/ Mirar al retrovisor / Joan Santacana /
Es posible imaginar la escena: en Zhongnanhai, el complejo de liderazgo chino junto a la Ciudad Prohibida, dos mandatarios compartieron té, desayunaron durante un almuerzo de trabajo y conversaron durante más de dos horas. El día anterior, ambos habían asistido a un banquete de Estado y visitado el Altar del Cielo, un conjunto patrimonial construido entre 1406 y 1420, con más de seiscientos años de antigüedad. En ese lugar, los emperadores de las dinastías Ming y Qing realizaban ceremonias anuales para solicitar a los dioses celestiales una buena cosecha. El recinto cuenta con 92 edificios y unas seiscientas habitaciones, y combina construcciones circulares y cuadrangulares: el círculo representa el cielo, mientras que el cuadrado representa la tierra. Todos los edificios responden a la relación entre sistemas numéricos y constelaciones. El sitio es considerado un testimonio del refinamiento y la antigüedad de la cultura china.
En la misma época en que los emperadores chinos construían este altar, América del Norte albergaba diversas culturas indígenas. Entre ellas destacaba la cultura arqueológica amerindia del Mississipi, con tribus agrícolas, organizadas en forma de cacicatos, que cultivaban maíz, frijol y calabaza. Asimismo, en las Grandes Llanuras predominaban pueblos agricultores sedentarios que comerciaban con cazadores nómadas, mientras que en la costa noroeste y California prosperaban sociedades de cazadores-recolectores con tradiciones en pesca y cestería. El contraste entre ambos contextos históricos es evidente: la primera dinastía de emperadores chinos se puede fechar dos siglos antes de nuestra era. En este mismo tiempo, en las llanuras norteamericanas había sociedades seminómadas de cazadores-recolectores. ¿Será por esta razón que Xi invitó a Trump al complejo del Altar del Cielo?
En este marco patrimonial y con ese trasfondo histórico, Trump y Xi mantuvieron un diálogo. En materia comercial, Trump planteó el tema de los aranceles. Sin embargo, China tiene una menor dependencia económica de Estados Unidos que a la inversa. Diversos análisis económicos indican que, en una guerra arancelaria, ambos países sufrirían pérdidas, pero Estados Unidos tendería a experimentar un mayor impacto en el bienestar del consumidor y en la inflación, mientras que China enfrentaría un efecto más acotado, concentrado en los márgenes de beneficio empresarial y en el volumen de exportaciones directas.
En el ámbito energético, Trump propuso que China colaborara para reabrir el estrecho de Ormuz, con el argumento de facilitar el comercio de petróleo iraní hacia China. No obstante, fuentes oficiales chinas indican que el país solo adquiere de Oriente Medio aproximadamente el 13 por ciento del petróleo que consume. Además, China tiene acceso al petróleo ruso y dispone de reservas significativas.
En el terreno tecnológico, Trump podría haber considerado la dependencia china de semiconductores avanzados y software de inteligencia artificial estadounidenses. Sin embargo, China controla una parte importante de la producción de tierras raras, materiales esenciales para la fabricación de chips avanzados.
Trump asistió a la reunión acompañado de ejecutivos de empresas tecnológicas, entre ellos Elon Musk, de Tesla, y Jensen Huang, de Nvidia. En el sector de vehículos eléctricos, los fabricantes chinos han ganado una cuota de mercado significativa frente a competidores internacionales. En el ámbito de la inteligencia artificial y los semiconductores, diversas fuentes señalan que la brecha tecnológica entre China y Estados Unidos se está reduciendo.
Durante el encuentro, Xi Jinping solicitó a Trump que congelase la venta de armas a Taiwán, una advertencia clara en el marco de la política de una sola China. También realizó una referencia, de forma más sutil, a la «trampa de Tucídides», concepto que alude a las tensiones entre una potencia establecida y una potencia emergente. Como resultado de la reunión, se anunció un pedido de 200 aeronaves Boeing, cifra inferior a los 500 que la compañía estadounidense esperaba vender. ¡Trump, si realmente comprendió el mensaje del presidente chino, se acordará durante mucho tiempo del Altar del Cielo! Quizás también se acordará que en octubre de 2025, un viernes, anunció imponer aranceles a China del 100 por ciento…

Joan Santacana Mestre (Calafell, 1948) es arqueólogo, especialista en museografía y patrimonio y una referencia fundamental en el campo de la museografía didáctica e interactiva. Fue miembro fundador del grupo Historia 13-16 de investigación sobre didáctica de la historia, y su obra científica y divulgativa comprende más de seiscientas publicaciones. Entre sus trabajos como arqueólogo destacan los llevados a cabo en el yacimiento fenicio de Aldovesta y la ciudadela ibérica y el castillo de la Santa Cruz de Calafell. En el campo de la museología, es responsable de numerosos proyectos de intervención a museos, centros de interpretación, conjuntos patrimoniales y yacimientos arqueológicos. Entre ellos destaca el proyecto museológico del Museo de Historia de Cataluña, que fue considerado un ejemplo paradigmático de museología didáctica.
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El texto destaca por su capacidad para convertir un encuentro diplomático en una lección de historia. La descripción del Altar del Cielo no es un simple detalle turístico, sino una metáfora del mensaje que China quiere transmitir: la conciencia de pertenecer a una civilización milenaria. Con un estilo ágil y reflexivo, el autor enlaza pasado y presente para subrayar que, en política internacional, la memoria histórica puede ser tan importante como la fuerza económica o militar.