Mirar al retrovisor

Europa, Estados Unidos y la sombra de Fausto

¿Es Donald Trump un loco? Un artículo de Joan Santacana.

/ Mirar al retrovisor / Joan Santacana /

Sí: todo aquello en lo que creíamos y planeamos en Europa desde 1945 se ha esfumado en un mes de mandato de Trump. Ante este giro copernicano, hay que detenerse para reflexionar sobre las causas y las consecuencias. Cuando estas cosas ocurren en la historia, la gente suele atribuir un cierto grado de locura a sus autores. Se creyó que Napoleón o Hitler eran unos locos, pero no era verdad. Ambos estaban muy cuerdos, no actuaban por impulsos primarios y ciertamente tenían un plan. ¿Ocurre igual con Trump? Tenemos algunos indicios para el análisis. El primero es el termómetro de las bolsas europeas. Sabido es que la bolsa suele ser el termómetro de la historia y, tal como habían previsto algunos, los empresarios están entusiasmados con Trump y sus desregularizaciones; por ello las bolsas europeas están subiendo incluso más rápidamente que la de Wall Street. Huelen los tipos de interés más favorables, las medidas liberalizadoras que los ganadores de las elecciones alemanas parece que harán, los estímulos fiscales auspiciados por la derecha europea, mientras que la paz en Ucrania creen que eliminará las sanciones a Rusia, hará que baje el precio de la energía y el gasto militar compensará cualquier restricción. En cuanto a las sanciones a los productos europeos, parece que no les preocupa demasiado. Pero ustedes ya saben que la bolsa no es la causa de ningún acontecimiento; tan solo es el termómetro, y para los inversores (yo no lo soy) se trata de unas perspectivas halagüeñas.

Pero vayamos ahora a Trump, a este «loco» que se ha rodeado de otros como él y que proporciona alas a otros muchos en casi todo el mundo. Lo que Trump está haciendo en América, para quienes conozcan la historia de Estados Unidos, no es precisamente una novedad. Yay una tradición de aislacionismo y política arancelaria recíproca que hunde sus raíces en las primeras décadas de la fundación del Estado norteamericano. Siempre lo han hecho así. El aislacionismo ya se erigió en norma durante el mandato del quinto presidente, James Monroe, con su famosa doctrina de «América para los americanos», que en realidad quería decir «América para los norteamericanos». Estas tendencias aislacionistas también hicieron quebrar el plan de Wilson sobre la paz de Europa después de 1918 y provocó que la Sociedad de Naciones naciera huérfana. Recuérdese asimismo que la mitad de la población americana defendía el aislacionismo en la segunda guerra mundial y se oponía fervientemente a la intervención militar en Europa durante el conflicto. Recuérdese que, después de la guerra, Norteamérica hizo pagar a Gran Bretaña el precio de la ayuda militar para vencer a Hitler hasta el último céntimo, y durante más de sesenta años los británicos pagaron la deuda y desde entonces este país es tan solo una plataforma americana frente a las costas de Europa. ¿Cómo quieren que ahora renuncie el Imperio a cobrarse el precio de su ayuda a Ucrania? ¡Que paguen con materias primas! Este es el lema.

Por lo tanto puede Trump que sea un loco, pero sus locuras tienen una base muy sólida en la historia del país. Pero si dejamos este análisis y nos fijamos en a qué conducen sus actuaciones, ¿qué vemos? En primer lugar, este presidente quiere retirar a Estados Unidos del papel de garante del orden mundial que ellos mismos crearon para su propio beneficio. En aquel entonces necesitaban alianzas y las crearon; hoy parece que la orientación es distinta porque, si se alían con Rusia, ya no nos necesitan. Ello deja a Europa en la estacada, pero no les importa. Los europeos hemos construido nuestro Estado del bienestar ahorrando en defensa porque la defensa la proporcionaban ellos. Apañaos vosotros, dice el nuevo sheriff. ¿Nos venden? Sí, porque quieren que nos paguemos la defensa y, a ser posible, comprándoles las armas a ellos.

Ahora los Estados Unidos tienen a China enfrente. Es un gigante que ha crecido de forma rápida; es sutil porque conquista el mundo a partir de su economía; por ello hay que frenar al gigante; además se está armando; por esta razón las líneas estratégicas de Estados Unidos se han orientado al Pacifico. ¿A quién tiene el Imperio en el área del Pacifico que interese a China y puedan cajear o vender? Tienen a Taiwán. China pactará si se le entrega esta isla indómita que se mantiene por el paraguas defensivo norteamericano. ¿Pactarán y los abandonarán? No lo sé, pero es probable, y por cierto que próximo a nosotros está Marruecos, un país muy apetecible para el Imperio, intercambiable por España, con su Ceuta y su Melilla. 

