un jersey de lana.

La poeta más universal en lengua galesa, y una de las mayores exponentes de su literatura, a pesar de escribir sólo en galés, hace tiempo tomó la decisión de publicar sus libros en versión bilingüe para así llegar a más lectores. Otra prueba de su popularidad es Campaining for poetry, de Sophie Willard Van Sistine, un cómic bastante divertido que relata la parte más reivindicativa de la vida de la poeta, y que se puede ver en Internet.

La mujer sale de la casa de Menna Elfyn en Carmarthen y se fija en una placa en la pared de un edificio un tanto destartalado que parece haber albergado oficinas de algún departamento del gobierno o un antiguo almacén. En ella se recuerda lo que se conoció como The Rebecca Riots, una serie de disturbios que se produjeron en la primera mitad del siglo XIX, cuando los granjeros y los campesinos galeses se rebelaron contra unos impuestos que consideraban injustos. Los rebeldes solían disfrazarse de mujer para que los soldados tuvieran más cuidado a la hora de reprimir las protestas. Es curiosa esta nota carnavalesca, este episodio de travestismo que forma parte de la historia del pueblo galés. Los hechos están muy bien documentados y se da cuenta de ellos en casi todos los museos del país. También es curioso y aleccionador que el movimiento nacionalista de Gales no haya provocado actos violentos ni derramamiento de sangre alguno para conseguir lo mismo que en otros lugares: la oficialidad de la lengua minoritaria, un parlamento autónomo o la posibilidad de elegir una educación bilingüe o monolingüe. Gales está llena de capillas no conformistas y la mujer se pregunta si es esa la razón, si ese pacifismo disconforme y protestón que parece tan natural aquí pueda tener que ver con lo que se haya cocido en esos misteriosos tabernáculos. No hay nada cierto, pero es una posibilidad.


Elegía a las lenguas

1

Frágil, la primera
música, puras
astillas de luz
antes de llegar a ser la canción más hermosa.
Inolvidable la puesta de sol
sobre la cresta de la montaña
que engrandeció la distancia,
tu lengua, un himno
perdido en la multitud
réquiem para un mundo
que está olvidando cómo ser.

2

Lengua, una flor
que no puedo olvidar;
se escabulle como un amante
casi sin tiempo para decir
no me olvides,
pero recordar significa sólo
pétalos en el riachuelo.

Lengua, una flor
arrastrada,
pero lengua que la flor
no puede olvidar y fuera de todo
alcance, sale
de un puño en la distancia
y después una última caída
fuerza el olvido.

3

Palenque,
la lengua, «la lengua»
la verdadera palabra para lengua,
Palenque – palenge a senda teilan ngombe
Rinduse i betuaya
en esta tierra de dulces, rebaños y forraje.

No queda nadie
que pueda entenderme, dijo.
Y con su último suspiro la lengua se escapa.
Siete hermanas y siete maravillas con sus nombres
en sus labios, y la última
helándose mientras la lengua
se acerca lentamente al hielo, se deshiela en la lluvia ácida.
Pero qué es la lengua
sino un molinete de sonidos;
quejarse de ella
sólo una pataleta hasta que se calma.

«Un fósil viviente»
dicen los expertos
ruta de piedras rugosas
que nunca podrá llevarnos a donde queremos ir.

4

EN RECUERDO DE MICHAEL HARTNETT

Te despediste de la lengua inglesa
y yo también podría decirle adiós, hasta nunca
a ese viento que hace temblar
a las hojas de las lenguas
en lo alto de los árboles.

Al final, qué importa
cómo suene
dijiste, a veces el inglés
es el pecado necesario
una lengua para comprar y vender cerdos,
a veces milagrosamente clara,
exquisita.

5

Boa murió
y Bo casi pereció con ella;
sobrevivió a un tsunami trepando
famélica a su isla desierta
se sobrepuso a las juntas japonesas y a la sífilis británica.
Pasó el resto de su vida sin poder intercambiar palabras
pero el clima estaba lleno de advertencias.
Al final su casa fue una celda de prisión
donde la propia lengua
estaba confinada, su música extraviada
y la historia desviada.
Extinto ese mundo neolítico.

