/ Mirar al retrovisor / Joan Santacana /
La supremacía económica china respecto a Estados Unidos —que hace unos años en este mismo espacio especulábamos que era una amenaza— hoy es una realidad difícil de discutir. La República Popular China supera a los yanquis en el producto interior bruto, siendo la mayor economía del mundo; además, es el mayor centro manufacturero mundial (genera el 30 por ciento del total mundial) y, por lo tanto, también supera a Estados Unidos en producción manufacturera e industrial.
Por otra parte, en comercio de bienes, el país asiático es el primer exportador mundial de mercancías, por lo que tiene un papel central en las cadenas de suministro globales; y por si ello no fuera suficiente, las proyecciones económicas actuales apuntan a que la cuota de producción industrial china se acerque, dentro de muy pocos años (hacia el 2030), al 45 por ciento. Estados Unidos solo aventaja al país asiático en el control del sistema financiero, basado en el dólar: una frágil ventaja para quien ha perdido el control de la producción industrial.
Como símbolo de este cambio a favor de China puede citarse el retroceso del sector del coche eléctrico norteamericano (Tesla) frente a los modelos chinos. Hace muy pocos años la industria automovilística liderada por el magnate Elon Musk parecía imbatible, pero en poco tiempo se ha hundido y en un año se desplomó más de un cuarenta por ciento. Hoy puede que asistamos al principio del descenso de los proyectos de robótica norteamericanos frente a los logros conseguidos por los ingenieros chinos. Y es que, mientras las universidades norteamericanas son combatidas por su propio gobierno como enemigos, el régimen chino recluta hoy a los mejores investigadores del mundo. En definitiva, se trata de rivalidades comerciales y económicas que, a la larga, se traducen en hegemonía militar y política.
Sabemos que las rivalidades económicas han sido el desencadenante de muchos conflictos armados que los historiadores denominan trade wars: así las llamadas guerras del opio, del Reino Unido y Francia contra China (1839-1842 y 1856-1860), causadas porque Londres quería abrir el mercado chino y corregir su déficit comercial con el Celeste Imperio. Su objetivo era asegurar la entrada de opio y ampliar los puertos y privilegios comerciales europeos en el centro de Asia, mientras que el Imperio chino quería limitar la penetración masiva de droga que envenenaba a su juventud.
Otro conflicto alimentado por las rivalidades económicas fue la primera guerra mundial (1914-1918), cuando el Imperio alemán y el británico competían por el control de materias primas en un contexto en el cual la industria alemana empezaba a sobrepasar a la británica.
También Estados Unidos alimentó innumerables guerras en Centroamérica a finales del siglo XIX y principios del XX con el fin de controlar las exportaciones de plátanos y materias primas. Por ello se les denomina tradewars o guerras aduaneras. Un ejemplo fue en 1922, cuando el presidente estadounidense Warren G. Harding aprobó una ley arancelaria que elevó la tasa promedio estadounidense al 38 por ciento. En respuesta, Francia aumentó los aranceles a los automóviles en un 45 por ciento, España incrementó los aranceles a productos estadounidenses en un 40 y Alemania subió los aranceles al trigo estadounidense. Fue una de las causas subterráneas de la Gran Depresión de 1929.
Finalmente, hay que recordar que las dos guerras de Irak, que se iniciaron con la invasión de Kuwait, tenían como causa fundamental el control de grandes reservas de petróleo, del precio del crudo y la deuda de Iraq, despues de la guerra con Irán.
En general, en todos estos casos las rivalidades económicas se manifiestan en la lucha por el control de rutas comerciales estratégicas, control de recursos estratégicos, imposición de aranceles, boicots o sanciones comerciales, etcétera.
Hay indicios suficientes para creer que estamos en el inicio de un período de desorden económico motivado por rivalidades como las que hemos descrito; se trata de un imperialismo que no quiere morir y otro naciente, joven, que lucha por la hegemonía. Al igual que muchos primates, como gorilas o chimpancés, los actuales dueños del mundo se pelean, ya sea por el territorio o por algunos recursos estratégicos. Leí que en 2019, en el Parque Nacional de Loango, en Gabón, un grupo de gorilas y de chimpancés que hasta aquel momento habían convivido en paz, e incluso habían colaborado, iniciaron una pelea por el control de una pequeña porción de territorio y los chimpancés atacaron a los gorilas, la mayoría machos. En uno de estos enfrentamientos, un grupo de dieciocho chimpancés se cruzó con una familia de gorilas. Un chimpancé capturó a un cachorro de gorila y los suyos no pudieron rescatarlo; los chimpancés jugaron con el bebé y lo patearon, hasta matarlo. Incluso después, una de las hembras adolescentes se quedó jugando con el cuerpo del bebé gorila durante al menos tres cuartos de hora.
Como puede observarse, mientras la manada siga al macho, no hemos evolucionado mucho desde la prehistoria…

Joan Santacana Mestre (Calafell, 1948) es arqueólogo, especialista en museografía y patrimonio y una referencia fundamental en el campo de la museografía didáctica e interactiva. Fue miembro fundador del grupo Historia 13-16 de investigación sobre didáctica de la historia, y su obra científica y divulgativa comprende más de seiscientas publicaciones. Entre sus trabajos como arqueólogo destacan los llevados a cabo en el yacimiento fenicio de Aldovesta y la ciudadela ibérica y el castillo de la Santa Cruz de Calafell. En el campo de la museología, es responsable de numerosos proyectos de intervención a museos, centros de interpretación, conjuntos patrimoniales y yacimientos arqueológicos. Entre ellos destaca el proyecto museológico del Museo de Historia de Cataluña, que fue considerado un ejemplo paradigmático de museología didáctica.
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Dice usted que el pib de China es superior al de USA
Según el FMI el pib USA es de 30 billones y el de China 20 en 2025
En las proyecciones para 2026 no hay variaciones importantes
De dónde ha sacado usted esos datos?
Ningún país puede ser hegemónico económicamente en las actuales circunstancias de una sociedad de consumo global
A quién le venderia China el grueso de su producción industrial si Europa y USA no se lo compraran
El resto del mundo no sería suficiente
Están todas las potencias sometidas a un juego de equilibrios económicos y financieros imposible de romper sin que caiga el conjunto
Y eso no le interesa a nadie, por mucha palabrería que gasten Trump y compañia
Es cierto que china tiene comprada deuda externa de EEUU. Es decir tiene bonos de EEUU.