Mientras tanto, todo lo demás son bravatas que le están dando resultados al sheriff. De momento la India ha recortado sus aranceles despues de la reunión de Modi con Trump. También las amenazas a México y Canadá han hecho ya reaccionar a los dos países. Y en el Próximo Oriente, ha elegido asegurar sus intereses y los del lobby sionista, intentando imponer la Pax Americana a su manera. ¿No creen que este sea un buen balance para los suyos después de su primer mes de mandato?

En resumen, el viejo orden establecido en 1945 está ya desaparecido. Nace un orden nuevo que deja las manos libres a Rusia, la India, Brasil, Turquía y otros más pequeños, dado que ha habido un nuevo reparto en la baraja geopolítica. Mientras Europa se debate en la impotencia, sin unos nexos de unión fuertes entre sus miembros, sin ejércitos eficaces y despues de décadas de una educación que ha olvidado su propia memoria. Los europeos de las últimas décadas ya no saben ni conocen su propia historia: la han eliminado de sus respectivos sistemas educativos. El resultado es la desmemoria.

Como si se tratara del argumento del Fausto de Goethe, Mefistófeles ha conseguido de nosotros que, buscando el eterno bienestar nos hayamos vendido la memoria y de esta forma, sin conocer el propio pasado, de desmemoria en desmemoria, ya no sabemos quienes somos ni qué queremos. Cuando uno pierde la memoria, es fácil destruirlo, o está ya destruido.


Joan Santacana Mestre (Calafell, 1948) es arqueólogo, especialista en museografía y patrimonio y una referencia fundamental en el campo de la museografía didáctica e interactiva. Fue miembro fundador del grupo Historia 13-16 de investigación sobre didáctica de la historia, y su obra científica y divulgativa comprende más de seiscientas publicaciones. Entre sus trabajos como arqueólogo destacan los llevados a cabo en el yacimiento fenicio de Aldovesta y la ciudadela ibérica y el castillo de la Santa Cruz de Calafell. En el campo de la museología, es responsable de numerosos proyectos de intervención a museos, centros de interpretación, conjuntos patrimoniales y yacimientos arqueológicos. Entre ellos destaca el proyecto museológico del Museo de Historia de Cataluña, que fue considerado un ejemplo paradigmático de museología didáctica.


Descubre más desde El Cuaderno

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

2 comments on “Europa, Estados Unidos y la sombra de Fausto

  1. jmferrandezverdu@hotmail.com

    De que Napoleón estaba loco creo que no cabe ninguna duda: presentaba el síntoma más característico de los locos de todos los tiempos, es decir, se creía Napoleón.
    En cuanto a Hitler, es cierto que tenía un plan, dominar el mundo por la raza aria. Pero también es cierto que él fue quien puso más obstáculos a sus propios planes.
    Las ideas supremacistas de la raza aria lo condujo a eliminar a toda minoría no aria, ya fuera judía o gitana o la que fuese. ¿Acaso pensaba eliminar a toda la población mundial que no fuera rubia, alta y de ojos azules?
    Todo el esfuerzo encaminado a estas actividades genocidas no hacían más que restar energía al esfuerzo militar. Es decir que sus planes eran un tanto contradictorios.
    Además, si hubiera tenido claro lo que quería, habría conseguido armamento capaz de someter al mundo entero como la bomba atómica y los famosos cohetes V de Von Braun, antes de liarse con invasiones absurdas y militarmente estúpidas, como cuando los generales le aconsejaron dirigir su ejercito a Bakú en busca de petróleo, pero prefirió lo que le parecía una humillación a su enemigo Stalin, antes que dar solidez a sus conquistas y se metió en el berenjenal de Stalingrado.
    Respecto a la bomba, la creía obra de esos malditos judíos, cosa que era cierta, y puso más obstáculos para su fabricación que los sabotajes aliados
    Si todo esto es obra de alguien razonable que no actúa por impulsos primarios, que baje Dios y lo vea

  2. Joan Santacana Mestre

    Gracias por el comentario.

Responder a Joan Santacana MestreCancelar respuesta

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Descubre más desde El Cuaderno

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo