/ por Alison Posey /
Los orígenes de una literatura nacional son a veces tan oscuros como los de la propia nación. Esto podría explicar por qué, en Guinea Ecuatorial, no hay uno, sino dos padres fundadores: tanto Leoncio Evita como Daniel Jones Mathama fueron proclamados como el «primer» autor ecuatoguineano. Esta confusión se debe al hecho de que, a pesar de su estatus como colonia española desde 1778, no fue hasta la derrota en la guerra de 1898 cuando España volvió su mirada hacia su única colonia subsahariana. Y los escritores ecuatoguineanos no tardaron en devolverles la mirada. Rastrear su historia es una manera de acercarnos a la incógnita que representa Guinea Ecuatorial para muchos hoy en día.
Lo poco que se sabe sobre la vida de Evita y Jones Mathama apunta a la tendencia de pasar por alto la influencia determinante que tuvo el Imperio español en el desarrollo de la nación y de su literatura. Ambos autores nacieron en plena colonización: Mathama Jones alrededor de 1913, y Evita en 1929. La renovación del interés español en la colonia, que comenzó a finales del siglo XIX, trajo consigo al principio del siglo XX unos cambios rotundos para los territorios otrora olvidados, especialmente en términos de educación. En 1904, se unieron las fuerzas de la educación laica con la educación católica ya ofrecida en las misiones claretianas. Tanto Mathama Jones como Evita recibirían una educación marcadamente hispanófila como cualquier niño de la Península.
Los primeros años de Evita y Jones Mathama coincidieron con el desarrollo de los primeros textos ecuatoguineanos. En 1903, los claretianos empezaron a publicar una revista, La Guinea Española, en la que se discutían, entre otros temas, la hispanización, evangelización y colonización de las poblaciones indígenas. Con la adquisición de una mejor prensa al año siguiente, aumentaron los números de la revista quincenal, en la que destaca la fuerte actitud paternalista, si no deshumanizadora, de los colonos españoles hacia sus súbditos ecuatoguineanos. De jóvenes, ambos autores encontrarían descripciones como esta: «El indígena de color por naturaleza teme al blanco, es un niño inquieto, si se quiere, y bullidor, a quien el blanco parece un hombre de superior categoría a la suya y, por ende, una vez sujeto a su poder e imperio, no trata de evadir el yugo».
No sorprende que la revista no incluyera a ningún autor ecuatoguineano hasta 1947. Aunque estas narrativas cortas llevaban los títulos diminutivos de historietaso leyendas, su publicación representó un gran hito para los autores ecuatoguineanos: les dio la oportunidad de contar su propia historia e intervenir en el discurso colonial español desde dentro. Así, sus narrativas celebraban la rica herencia de las diversas comunidades étnicas que poblaban la colonia, funcionando como cuadros de costumbres que representaban la vida indígena antes de la colonización.
De esta forma, ambos autores ecuatoguineanos emplearon el costumbrismo en sus novelas, un movimiento artístico que, como los cuadros de costumbres, refleja las tradiciones y creencias de una comunidad. La novela de Evita, Cuando los combés luchaban, combinó la intriga y el suspense con una imagen detallada de la cultura a la cual pertenecía el autor, el pueblo ndowé, castellanizado como combés. Por su parte, Una lanza por el Boabí, de Jones Mathama, retrata las costumbres e incluso los platos más populares del pueblo bubi, oriundo de la isla de Fernando Poo (hoy Bioko), donde creció el autor. Este costumbrismo se mezcla con reflexiones filosóficas provocadas por la estancia del autor en Barcelona, ciudad en la que escribió el libro. Incluso hay una extensa narrativa enmarcada que aparece a mitad del relato y que presenta a un astuto hipnotizador, antes de volver a la discusión original sobre las costumbres ecuatoguineanas.
El costumbrismo, como hilo conductor de ambas novelas, permitió a los autores rebatir el discurso colonial español predominante en la escritura ecuatoguineana. Aunque tanto Una lanza por el Boabí como Cuando los combés luchaban defienden el proyecto colonial como un paso necesario para la civilización, también retratan las culturas autóctonas como dignas de celebración, respeto e incluso adopción. Como recuerda Jones Mathama, aunque «la selva es el albergue de las fieras y a nadie le extraña encontrar en ella leones, gorilas, elefantes y toda clase de animales dañinos, tampoco nadie debe dudar que en las ciudades existe cierta clase de animales bípedos mucho más perjudiciales que sus hermanos selváticos». Queda claro: para el autor, los españoles no eran superiores a los africanos.
Sin embargo, a mediados del siglo XX, la tendencia literaria que había disfrutado de tanta popularidad un siglo ya no generaba el mismo interés en el público lector. Aunque el Instituto de Estudios Africanos apadrinó la primera novela ecuatoguineana, Cuando los combés luchaban de Leoncio Evita, tuvo tan poco impacto en el mundo literario hispánico que su publicación en Madrid en 1953 pasó desapercibida por casi todos. No fue hasta finales del siglo XX cuando la novela costumbrista de Evita fue rescatada por los académicos y entró en el canon ecuatoguineano como la primera novela ecuatoguineana.
Casi una década pasaría antes de que Jones Mathama arrebatara el título a Evita. Al publicar Una lanza por el Boabí en 1962, la editorial Casals nombró a Jones Mathama en portada como «el primer autor de la Guinea Española». No parece que la designación fuera resultado de ninguna rivalidad, sino de la ignorancia; una ignorancia que, hasta el día de hoy, envuelve tanto a la literatura ecuatoguineana como al propio país. Solo al volver a leer a Evita, a Jones Mathama, o a las docenas de autores ecuatoguineanos que los han seguido, se vencerá este desconocimiento y se dará a conocer otra historia de Guinea Ecuatorial.
Alison Posey es investigadora postdoctoral en filología afrohispánica y peninsular en la Universidad de Duke, Carolina del Norte, Estados Unidos. Recibió su doctorado en la filología hispánica en 2021 de la Universidad de Virginia.
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Buenos días Señora Alison Posey.
Me encataría saber el recurso en el que Jones Mathama declara que « la selva es el albergue de las fieras y a nadie le extraña encontrar en ella leones, gorilas, elefantes y toda clase de animales dañinos, tampoco nadie debe dudar que en las ciudades existe cierta clase de animales bípedos mucho más perjudiciales que sus hermanos selváticos » por favor.
Atentamente.
Querido Iván,
Muchísimas gracias por su interés en el artículo, y en la obra de Mathama. La cita surge del prefacio de la novela, publicada en 1962.
Alison