Éticas del medioambiente

La ecología profunda de Arne Naess

Vicent Yusá prosigue su serie sobre «Éticas del medioambiente» centrándose en un filósofo noruego que reivindicaba el «igualitarismo biosférico» y rechazaba la imagen del hombre-en-la-naturaleza en favor de una imagen relacional, de campo total.

/ Éticas del medio ambiente / Vicent Yusá /

Se reconoce a Aldo Leopold (1887-1948) como el pionero en articular un pensamiento ético que pone el foco en las relaciones entre los humanos y la naturaleza, un tema prácticamente ignorado por la filosofía moral tradicional. Los ensayos recogidos en A Sand County Almanac («Un almanaque del condado arenoso»), publicado póstumamente en 1949, han orientado las reflexiones morales sobre la relación del hombre con los animales, las plantas, las montañas, los ríos, los ecosistemas, y han ejercido gran influencia sobre los posteriores movimientos ecologistas. Sin embargo, es en la década de los sesenta cuando los temas ambientales se afianzan como un ámbito de amplia preocupación social. Fue, sin duda, la bióloga marina Rachel Carson (1907-1964) con su libro Primavera silenciosa, publicado en 1962, la que marco el inicio de una preocupación generalizada en distintas sociedades sobre la contaminación y la degradación ambiental. Carson advertía que el uso masivo de plaguicidas altamente tóxicos como insecticidas clorados, entre ellos el DDT, estaban afectando a todas las formas de vida, incluyendo las aves, los grandes mamíferos y al hombre. El impacto del libro fue decisivo para el incremento de la conciencia medioambiental global.

Es en el marco de este aumento de la preocupación y la conciencia ecológica en el que el filósofo noruego Arne Naess (1912-2009) publica en 1973, en la revista Inquiry, su influente artículo seminal «The shallow and the deep, long-range ecology movement. A summary» («El movimiento ecológico superficial y profundo de largo alcance. Un resumen») que da nombre y carta de naturaleza a la ecología profunda. El artículo recogía, a modo de resumen, las ideas expuestas un año antes en una conferencia dictada en Bucarest en el marco de la 3.ª Conferencia para la Investigación del Futuro del Mundo. En la conferencia constató la existencia de dos movimientos ecologistas que comenzaban a emerger de su anterior «relativa oscuridad». Al primero, el más potente, lo denominó movimiento de ecología superficial, y lo caracterizó como orientado a la lucha contra la contaminación y el agotamiento de los recursos, con un objetivo central: «la salud y el bienestar de los personas de los países desarrollados». Al segundo, y menos influyente lo bautizó como Movimiento de Ecología Profunda (MEP) y lo caracterizó a través de siete principios: 1. Rechazo de la imagen del hombre-en-la-naturaleza en favor de la imagen relacional, de campo total; 2. Igualitarismo biosférico, en principio; 3. Principio de diversidad y simbiosis; 4. Posición anti-clasista; 5. Lucha contra la contaminación y el agotamiento de los recursos; 6. Complejidad, no complicación; 7. Autonomía local y descentralización.

Naess asegura que el MEP no deriva de la ciencia de la ecología como una «consecuencia lógica o por inducción». Considera que se trata de un movimiento ecofilosófico más que ecológico, con unos principios claramente normativos y prescriptivos y no orientados a la descripción y predicción científica. No obstante, afirma que tanto los conocimientos ecológicos como el estilo de vida de los ecólogos de campo le habían influido e inspirado para el desarrollo de estos los principios que conformaban el MEP. La sensibilidad y la visión de las relaciones del ser humano con la naturaleza de Aldo Leopold y Rachel Carson eran sin duda fuentes de inspiración de la filosofía ambiental de Naess.

