El runrún interior

El runrún interior (177)

Pablo Batalla escribe en su dietario sobre las polémicas jornadas sobre la guerra civil organizadas por Arturo Pérez-Reverte o la lectura de 'Raros, heterodoxos, disidentes y viñetas del Carlismo', de Josep Carles Clemente.

/ un dietario de Pablo Batalla Cueto /

El runrún interior (176)

Lunes, 26/1/2026. Arturo Pérez-Reverte organiza en Sevilla unas jornadas tituladas «1936: la guerra que todos perdimos», bajo el auspicio de la Fundación Cajasol, de la que leo que nació en 2007 a partir de la fusión de varias cajas de ahorros. Yo me pregunto cuántos botines saqueados y cuántos nuevos ricos de 1939 encontraríamos a poco que rascáramos la historia de tales cajas. Y a la primera búsqueda aleatoria que hago, me encuentro con Federico Mántaras, de la Caja de Ahorros de Jerez, de quien se hace esta semblanza laudatoria en un diario gaditano:

«Licenciado en Derecho, tuvo por su profesión una presencia muy activa en la vida social de nuestra ciudad, con la implicación y participación en diferentes estamentos, tal fuera la Hermandad de Nuestra Señora de las Angustias de la que fue miembro y prioste en diferentes directivas. […] En el año 1939 fue nombrado director gerente de la Caja de Ahorros y desde entonces, y a pesar de los difíciles años de la posguerra, la entidad comenzó su fulgurante despegue, porque hasta su llegada había sido primordialmente Monte de Piedad. Gracias a su gestión se inauguró la oficina de la calle Francos, así como una nueva sucursal en La Línea de la Concepción. Debido a ello, la expansión de la Caja fue notable, haciéndolo con la apertura de nuevas sucursales en la mayoría de los pueblos y localidades de la provincia de Cádiz. Este periodo de desarrollo cobró su máximo apogeo a partir de 1959, fecha en la que se inauguró el edificio de la plaza del Arenal […]».

Para haber sido aquella «la guerra que todos perdimos», cuánto ganaron algunos.


Martes, 27/1/2026. En Estados Unidos tienen un Gobierno de degenerados que amnistió a gente que había asaltado un parlamento con hasta una sudadera que ensalzaba Auschwitz, y cuyo último hito es meterle diez tiros a bocajarro a un enfermero. En España, Vox sueña con importar el modelo y el PP está dispuesto a hacer ministros a sus hombres. No se lo podemos permitir.


Miércoles, 28/1/2026. «En España la derecha y la izquierda se distinguen porque unos sienten predilección por la humillación, mientras que otros la detestan. El Frente Popular es, entre otras cosas, la comunidad de aquellos que aborrecen la humillación». Lo decía André Malraux en 1937 y sigue siendo verdad.

*

España sale de la lista de países libres de sarampión infantil, según la OMS. Un triunfante atentado contra la salud pública, perpetrado por la idiocia antivacunista. Que nunca entenderé. Renunciar a las vacunas es como renunciar a la rueda; decirle que no a uno de los cuatro o cinco grandes descubrimientos de la historia de la humanidad. Peor que renunciar a la rueda, en realidad. Moverse caminando o en burro es menos idiota que no querer curarse la puta viruela.


Jueves, 29/1/2026. Me cuenta un amigo una percepción que tiene en las últimas semanas, referente a la evolución de algunos amigos y amigas de izquierda con los que comparte la sensibilidad, la racionalidad y bastantes análisis, pero a los que, en los últimos tiempos, les escucha con respecto a Trump, Europa, la OTAN, etcétera, unas posiciones que le parecen de un simplismo absoluto, del orden del «todos son iguales», todo es una mierda, todo está corrompido, etcétera. Se ha dado cuenta, me dice, de que lo que le sacan son los típicos argumentos de La Base y de Podemos, a pesar de ser gente que se ha quedado muy decepcionada con la experiencia Podemos y que nunca va a votar a Podemos. Es decir, el partido de Pablo Iglesias, indudablemente menguante y menguado, pero al que se le ha dejado vivir al no oponerle una alternativa realmente atractiva, es capaz, no solo de persuadir a personas cuyos votos pesque, sino de conformar la opinión incluso de gente que no le va a votar; llevarla al nihilismo, a una posición anti-todo y que no se traduzca en nada. Es bastante terrible.


Viernes, 30/1/2026. Moriche: «Qué distinta tonalidad adquieren una vida cultural y una esfera pública cuando su literato popular por antonomasia es un escritor formidable, ciudadano ejemplar y ser humano fascinante, como era Antonio Gala, o cuando no es ninguna de las tres cosas, como es Arturo Pérez-Reverte».


