Mirar al retrovisor

España y sus cuatro grandes problemas

Joan Santacana escribe sobre la gran cuestión española irresuelta, una vez solventadas razonablemente la obrera, la militar y la eclesiástica: la territorial.

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Quienes hubieran analizado la situación española a lo largo del último tercio del siglo XIX, casi con toda seguridad hubieran dicho que la monarquía estaba aquejada de cuatro grandes problemas. Había en primer lugar un problema obrero, derivado de la existencia de una clase trabajadora empobrecida, terriblemente explotada, cuyas respuestas ante la burguesía a menudo eran violentas, ya fuere bajo la fórmula del anarquismo revolucionario o el sindicalismo radical. El problema se agudizó hasta los años treinta del siglo siguiente, con sindicatos y organizaciones tales como la CNT o la FAI.

El segundo gran problema que sin duda alguna hubiere observado cualquiera que se asomara a la capital hubiera sido militar, derivado de la existencia de un ejército que se autoconstituía en «columna vertebral de la Patria», que no dudaba en intervenir en la política, que era muy propenso al golpe de Estado —del cual tenía amplia experiencia— y además estaba hipertrofiado, con casi tantos oficiales como soldados desde el fracaso de las guerras coloniales, al tiempo que estaba poco tecnificado en comparación con el resto de ejércitos de Europa occidental.

El tercer gran problema sería el religioso. En efecto, la Iglesia española había gozado siempre de la protección del Estado y, salvo en el periodo revolucionario, durante el cual habían sido desamortizados e incautados sus bienes, tenía una influencia poderosa sobre las clases medias y las masas campesinas. La Iglesia española era un contrapoder del Estado que impedía cualquier reforma que atentara contra sus privilegios y casi siempre actuó como un baluarte de las clases más altas del país. El problema eclesiástico emergía cada vez que aparecían actitudes liberales o simplemente surgían tendencias democráticas. No era, por lo tanto, un problema menor, ya que el enfrentamiento Iglesia/Estado a menudo lo ganaban los clérigos o quedaba en tablas.

El cuarto gran problema era la articulación del Estado. En efecto, las medio fracasadas revoluciones burguesas que habían estallado a lo largo del siglo XIX (1812, 1820, 1856, 1868-1874) siempre terminaron con el reforzamiento del centralismo en Madrid, mientras que los movimientos populares mostraban a menudo un panorama muy distinto, propio de una monarquía regionalizada. Así, en 1808, cuando estalló la guerra napoleónica, la reacción popular fue organizar juntas de defensa soberanas en los antiguos reinos o territorios. Igual ocurrió en el llamado Sexenio Revolucionario (1868-1874), cuando incluso se llegó a proclamar la  República federal y estalló el movimiento cantonal y, en el siglo XX, cuando en 1931 cayó la monarquía, resurgieron los antiguos regionalismos, está vez más potentes, ya que se redactaron estatutos de autonomía en Euskadi, Cataluña, Galicia o Valencia.

Transcurrido más de un siglo y medio desde entonces, de estos cuatro grandes problemas del Estado, en los años veinte de este nuestro siglo XXI, quedan todavía algunas cuestiones pendientes. Así, el problema obrero parece que hoy está razonablemente encauzado, y los movimientos sindicales han abandonado en su mayor parte el radicalismo revolucionario. Por lo tanto, de momento, ha dejado de ser problema. En cuando al problema militar, creo que es posible decir que hoy las fuerzas armadas han abandonado las veleidades golpistas y, aun cuando no hay que descartar movimientos de pretorianos, el Ejército ha dejado de ser un problema grave, como lo fue en el pasado.

Por lo que respecta a la Iglesia española, sigue siendo un poder dentro del Estado y, aun cuando este no es ni se declara confesional, el peso de la Iglesia en las instituciones todavía es enorme, pero mentiríamos si dijéramos que constituye un problema grave. Puede decirse, pues, que como problema casi ha desaparecido.

Es el cuarto problema el que no solo sigue vivo, irresuelto, sin un camino claro, sino que continua y se agrava. Quiérase o no, España es un Estado plurinacional para una buena parte de su población. La Constitución del setenta y ocho intentó afrontar el problema y lo contuvo en unos límites razonables durante unas décadas, pero resurge cada vez que hay problemas graves. Las tendencias centrípetas aparecen hoy enfrentadas a los nacionalismos llamados periféricos, en especial los nacionalismos vasco y catalán. La constitución, que sirvió en su momento, hoy aparece a los ojos de muchos como desgastada y manipulable; una parte importante de la población española no acepta la existencia de ningún tipo de disidencia en el tema de las nacionalidades del Estado, mientras que la otra aborrece la existencia del Estado centralizado. La monarquía parece incapaz de actuar como árbitro en este tema y se alinea claramente con una de las partes y  la cúspide del sistema judicial, claramente desprestigiada, no merece ninguna confianza para una gran mayoría de la población.

Por todo ello, aun cuando de los cuatro grandes problemas mencionados hoy tan solo hay uno vigente, es cierto que este problema tiene la capacidad de desestabilizar cualquier situación. El hecho simple de que solo Catalunya tenga un PIB que supone un veinte por ciento del total español constituye una evidencia que cualquier medida política puede fracasar cuando una zona del territorio que representa casi una cuarta parte de la producción total vive en perpetro conflicto. Y este país arrastra este problema de estabilizar el Estado como mínimo desde 1868, es decir, un siglo y medio. Ya empieza a ser hora, ¿no?


Joan Santacana Mestre (Calafell, 1948) es arqueólogo, especialista en museografía y patrimonio y una referencia fundamental en el campo de la museografía didáctica e interactiva. Fue miembro fundador del grupo Historia 13-16 de investigación sobre didáctica de la historia, y su obra científica y divulgativa comprende más de seiscientas publicaciones. Entre sus trabajos como arqueólogo destacan los llevados a cabo en el yacimiento fenicio de Aldovesta y la ciudadela ibérica y el castillo de la Santa Cruz de Calafell. En el campo de la museología, es responsable de numerosos proyectos de intervención a museos, centros de interpretación, conjuntos patrimoniales y yacimientos arqueológicos. Entre ellos destaca el proyecto museológico del Museo de Historia de Cataluña, que fue considerado un ejemplo paradigmático de museología didáctica.

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2 comments on “España y sus cuatro grandes problemas

  1. Creo que tiene mucha razón.

  2. j m ferrandez

    Cuáles son
    Me pregunto
    Los factores que han conducido a que los paises próximos a Europa tengan mayor riqueza económica que el resto

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