En ese sentido, la ecología profunda es una combinación de un movimiento filosófico y una plataforma de activismo ecológico. Como tal plataforma, el interés de Naess y otros miembros del movimiento es el de que sus principios sean lo suficientemente amplios para ser adoptados por una gran masa de seguidores: de ahí que elabora en 1984, juntamente con el filósofo estadounidense George Sessions, una nueva versión de los principios de la MEP basado en ocho postulados:

  1.  El bienestar y el florecimiento de la vida humana y no humana en la tierra tiene un valor en sí mismo. Estos valores son independientes de la utilidad del mundo no humano para los objetivos humanos.
  2.  La riqueza y diversidad de las formas de vida contribuyen a la realización de estos valores y son también valores en sí mismos.
  3. Los humanos no tienen derecho a reducir esta riqueza y diversidad, salvo para satisfacer necesidades vitales.
  4.  El florecimiento de la vida y cultura humana es compatible con un descenso sustancial de la población humana. El florecimiento de la vida no humana requiere ese descenso.
  5.  La interferencia humana actual en el mundo no humano es excesiva y la situación continúa empeorándose.
  6.  Por lo tanto, deben cambiarse las políticas. Estas políticas afectan a las estructuras económicas, las tecnológicas e ideológicas básicas. El estado de cosas resultantes será profundamente diferente del presente.
  7. El cambio ideológico consiste fundamentalmente en apreciar la calidad de vida (habitar en situaciones de valor inherente) más que adherirse a un nivel de vida cada vez más alto. Habrá un profundo reconocimiento de la diferencia entre grande y magnífico.
  8.  Quienes suscriben los puntos precedentes tienen una obligación directa o indirecta de tratar de llevar a cabo los cambios necesarios.

El primer principio muestra claramente la visión biocéntrica, o más bien ecocéntrica. Naess aclara que este primer postulado se refiere a la ecosfera como un todo, ya que incluye «individuos, especies, poblaciones y hábitats, así como culturas humanas y no humanas». Además, señala que usa el término vida en un sentido amplio y no técnico, que incorpora también a los ríos, paisajes y ecosistemas. Queda clara, pues, la visión holística de la ecología profunda. Se ha señalado que este movimiento resulta atractivo que para muchos seguidores de la teoría Gaia de James Lovelock (1919-2022), que considera a la Tierra como un sistema autorregulado e interconectado

El segundo principio apunta a que la vida, como un proceso a lo largo de la evolución, implica un incremento de la diversidad y la riqueza y que todos los organismos, incluyendo los más simples y primitivos, tienen valor en sí mismos y no son meras etapas hacia formas de vida más complejas o racionales.

En el tercer principio Naess usa el término necesidades vitales como el criterio bajo el cual estaría justificada una intervención humana en la naturaleza. Naturalmente la concreción de qué necesidades son esenciales para la vida del hombre abre un debate intenso entre culturas y sociedades que seguramente hace muy difícil un acuerdo, de ahí que los ecologistas profundos prefieran utilizar un término deliberadamente vago e impreciso y remitir el debate a las situaciones concretas.

El impacto antrópico sobre la naturaleza es extremadamente preocupante y va ligado, según la ecología profunda, al exceso de la población humana y al desorbitado consumo que se realiza en los países materialmente más ricos. Naess señala, en sus comentarios a los principios cuarto y quinto, que no es esperable que los países ricos disminuyan drásticamente y de modo inmediato su excesiva degradación de la naturaleza, y que la reducción de la población tomará tiempo, pero que ambas medidas son necesarias y que mientras tanto seguirá disminuyendo la riqueza y la diversidad del mundo no humano. Pasados cuarenta años desde la formulación de estas consideraciones, sin duda las crisis ecológicas actuales corroboran estos pronósticos.

Los tres últimos principios de la Plataforma subrayan el carácter sociopolítico del MEP. La ecología profunda apuesta claramente por un cambio de sistema económico, y consecuentemente por un uso distinto de la ciencia y la tecnología que en muchas ocasiones aparece como aliada de actividades y actitudes claramente perniciosas para el medio ambiente. Cuestionan claramente el progreso entendido meramente como crecimiento económico y consumismo, e imaginan un futuro de comunidades pequeñas, descentralizadas, autosuficientes y respetuosas con la naturaleza. Queda patente el carácter marcadamente activista y radical del MEP, aunque comprometido con formas de protesta legales y no violentas, siguiendo la estela de Gandhi, y un cierto sabor utópico o idealista de estas propuestas de vida alternativa al actual sistema capitalista, aunque sin duda la actual crisis climática y las otras crisis ecológicas hacen necesario el cambio profundo de las actuales estructuras económicas, tecnológicas y éticas.

