/ una reseña de Luis López /
Platón y asalariados es un libro complejo. Un libro que exige una lectura atenta, porque algunos de sus poemas son enigmas (un poco a la manera de las octavas reales de Perito en lunas, pero sin las soluciones que Miguel Hernández dictó a Federico Andreu) y otros se muestran reacios a ofrecernos la ilusión de un único significado (estamos, tal vez, en el interior de la caverna). Uno piensa si esto es fruto del interés del autor sobre los procesos de la lectura, y entonces nos pone a prueba como lectores, o de sus estudios sobre el neovanguardismo, y entonces es él quien se pone a prueba como escritor. Tal vez ambas cosas.
En cualquier caso resulta gratificante enfrentarse a las páginas de Platón y asalariados, plantearse sus múltiples interrogantes (empezando por el título), alejarse con ellos de caminos trillados y adentrarse en los dominios del lenguaje y sus límites, no desde agotadas posiciones metapoéticas o autorreferenciales, sino desde el lenguaje mismo, desde el proceso de creación del poema. Dejarse impresionar por su tangible pero inaprehensible realidad: sus miradas múltiples, detalladas y fragmentarias hasta límites que fuerzan el proceso de representación obligándonos a replantearlo. Ser conscientes del modo en que nuestra percepción reconoce mientras avanzamos en lo que previamente fue escritura.
Precisamente al mestiere poético dedica López Carballo el único poema de la segunda parte del libro, titulada «describir», del que, por su extensión, cito solamente un fragmento:
Le gustaría conocer las ciencias exactas
que regulan, afinan o predisponen la lengua
para hablar de uno mismo: de las contradicciones,
de los flujos y los humores que recorren
el cuerpo. Le gustaría saber
cómo llegar al poema adaptándose
—Ut pictura, ita visio, con Kepler—
a la naturaleza de las cosas.
Por ejemplo, cómo hablar de los huesos
o los órganos, ¿imitar un hueso?,
¿darle forma a un órgano en el poema?
Simetría, peso, proporción, orden…
[…]
…Explicar
las cosas como se ven, con mano óptica,
con voz de ojo. Ver en las cicatrices
los tajos y su reconstrucción, advertir
la velocidad de los tejidos al abrirse
y el abismo de los cortes
como en una fruta fresca.
Quisiera señalar que a esa complejidad contribuye algo de elusivo que se intuye en Platón y asalariados. Algo que se retrae y se oculta tras la aparente exigencia de lo real. A veces tras palabras y conceptos infrecuentes en poesía, como Fibonacci, corriente alterna, amperio. Otras, tras imágenes o asociaciones sorprendentes: «La naturaleza se inclina / sobre un instante, su hígado / busca insaciable el pensamiento. / Presta atención al sabor»; «Las arañas gestionan el exceso / de delicadeza, entre lo durable / y lo breve, entre resistencia / y atracción…»; «Su luz es lenta como líquido / aproximándose a un polo terrestre». Elusivo, pero cargado de una emotividad que en ocasiones se hace manifiesta como una epifanía.
XXXVI
Un parque es una ausencia de laberinto
y un laberinto es una forma que busca
lo natural para enfrentar lo que seduce.
Su pañuelo al viento, una forma arcaica
esculpida en piedra.
Encuentra extraño
no darle sentido ya a lo inerte,
no dejar margen a la paciencia
del musgo ni al resto de cosas vivas
en su acostumbrarse a lo que nacen.
La lámpara sostiene sus palabras.
Cuando se va la luz, tiemblan
entre las manos como si fueran una vela.
Y —me gustaría destacar, por último— hay mucha naturaleza en los poemas de «el azar y unas ramas (retratos)», la primera parte (y la mayor, además) de este libro notabilísimo. No por casualidad, pues se trata de uno de los campos de interés del autor en cuanto investigador, el de la biodiversidad y competencia ecológica en la literatura (véase su sorprendente y brillante artículo «Aves que habitan horizontes portátiles. Competencia ornitológica en la poesía de César Vallejo», Boletín de la Academia Peruana de la Lengua, núm. 76 [2024], pp. 153-186).
XVIII
El pulpo inaugura alfabeto
de ocho vocales. Con su ritmo
arcaico se oculta de seres
que dimitieron del mar hace tiempo.
Sigue pesando la luz y midiendo
la altura de las estaciones.
Desde el día que comenzó a llover
se encoge dentro de su sombra.
Con las ventosas corrige
los excesos del mar para que la tierra
no detenga sus vueltas.
Platón y asalariados es el último (por ahora) libro de poesía publicado por López Carballo (Cacabelos [León], 1983), junto a Beso político de cada amor que tengo (Libros de la Resistencia, 2024), tras Perder naturaleza (Trea, 2021), La dictadura de la perspectiva (Trea, 1917), Crea mundos y te sacarán los ojos (El Gaviero, 2012) y Sobre las ruinas encontradas (La Garúa, 2010).

Pablo López Carballo
Pre-Textos, 2023
110 páginas
18 €
Luis López Suárez nació en Oviedo (1966). Entre sus intereses preferentes están la historia del arte, la música y el cine. Es autor de los poemarios No todo fue mentira (Madrid, 2008), Con paso incierto (2017) y Oficio de difuntos (2024) y la plaquette Ocho sonetos fúnebres (2020).
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