/ por Guillermo Quintás /
He de reconocer que El Cuaderno me ha descubierto textos verdaderamente interesantes. En todos los casos en que, leído el comentario, me he decidido a localizar una copia del texto comentado, un verdadero especialista me ha guiado, de modo que mi decisión, muy orientada, estaba justificada; una recensión, articulada sobre una especialización, siempre suele dar de sí el arranque de una lectura. Tan positiva me parece esta tarea que siempre he dejado constancia de mi agradecimiento en el apartado que El Cuaderno nos proporciona a los lectores.
Esta actividad es tanto más interesante y de agradecer cuando constatamos cómo incluso las revistas especializadas han suprimido o reducido considerablemente las secciones dedicadas a publicar recensiones de trabajos que alguien ha considerado significativos en un área de conocimiento y, dado el estado de la investigación y las aportaciones del texto comentado, emite su juicio pensando en futuros investigadores y lectores. Nada más valioso para orientarnos en la selva de los textos que una recensión construida por un especialista; si el juicio es positivo, nos facilitará siempre un medio para acceder a un núcleo denso de la información precisa para pensar sobre ese tema.
Así pues, esta actitud ante las recensiones se sintió fortalecida al conocer el juicio del profesor José Ángel García de Cortázar, quien al resaltar el interés de una adecuada selección bibliográfica para definir el arranque de una investigación deja otra de sus interesantes enseñanzas: «Las revistas de prestigio a través de sus artículos y, sobre todo, de sus recensiones y notas críticas […] han prestado siempre un servicio impagable» (Pasión por la Edad Media, PUV 2008). Pocos años más tarde el profesor García de Cortazar habrá comprobado lo que hemos consignado: se reducen o suprimen las secciones de libros. ¿Cuál es la causa? La pregunta podría alimentar varias conjeturas que prefiero dejar para otra ocasión. Digamos que para caer de lleno dentro de un núcleo denso, para familiarizarse con las principales autoridades, no es preciso depurar números y números de, por ejemplo, Philosopher’s, o del Humanities Citation Index. Una recensión puede conducir a un importante trabajo y en ese trabajo tenemos las autoridades y textos que inevitablemente hemos de consultar para elaborar la historiografía del problema o cuestión cuyo análisis intentamos configurar.
Es injusto limitar a los trabajos de investigación la sección de libros de las revistas, porque esta decisión equivale a no reconocer las diversas funciones que cumplen los libros de conformidad con su tipología. Para algunos trabajos puede ser decisivo el uso de un diccionario y para marcar las coordenadas de otros trabajos puede ser de interés una obra de síntesis. Por ello, me centraré en la consideración de un trabajo de síntesis, presentado por Bernard J. T. Jones, Vicent J. Martínez, Virginia L. Trimble bajo un significativo título: The reinvention of science: slaying the dragons of dogma and ignorance (World Scientific, 2024), asociado a una significativa representación que hace referencia a la leyenda que aparece en el Globo de Hunt-Lenox.
Este trabajo ha sido objeto, al menos, de un par de recensiones realizadas por especialistas acreditados que comparten campo de intereses docentes e investigadores. Me refiero a los profesores Juan Ignacio Pérez Iglesias y Juan José Gómez Cadenas; la contra del volumen recoge otros testimonios, pero que, dada la extensión de la referencia, se convierten en simples cumplidos vinculados a nombres e instituciones prestigiadas; un sistema de contraportada muy querido en Estados Unidos. Ambas recensiones tienen un enfoque y punto común en el que proyectan su juicio: la portada responde del desarrollo del libro y anuncia centros de interés en la medida en que nos pone ante «otra forma de presentar una historia de la ciencia», pues los autores consideran que la reinvención de la ciencia se ha materializado identificando y anulando diversos dragones (éter lumífero, la energía oscura, el flogisto, el humúnculo, etcétera) que han amenazado el progreso del conocimiento, pero que también han mostrado que «un experimento fallido puede suponer de hecho un avance importante». Al señalar el modo en que Jones, Martínez y Trimble han construido su historia de la ciencia, la obra «enriquece la visión que tenemos del conocimiento de la naturaleza y de la forma en que se ha obtenido ese conocimiento». Esta conjunción es significativa. Ambos comentaristas acentúan la peculiaridad de la exposición. Pero, por otra parte, no esquivan el juicio que la obra les merece y que va dirigido al lector. Al afirmar que estamos ante «un ambicioso libro», «una obra magna» que «atrapa y hace retornar» a sus páginas, que despliega «una narrativa que no seguirá un camino predecible», se está cumpliendo con un precepto de quien presenta un trabajo fraguado: ganar posibles lectores. Y para ello se dan razones que están asociadas al modo de decir de los autores de The reinvention of science.
Al abordar un trabajo de esta naturaleza y emitir una opinión sobre su desarrollo, creo que se ha de tener fidelidad a otra norma: no enumerar las orientaciones que los autores podían haber dado a un trabajo; se trata solamente de juzgar el sentido de lo expuesto. Algo me dejan claro, me reiteran, las dos recensiones que he leído: la obra de síntesis sólo fragua cuando ha sido elaborada por quienes han realizado análisis del campo a lo largo de sus vidas de estudio. Por ello en estas recensiones también se recuerda que sus autores no son unos advenedizos a este campo. Solo me he guardado para esta última línea un juicio: los trabajos de síntesis sólo los minusvaloran los que han sido incapaces de cristalizar uno.

Guillermo Quintás Alonso (Gradefes, 1944), doctor en filosofía, obtuvo el Premio Extraordinario de Doctorado por la Universitat de València con una tesis dirigida por el Dr. Fernando Montero Moliner. Ha impartido clases de filosofía en enseñanza media y de filosofía moderna en la Universitat de València. En su faceta editorial, ha formado parte del equipo de lectura de prestigiosas editoriales y ha sido director de colecciones como «Leyendo… », «Filosofía. Las propuestas en sus textos» o «Educació. Materials». Autor de numerosos artículos y conferencias integradas en seminarios de distinto signo, siempre ha asociado sus reflexiones a la edición de textos clásicos.
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Enhorabuena, Guillermo, por la columna, oportuna y lúcida como siempre. Me encanta reencontrar al erudito que no renuncia a seguir estudiando. Eso es seguir siendo el joven estudiante y profesor que siempre has sido y serás.
Un fuerte abrazo