Estudios literarios

Mientras quede una rosa: miradas de John Berger

Javier Morales trae de vuelta a un autor que, escribe, «nos enseñó a mirar más allá del tiempo lineal y racionalista del capitalismo», y cuyo magisterio sigue muy vivo. Reseña su libro Álvaro Acebes.

/ una reseña de Álvaro Acebes /

En algún lugar de El cuaderno de Bento, uno de sus últimos libros, John Berger anotó que en estos tiempos duros «la esperanza es un contrabando que se pasa de mano en mano y de historia en historia». De ahí, concluía, la importancia y la necesidad de la escritura, aunque solo sea para observar la realidad de otro modo y perseverar en una ilusión. Tal divisa podría asistir también a Mientras quede una rosa (Cuatro Lunas, 2025), este libro de Javier Morales que es un luminoso homenaje de la obra y el universo artístico, social y político del escritor británico y, al mismo tiempo, una reflexión profunda sobre una búsqueda incansable y hoy quizás más urgente que nunca: la de repensar el modo en que nos relacionamos con el mundo e imaginar otras formas de futuro que sean más justas y solidarias. Morales, al igual que Berger, entiende la literatura como un medio para releer la historia, advirtiendo en los pequeños detalles que suelen pasar inadvertidos los signos de la desobediencia, de aquello que parece condenado a la derrota y, a pesar de todo, permanece. La literatura como un ejercicio de resistencia y compromiso, esas cosas aparentemente tan gastadas y, sin embargo, tan importantes.

Dicen que los libros de John Berger no se parecen entre sí, que cada uno es diferente al anterior, como si el escritor hubiera buscado deliberadamente una hibridez que lo apartase de géneros determinados. Textos indomables que están a medio camino entre el reportaje y la crónica, novelas que combinan poesía y dibujos, libros de arte en los que se conjuga la reflexión teórica con un exquisito lenguaje poético y la sagacidad crítica. Ahí están títulos incatalogables como Modos de ver, fundamental ensayo que partía del conocidísimo programa televisivo Ways of seeing que emitió la BBC en 1972 y presentaba el propio Berger; volúmenes de relatos como Puerca tierra o Una vez en Europa, textos que rescataban la memoria frágil del campesinado en un momento donde esos modos de vida y de trabajo se tornaban irrelevantes para el mundo moderno; novelas como Hacia la boda o King, que mostraban la cara menos amable de la Europa del bienestar; o libros constituidos por esbozos, miniaturas y pequeñas postales, como Fotocopias o Confabulaciones, en los que el lenguaje se reduce a la mínima expresión y la lente del escritor se detiene en acontecimientos cotidianos, proponiendo a partir de ese interés por lo pequeño y lo insignificante una celebración de la vida. Hablamos de una literatura que no discurre por fronteras conocidas, que se sale de sus propios goznes, donde la reflexión y la complicidad con el lector, invitándolo a mirar con otros ojos, se dan la mano, y que adquiere no pocas veces las formas de un itinerario espiritual y emocional amparado por una ilimitada curiosidad sobre los más variados temas. Por eso uno se atreve a pensar que a John Berger, viajero infatigable que se recorrió los rincones de Europa en su motocicleta Honda para conocer todo su paisaje rural, urbano y humano, le habría complacido sobremanera este libro. No solo por la delicadeza y la energía contagiosa que atesora, sino por lo que tiene de viaje personal, empeñado en capturar diversos momentos de la existencia de un autor cardinal en la literatura europea de las últimas décadas, pero también los de la trayectoria del propio Javier Morales, descendiente de campesinos andaluces que emigraron a Extremadura, periodista en Madrid, profesor de escritura creativa, escritor de novelas, ensayos y de algunas colecciones de cuentos excelentes como La moneda de Carver, defensor de causas ecologistas y en cuya vida, nos dice casi al principio del libro, la figura de Berger ha sido la de un compañero imprescindible.