6

Tabasco, México,
dos hermanos, los últimos hablantes
de una lengua
que fue una vez faro
en la oscuridad que los envolvía.
Ahora el silencio es el del crudo invierno
que una vez pareció verano.

Estos dos hermanos
se perdieron el uno al otro, perdieron su lengua materna
perdieron la pertenencia y la humanidad
como se pierde la sombra del último árbol.

Dos supervivientes,
su historia, telepática
pero un tercero debe desaparecer cuando ellos partan.

7

MALDIVAS

Dicen que el pez manta
está en peligro de extinción
al igual que la lengua
un pez de aguas profundas
que evita los bajíos.

8

Fijémonos en lo que se dice
en Corintios 14.21,
que incluso la lengua del extranjero
debe elegir el amor.

9

Dicen que hubo una vez
un colibrí
con cuatrocientas plumas en sus alas
y que cada una de ellas era una lengua.
¿Fue de Babel de donde
este pájaro voló por primera vez?

10

¿Es la lengua un anhelo
un corazón que busca un alma?
No estamos sino
en la orilla de un río crecido
escuchando un hachazo
que retumba en el aire
y vuela como una libélula y se posa
como una mariposa cuando algo se reivindica.
Hoy en día, una simple conversación
podría ser ese hacha
que confunde el oído y lo llena de sinsentido,
así que estamos obligados a
mordernos la lengua.

11

NUUK, GROENLANDIA

“Groenlandia, fría, montañosa”

cantábamos en el oficio de la capilla
hace años, pero el silencio
se ha instalado sobre nuestras colinas.
Y donde antes compartíamos
la oblea de la comunión
encontramos ahora alimento
en la escarcha de nuestras lenguas.

Y no hay nada que hacer.
Si el mar se está muriendo
¿cómo vamos a solucionar eso?
¿Es el mercurio que hay en él
lo que ha vuelto al mundo tan estúpido?
¿O ha sido la electricidad estática que se queda para siempre en la cabeza?
¿O son los drones y toda esa basura digital
o el ruido blanco lo que está ahogando la poesía de la tierra?

12

Todo puede cambiar salvo la lengua que llevamos dentro, como un mundo más exclusivo y definitivo que el útero de nuestra madre.
CALVINO

Si es que la lengua
va a ser recordada
quizá deberíamos susurrarla en ese muro de Jerusalén,
o escuchar a escondidas en las almenas del corazón,
porque todos somos refugiados
antes del comienzo
del silencio inmutable.

13

El yo sólo es posible por medio del reconocimiento del otro.
LEVINAS

Viejos y jóvenes
se divertirán
cuando la abuela
le rebele a la nieta
todas las generaciones del espejo.
Un ojo mira claramente al otro
para entender
la duplicidad de la lengua.

14

KICHANG, INDIA

Entre naranjas,
cebada y arroz,
también las lenguas florecieron:
Aka, Kiro, Miji, Bondo.
Pero ahora, sus palabras
se recolectan sólo por medio de grabadoras de casete,
aunque este tipo de aparato
puede que también desaparezca.

15

En público los políticos hablan
en inglés, claro, porque el galés, al parecer,
es una lengua privada,
una lengua de puertas adentro,
un cerrojo frente al resto de la lengua del mundo,
la lengua de la granja,
una lengua sin importancia
la lengua de los niños
que juegan en el barro.

Por esto mismo, hijo,
vamos a amar las estrechas calles
del barrio, donde cada paso que demos
tendrá el olor de la reina de los prados
porque los jardineros serán siempre guardianes.
Deberíamos salir a pasear
y averiguar qué pájaros están en peligro de extinción,
el caprimúlgido, el culiblanco,
y aprender a dar el aviso
como el pito real

bajito, bajito
antes de regresar
y susurrar con cuidado
que cada murmullo que emitimos
es un júbilo silencioso;
escucharemos a los pájaros
cantando nuestra mitología
mientras los cucos de Abercauwg
cantan hasta el fin del mundo.

Nota de la Autora: Abercuauwg es un lugar mencionado en un poema galés del siglo IX y que significa pérdida y anhelo.


Bondo
Menna Elfyn
Trea, 2022
160 páginas
15 €

0 comments on “‘Bondo’ o los pájaros bajo los aleros de Menna Elfyn

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: