Narrativa

Del rosa al violeta

El filósofo y escritor extremeño Miguel Manzanera Salavert reflexiona sobre la intención y la recepción de su novela femenina ‘El silencio encantado’.

/ por Miguel Manzanera Salavert /

Mi segunda novela, El silencio encantado ―publicada con mi segundo apellido por Muñoz Moya Editores Extremeños (Brenes, Sevilla, 2012)―, está dedicada a las mujeres. Le había prometido a una amiga querida escribir sobre el feminismo y con esta narración cumplimentaba mi promesa. Está ambientada en Extremadura y describe el ambiente cultural y político de la región en la primera década de nuestro siglo, pero su objetivo principal es otro: participar en el debate fundamental para la civilización moderna acerca de la emancipación femenina y el ascenso social de las mujeres a la igualdad formal como sujetos con autonomía personal.

El estilo narrativo es tradicional: una historia escrita en tercera persona, desde el punto de vista de un observador que conoce los hechos y la trama emocional de la protagonista de la historia. Pero todo gira alrededor de esa persona, de modo que el argumento no pertenece al narrador omnisciente que registra la acción, sino que establece lo que la crítica literaria llama narrador equisciente: la historia se mete dentro de la piel de la protagonista ―excepto en el último capítulo, donde la irrupción de los personajes masculinos rompe simbólicamente el hilo narrativo formal―. La identificación con el personaje hace que a lo largo de la novela se desmonte el esquema objetivo de la tercera persona, de modo que pueda parecer que la protagonista nos cuenta su historia desde afuera, hablando de sí misma objetivamente.

Yo diría que, por su temática, El silencio encantado es una novela rosa. Los motivos y las situaciones que se describen son arquetípicamente femeninas: giran alrededor de un embarazo, con las perspectivas y conflictos que tal estado puede traer a la protagonista. Se presentan emociones y sentimientos que se suponen presentes en la psicología de las mujeres, representando problemas que se entienden como típicos de la personalidad femenina. Los problemas afectivos y las relaciones personales ocupan el primer plano de la escena. Es cierto que a menudo en la novela rosa se presenta a la mujer como resignada al lugar secundario que la sociedad patriarcal le asigna, y eso precisamente es lo que se intenta superar en nuestra época. No es por tanto una novela romántica que presente el sacrificio femenino como un ideal de vida. Presenta, eso sí, el esfuerzo y los conflictos que tienen que afrontar las mujeres por hacerse un lugar propio en la sociedad machista.

Es por eso también una novela violeta: introduce en la narración ideas y conceptos del feminismo contemporáneo. Tengo que aclarar esto, porque feminismos hay muchos hoy en día. Está lejos, por ejemplo, del pensamiento queer. La protagonista ha mantenido relaciones íntimas con su amiga sin desarrollar un erotismo lésbico, y toma esa experiencia como algo natural en el crecimiento personal de una vida humana. En realidad, ella es más bien tradicional en su manera de afrontar las relaciones sexuales: sus motivaciones amorosas están modeladas por el esquema familiar. Pero sucede que las circunstancias le obligan a superar ese prejuicio, empujándola a formar una familia monoparental. De ahí nace una evolución personal que le lleva a adoptar ideas críticas frente a la cultura patriarcal dominante. Su feminismo es el de la diferencia. Me inspiré, por ejemplo, en el pensamiento de la profesora de psicología en la universidad de Pavía y militante feminista italiana Silvia Vegetti para moldear las posiciones expresadas por ella: un feminismo que no se centra tanto en la igualdad formal de derechos como en la necesidad de hacer valer el punto de vista de las mujeres en la cultura y el sentido común de la ciudadanía.

Ese punto de vista de la protagonista se contrapone al de su amiga íntima, que defiende el feminismo ilustrado de la igualdad formal y rechaza la subordinación que el patriarcado impone a las mujeres. Esta otra mujer busca su independencia en la sociedad dominada por los hombres, ofrece el contrapunto a la protagonista y ambas dialogan a lo largo de la novela, comprendiéndose sin renunciar a sus opciones personales. Una tercera mujer aparece en el trasfondo de la novela, aludida sin estar presente en los momentos narrados, y representa el orden social jerárquico y represor, que también puede estar sustentado por mujeres.

Es por tanto una novela rosa con contenido violeta. Es un desafío enorme para un hombre intentar hacer algo así. Quisiera pensar que, al menos parcialmente, me he aproximado a conseguirlo. Al menos eso me dicen varias mujeres que la han leído y con las que he podido después conversar sobre ella: una novela bonita y significativa, que se lee del tirón,… Y como añade una buena amiga: «¡Eres un atrevido!».