Pero la ecología profunda, además de un movimiento para el activismo ecológico, es también un sistema filosófico que Arne Naess califica como un «sistema derivacional», y lo ilustra a través de un esquema que denomina, por su forma, diagrama del delantal. El diagrama consta de cuatro niveles. En el nivel más elevado (nivel 1) se sitúan aquellos intuiciones últimas o normas más fundamentales de carácter filosófico, religioso o ideológico de las cuales se derivan los ocho principios del MEP que constituyen el nivel 2. Naturalmente existe una diversidad de posiciones filosóficas y religiosas de las cuales pueden dimanar los principios de la MEP, y en ese sentido los partidarios de la ecología profunda muestran una amplia diversidad de concepciones filosóficas o religiosas sin que por ello dejen de coincidir en los principios de la MEP. Entre los sistemas filosóficos compatibles con la ecología profunda, Naess señala especialmente al sistema filosófico y ético de Spinoza, de gran influencia en sus propias concepciones metafísicas. También en ese primer nivel sitúa determinadas orientaciones religiosas de carácter budista y cristiano. Del mismo modo, Naess ubica entre estas intuiciones últimas o a su propio pensamiento, la forma sistemática que dio a sus trabajos filosóficos configurados en forma de ecosofía, a la que denominó ecosofía T. La T procede de su cabaña de montaña en Tverganstein (piedras cruzadas), donde redactó gran parte de sus ideas.

La ecosofía T no debe confundirse con el MEP, que solo incluye los ocho principios que se sitúan en el nivel 2 del diagrama, y que derivan de distintas opciones filosóficas o religiosas, entre ellas la Ecosofía T. La norma fundamental de la ecosofía T es la autorrealización. Naess aclara que «no utiliza esta expresión de una forma estrecha y en un sentido individualista», sino que va más allá del ego, del yo, de uno mismo, con minúscula, y se proyecta y expande hacia el Ego, el Yo, el Uno Mismo, con mayúsculas, un Yo relacional, ecosistémico, que sintoniza con la ciertas tradiciones orientales del atman (esencia, aliento) que comprende «todas las formas de vida, y los yoes tal como se interpreta en la vida personal y social», y que considera próximo al término simbiosis, aunque se resiste a utilizarlo alegando (y aquí Naess está atento a una de las criticas más feroces contra la ecología profunda) que si bien «maximizar la autorrealización», como propone, «puede interpretarse en la dirección de un viaje colosal del ego, maximizar la simbiosis puede interpretarse en la dirección opuesta, la de la eliminación de la individualidad en favor de la colectividad».

Claramente la ecología profunda, en las formulaciones de Naess y de algunos de sus máximos representantes como Fox, Devall y Sessions, tiene una fuerte perfíl holístico derivado de la ciencia ecológica, en la que priman las relaciones entre los individuos más que los individuos en sí mismos. De ahí que se enfaticen las críticas en la dirección de que se concede más valor a los ecosistemas que a los individuos, lo que comportaría el desplazamiento a posiciones políticas de cariz totalitario.

Para Naess, la autorrealización de cada uno depende de la de los demás, y a medida que aumenta la autorrealización se incrementa la identificación con los otros, lo que da paso al altruismo o empatía emocional, que se extiende más allá del círculo de familiares y amigos y acaba expandiéndose a los seres más alejados y al espacio natural a través del concepto de sí-mismo ecológico. Naess defiende que la Diversidad incrementa la Autorrealización y aboga por la máxima diversidad, que a su vez vincula con la Máxima complejidad.