Como muchos de los textos del propio Berger, Mientras quede una rosa no posee un orden o estructura concreta, sino que se compone de destellos y fogonazos que repasan las huellas del autor de Aquí nos vemos. Así, Morales examina los títulos y distintos pasajes de la vida y la trayectoria del escritor, deteniéndose en entrevistas, citas propias y ajenas, fragmentos de sus conferencias e intervenciones públicas hasta ofrecer un completo mapa de las preocupaciones éticas y los asuntos que vertebran su universo literario. Pero ese recorrido tiene poco que ver con los rigores de una autopsia académica; lo que prevalece, más bien, es una mirada cercana y cómplice, la de un lector entusiasta y agradecido, que se despliega con trazos sueltos, intentando iluminar todos los recovecos de una obra inagotable. Ya lo decía George Steiner: «Todo ejercicio de crítica literaria debería ser una deuda de amor». Y quizás sea por esto por lo que, como dice Manuel Rivas en el bellísimo prólogo de Mientras quede una rosa, este libro es también un «lugar de encuentros», un espacio donde reunir miradas, voces, opiniones y testimonios de otras personas que conocieron a Berger o se han visto influidas por su obra y pensamiento: cineastas como Isabel Coixet, el fotógrafo Gervasio Sánchez, los artistas Marisa Camino y Ángel Haro, el naturalista Joaquín Araujo, periodistas como Juan Cruz o los escritores Antonio Muñoz Molina, Javier Sáez de Ibarra, Jorge Riechmann y el mismo Manuel Rivas. No falta tampoco un homenaje a quien fue la traductora de Berger en España, Pilar Vázquez. A todos ellos, mientras comparten anécdotas y recuerdos, los reúne Javier Morales, entremezclando sus distintas visiones y perspectivas con la suya propia para acabar destacando la importancia y el ascendiente que la obra de John Berger ha tenido sobre ellos. El resultado es un sentimiento común de admiración, gratitud y respeto. El reconocimiento y la deuda con un pensador, artista y escritor al que no le costaba reivindicar para sí la etiqueta de comprometido y que no dejaba que esa postura se quedara en un mero depósito de intenciones; alguien que decía preferir la esperanza a la utopía y mostró siempre su solidaridad con los explotados y los humildes, preocupado por los desequilibrios entre la tierra y el hombre, la destrucción del planeta y la extracción ilimitada de sus recursos, que buscó su hogar en el mundo rural para documentar desde allí los retales de una realidad en trance de desaparecer y que escribía con la levedad, la precisión y el riesgo de un trapecista, evitando los clichés y los lugares comunes y dejando siempre que el misterio de su escritura se agazapara entre líneas hasta impregnar cada palabra de algo parecido a la verdad.

John Berger, dice Javier Morales, «nos enseñó a mirar más allá del tiempo lineal y racionalista del capitalismo» y ese magisterio sigue vivo cuando está a punto de cumplirse una década de su fallecimiento. Por eso, en estos tiempos confusos donde prima la prisa sobre la calma, el ruido sobre el silencio y la reflexión se ve obstaculizada por la palabrería y el insulto urge recuperar un referente ético como el de John Berger. Javier Morales nos lo trae de vuelta y el resultado de esa labor es un libro admirable, lleno de sensibilidad y belleza, que nos anima a seguir escuchando, mirando, esas dos operaciones indispensables que son el punto de partida para imaginar otro mundo y otras maneras de habitarlo.


Mientras quede una rosa
Javier Morales
Cuatro Lunas, 2026
216 páginas
19 €

Álvaro Acebes Arias (León, 1990) es licenciado en filología hispánica y profesor de Educación Secundaria. Doctorando en la Universidad de León con una tesis sobre la obra del escritor Rafael Chirbes, ha realizado además estudios sobre los distintos cauces de la narrativa española, con especial interés en figuras como Belén Gopegui, Marta Sanz, Isaac Rosa o Ricardo Menéndez Salmón. También ha participado en revistas, medios literarios y en organizaciones culturales como el Club Cultural Leteo de León o el Seminario Permanente Claudio Rodríguez de Zamora.


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