En un primer momento pensé que esta novela me crearía problemas con algunas lectoras por ese excesivo atrevimiento. No ha sido así. Hubiera podido parecer que la novela comportaba una pretensión masculina de imponer su punto de vista sobre la personalidad femenina ―en lugar del mucho más modesto intento de encarnar en mujeres de ficción lo que he intentado aprender sobre feminismo leyendo, escuchando y acompañando a tantas mujeres reales―, y no estaba seguro de la aceptación del texto por ellas. Al final, por mucho que haya ilustres antecedentes, de la Madame Bovary de Flaubert a la Anna Karenina de Tolstói, cada quien es personalmente responsable de lo que personalmente escribe.

Sin embargo, he recibido una enorme simpatía por parte de lectoras amigas y conocidas. El retrato ofrecido ha sido reconocido por ellas con aprecio, incluso cuando haya podido chocar en algún punto con sus propias interpretaciones y vivencias del feminismo, distintas de las que más me han inspirado a mí. El problema para la novela y para su autor ha venido de los hombres. Por causa de esta novela se me han roto un buen puñado de amistades, algunas más circunstanciales, otras de toda la vida. Amigos que la leyeron se revolvieron enfurecidos en mi contra. He tenido que soportar afrentas, humillaciones e incluso fuertes agresiones. Algo que me ha sorprendido grande y amargamente, y que me ayuda a entender mejor la cultura patriarcal en la que vivimos. Si, como alguna de aquellas lectoras discrepantes me explicaba, el feminismo de mi novela bien pudiera ser leído desde otras perspectivas feministas como un poco antiguo o incluso un poco conservador, no lo ha sido en medida suficiente como para no despertar la ira patriarcal. Al final solo con mucha paciencia he podido recuperar alguna de aquellas amistades perdidas.

La verdad, cuando milita contra prejuicios y costumbres establecidas, suele ser mal recibida. Sin embargo, acaba por abrirse paso en el sentido común, y aporta experiencia e información que pueden llegar a ser importantes. Confío en que El silencio encantado forme modestísima parte de la luz que brilla frente a las tinieblas de esta coyuntura histórica, en la que el patriarcado lucha con violencia por mantener antiguos privilegios, en trance por fin de quedar completamente fuera de lugar. La dirección cultural y estratégica de esa lucha ha correspondido, corresponde y corresponderá incuestionablemente a las mujeres, pero de ninguna manera los hombres, aún al riesgo cierto de equivocarnos a menudo, podemos ausentarnos de comprenderla y de acompañarla.

Seguramente, a pesar del contragolpe que está ejerciendo a través de las victorias electorales de la extrema derecha, el machismo tiene los días contados. Si logramos superar los enormes peligros de la época, en gran medida avivados por la rabia del privilegio masculino en extinción, encontraremos un futuro mejor para todos.


El silencio encantado
Miguel Salavert
Muñoz Moya, 2022
286 páginas
20,46 €

Miguel Manzanera Salavert (Madrid, 1957) es doctor en filosofía, con una tesis sobre el pensamiento de Manuel Sacristán, docente de filosofía de Enseñanza Media, escritor y activista social y político. Ha publicado los ensayos El periplo de la razón: el racionalismo musulmán en la Edad Media (Fénix, 2011) y Atravesando el desierto: balance y perspectivas del marxismo en el siglo XXI (El Viejo Topo, 2015) y las novelas Desde el sur (Jarramplas, 2021, con varias ediciones previas) y El silencio encantado (Muñoz Moya, 2012), así como numerosos artículos en medios como Mientras Tanto, Rebelión o El Salto.


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4 comments on “Del rosa al violeta

  1. Ha citado usted dos antecedentes que son dos obras maestras de la literatura con protagonista femenino que se enfrenta a una situación difícil por razón de su sexo.

    En esa misma linea está la Regenta, que como obra literaria no es inferior a las otras, y describe un caso parecido de sometimiento

  2. Creo que las tres forman un espacio común
    José Manuel Ferrández

    • Miguel Salavert

      Tienes razón, un olvido imperdonable. Leí La regenta de Clarín con enorme pasión. Una gran novela.

  3. Paca Blanco

    A mí me ha gustado mucho, y la volveré a leer, creo que Miguel ha sido muy valiente adentrándose en sentimientos muy de mujeres. Ojalá hubiese muchos Miguel Manzanera en esta sociedad. Necesitamos compañeros, amigos y cómplices.
    Si es que te tengo que querer Miguelote

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