/ Mirar al retrovisor / Joan Santacana /
Imagen destacada: monumento a Charles de Gaulle en Quebec. Autoría desconocida
En 1960 Charles de Gaulle, presidente de la República Francesa, convirtió a su país en una potencia nuclear y posteriormente se negó a firmar el tratado de la prohibición parcial de armas nucleares, prosiguiendo con sus ensayos y pruebas, primero en el Sáhara y posteriormente en los atolones de Fangataufa y Mururoa, en el Pacífico Sur. Pero lo más sorprendente fue la publicación en la prensa de un artículo firmado por un general, pero que tenía detrás, como apuntador, al propio De Gaulle: en él se afirmaba que Francia estaba en condiciones de disparar bombas nucleares en todas direcciones, incluidos los Estados Unidos. Por otra parte, el presidente francés era de la opinión de que la OTAN había sido diseñada para ser controlada por Estados Unidos y de que, a causa de los problemas exteriores de los norteamericanos, no podía defender a los europeos de la amenaza rusa. Poco despues, Francia retiró a toda su flota del Mediterráneo de la OTAN y obligó a los norteamericanos a que retiraran todas sus fuerzas militares de Francia. Desde 1965 el ejército francés no participó en las maniobras de la Alianza Atlántica y un año despues Francia se retiró de su mando militar y ordenó que todo el personal militar extranjero abandonara Francia.
Y es que el viejo general francés nunca confió en los Estados Unidos. No quería que Francia estuviera atada a la política norteamericana. Tanto desconfiaba, que en 1971, con el argumento que los dólares americanos eran convertibles en oro —es decir, que tener dólares era exactamente lo mismo que tener oro, ya que Estados Unidos respondía de ello—, exigió que se transfiriera oro a Francia, mientras se entregaba a los americanos su papel moneda. Por cierto, desde entonces, ¡el dólar ya no es convertible en oro!
De Gaulle quería una Francia fuerte en una Europa independiente de los Estados Unidos. Desaparecido el viejo general de la escena política, Europa ha seguido caminos distintos a los que trazaba el general. En 1990, el 9 de febrero, se acordó con Mijaíl Gorbachov que la OTAN no se ampliaría a los países del Este de Europa. En octubre del mismo año, Alemania se reunificó. Poco después la mayoría de los países de la Europa del Este iniciaba los pasos para integrarse en la organización armada occidental. Y los Estados Unidos presionaron fuertemente a sus aliados europeos, singularmente a Alemania, para que tales ampliaciones fueran una realidad, en contra de los deseos alemanes de firmar acuerdos con Rusia y estrechar relaciones. En resumen, Europa aceptó el paraguas protector de Estados Unidos, aceptó incumplir los acuerdos con Rusia, aceptó seguir las pautas de la política norteamericana en todos los casos. Pero ahora hay un nuevo sheriff, que no respeta los acuerdos, que quiere ser un auténtico déspota en la escena internacional, y Europa se queda sola, con una guerra a sus puertas y potentes enemigos en sus entrañas. La Unión Europea no está en la mesa de negociación, y en estos casos, si no estás en la negociación como comensal, esáas como menú. ¿Ahora entienden a De Gaulle? ¿Estamos a tiempo de seguir sus ideas políticas y estratégicas?

Joan Santacana Mestre (Calafell, 1948) es arqueólogo, especialista en museografía y patrimonio y una referencia fundamental en el campo de la museografía didáctica e interactiva. Fue miembro fundador del grupo Historia 13-16 de investigación sobre didáctica de la historia, y su obra científica y divulgativa comprende más de seiscientas publicaciones. Entre sus trabajos como arqueólogo destacan los llevados a cabo en el yacimiento fenicio de Aldovesta y la ciudadela ibérica y el castillo de la Santa Cruz de Calafell. En el campo de la museología, es responsable de numerosos proyectos de intervención a museos, centros de interpretación, conjuntos patrimoniales y yacimientos arqueológicos. Entre ellos destaca el proyecto museológico del Museo de Historia de Cataluña, que fue considerado un ejemplo paradigmático de museología didáctica.
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