Sábado, 31/1/2026. Me pongo con un librito de 1995 titulado Raros, heterodoxos, disidentes y viñetas del Carlismo, de Josep Carles Clemente, y descubro al conde de España, un confuso y siniestro sujeto francés —Charles d’Espagne se llamaba—, que viviría un final macabro en la España salvaje de la era fernandina y la primera carlistada. Este supuesto aristócrata —que parece ser que se había inventado todos o parte de sus títulos—, que había luchado en la guerra de la Independencia, trabajó primero para Fernando VII en la represión de las partidas ultrarrealistas: aquellos grupos, precursores del carlismo, que se habían vuelto antifernandinos por la (ultra)derecha, indignados con la negativa del rey a restituir la Inquisición después de terminar con el Trienio Liberal. El conde ejecutó a decenas de sus cabecillas y envió a otros muchos al presidio de Ceuta. Pero luego se unió a las huestes del pretendiente en la primera guerra carlista, durante la cual cimentaría —escribe Clemente— una «fama popular de persona atrabiliaria, sanguinario y de intemperancias propias de un enfermo, de un paranoico». Era sádico con los enemigos y también con los propios, y algunos propietarios carlistas acabaron pegándole un toque al pretendiente, hartos de la política de tierra quemada del conde, que ordenaba incendiar pueblos y cosechas enteras con objeto de que no se aprovecharan de ellas los liberales. Se sospechaba, por otra parte, que negociaba en secreto con el enemigo, y entre eso y el rencor nunca disuelto de los malcontents a los que había martirizado en los años veinte, un sector de la Junta Carlista de Berga, en Cataluña, acabó decidiendo tomarse la venganza:

«Convencieron al pretendiente de su cese y, en una tumultuosa y siniestra reunión de la Junta en Avià, le detuvieron y, con el pretexto de pasarlo a Francia, para ponerle a salvo de antiguos realistas que querían su cabeza, fue conducido por Narciso Ferrer, sacerdote y miembro de la Junta, hacia la frontera. En Coll de Nargó, varios mozos de escuadra le dieron un estacazo en la cabeza, le derribaron del caballo y, pasándole un lazo por el cuello, lo ahorcaron. Le desnudaron y le ataron una gran piedra al cuerpo y lo tiraron al río Segre ».

La venganza se había cumplido, pero el cadáver del conde siguió viviendo aventuras:

«Parece ser que su cabeza fue separada del cuerpo y viajó de pueblo en pueblo como objeto de curiosidad y para quitar el miedo de represiones posteriores. La calavera fue entregada en Barcelona al doctor Mariano Cubí para que realizara estudios frenológicos. Más tarde, la cabeza fue entregada al doctor José Roset, que se la llevó a Filipinas para seguir estudiándola. Al morir este, fue entregada a la Congregación de la Buena Muerte, en la iglesia de San Agustín, de Cervera, donde fue expuesta. Los habitantes de aquella localidad catalana admiraron aquella calavera, llena de rayas y signos, que había pertenecido al conde de España. En 1859, el hijo del conde hizo desenterrar los restos de su padre para enterrarlos en el panteón familiar, en Mallorca, dándose cuenta de que faltaba la cabeza. En 1885, un nieto del conde averiguó que la cabeza estaba en Cervera, logró recuperarla y añadirla al resto del cuerpo. En la parte baja de la calavera figuraban las iniciales “C. de E.”, y se dice que el hueso occipital era mucho más abultado que el de los demás cráneos».


Domingo, 1/2/2026. Otro personaje novelesco del Diecinueve español: Bartolomé Posas Soler. Nos cuenta Clemente que

«había nacido en Sant Felíu de Codinas (Barcelona). De origen humilde, y después de servir como jefe de un batallón en el Vallés Occidental en la primera guerra carlista, se dedicó a la carrera militar. Según su expediente personal, su ingreso en el Ejército data de 1836, con la clasificación de oficial de Estado Mayor.

Amigo personal del general Cabrera, se alzó en los inicios de la guerra de los “matiners” con el grado de comandante, actuando sus fuerzas unidas a las de Jaime Mur en el combate del Hostal de la Arengada (Barcelona). A finales de 1848 e pasó a los isabelinos, tras fijar su defección de 30.000 duros y el grado de brigadier, sirviendo en las tropas gubernamentales contra los montemolinistas hasta el final de la campaña. En 1869 aparece, con el ya citado grado de brigadier, dirigiendo la insurrección republicana federal en El Ferrol».

El runrún interior (178)


Pablo Batalla Cueto (Gijón, 1987) es licenciado en historia por la Universidad de Salamanca, periodista y corrector de estilo. Ha sido o es colaborador de los periódicos y revistas Asturias24, La Voz de Asturias, Atlántica XXII, NevilleNueva Sociedad, Crítica.cl, Jot Down, La Soga, Nortes, LaU, La Marea, CTXT, Público y El País; ha dirigido A Quemarropa, periódico oficial de la Semana Negra de Gijón, y desde 2018 es coordinador de EL CUADERNO. Ha publicado los libros Si cantara el gallo rojo: biografía social de Jesús Montes Estrada, ‘Churruca’ (2017), La virtud en la montaña: vindicación de un alpinismo lento, ilustrado y anticapitalista (2019), Los nuevos odres del nacionalismo español (2021), La ira azul: el sueño milenario de la Revolución (2023), Yo podría haber sido Fidel Castro (2024), y La bandera en la cumbre: una historia política del montañismo (2025).


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