Su ecología T aboga por la «autorrealización de todos los seres vivientes» de la que deriva la igualdad biocéntrica, es decir «el derecho de todos los seres a la autorrealización». La igualdad biocéntrica significa que todas las cosas en la biosfera tienen igual derecho a vivir y florecer, a alcanzar sus propias formas de desarrollo y autorrealización dentro de una más amplia autorrealización (4). Por lo tanto, todos los organismos y entidades en la ecosfera, como partes de una todo interrelacionado, tienen valor intrínseco, lo que no significa que todos tengan el mismo valor. La igualdad biocéntrica constituye la segunda de las normas fundamentales o últimas de la ecosofía T.

Como se ha señalado, la ecosofía T está en el nivel superior (nivel 1) del esquema piramidal (diagrama del delantal), junto con otras concepciones filosóficas (Spinoza…) o religiosas (budismo, cristianismo), de modo que no es necesariamente asumida por las personas que apoyan el MEP, quienes solo deben compartir los ocho principios del nivel 2. De estos primeros niveles se derivan los puntos de vista generales que guían proyectos de acción (nivel 3), y las reglas específicas o las decisiones que se adoptan en situaciones particulares (nivel 4). El paso de las intuiciones o normas fundamentales (nivel 1) al de las acciones concretas (nivel 4) implica una cierta derivación lógica desde las últimas premisas (por ejemplo la autorrealización) a las decisiones prácticas (por ejemplo, defender el plan de recuperación de una especie en extinción); pero al mismo tiempo existe un camino de abajo hacia arriba, un camino genético que implica la profundización en las preguntas sobre nuestras acciones y pensamientos hasta llegar a las premisas últimas.

La ecología profunda de Naess ha suscitado diferentes críticas. La creencia de que el yo individual no se encuentra confinado en el propio cuerpo y se extiende a toda la naturaleza, resulta difícil de asumir para muchos que consideran que se puede tener una preocupación ética en defender la naturaleza, las especies o los ecosistemas sin necesidad de considerarnos parte de una gran yo. Se puede mantener un respeto y una admiración por la naturaleza, o abogar por su preservación para las generaciones futuras, sin necesidad de llevar a esos extremos la identificación de mi yo con la naturaleza. Para muchos es la propia individualidad la que proporciona a las personas las convicciones éticas necesarias para respetar a los otros y a otras cosas por el mero hecho de que tienen una identidad propia y distinta de la nuestra. También que ha sido motivos de critica el hecho de que la ecología profunda se muestre favorable a una significativa reducción de la población humana, lo que podría verse como una actitud que puede mostrarse complaciente con situaciones de hambruna u otras catástrofes que redujesen drásticamente la población. Y son frecuentes, aunque en ocasiones sin excesivo fundamento, las acusaciones a la ecología profunda de ser elitista en su intento de preservar las experiencias silvestres para un selecto grupo de ricos, a los que se ha tildado de «misioneros verdes».


Bibliografía

Attfield, Robin: Environmental ethics: a very short introduction, Oxford University Press, 2018.

Brennan, Andrew y Norva Y. S. Lo: Environmental ethics, Stanford: Stanford Encyclopedia of Philosophy, 2022.

Bugallo, Alicia Irene: Filosofía ambiental y ecosofías, Buenos Aires: Prometeo, 2015.

Naess, Arne: «The shallow and the deep, long-rage ecology movement. A summary», Inquiry, vol. 16 (1973), pp. 95-100.

— «The deep ecology movement: some phylosophical aspects», en The selected works of Arne Naess (A. Dregson y H. Glasser, eds.), Nueva York: Springer, 2005, pp. 33-55.

Ecology of wisdom, Penguin Random House, 2016.

Sessions, George: «Deep ecology movement: a review», Environmental Review, vol. 11 (1987), pp. 105-125.

— y Bill Devall: Deep ecology: living as if nature mattered, Layton (Estados Unidos): Gibbs Smith, 2007.


Vicent Yusá es doctor en química, investigador en las áreas de seguridad alimentaria y ambiental, y profesor asociado en la Facultad de Química de la Universidad de Valencia. Ha dirigido los laboratorios de salud publica de la Generalitat Valenciana y ha participado en diferentes proyectos nacionales e internacionales. Tiene un gran número de publicaciones científicas en revistas de alto impacto. Actualmente realiza estudios de filosofía.


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