Escenario

La Fosa: última obra teatral de Pedro Carrasco Garijo

Andrea García Casal reseña una obra teatral inspirada en el contexto de la guerra civil española, cuyos protagonistas terminan fusilados y enterrados en una fosa común.

/ por Andrea Garcia Casal /

«Por lo tanto, despojado del mundo, me desvanezco. […] El cadáver —visto sin Dios y fuera de la ciencia— es el colmo de la abyección. […] Extrañeza imaginaria y amenaza real, nos llama y termina por sumergirnos. No es por lo tanto la ausencia de limpieza o de salud lo que vuelve abyecto, sino aquello que perturba una identidad, un sistema, un orden. […] Todo crimen, porque señala la fragilidad de la ley, es abyecto, pero el crimen premeditado, la muerte solapada, la venganza hipócrita lo son más porque aumentan esta exhibición de fragilidad legal».

La filósofa Julia Kristeva concibió un profundo ensayo en torno a lo abyecto en su obra clave Poderes de la perversión (1980). A través de su lectura, es posible arrojar luz acerca de la estética de lo abyecto, es decir, de todo aquello que tiende a resultarnos repulsivo. Esta estética es mayormente conocida por explicar la abyección a partir de la escatología —rama de la fisiología que estudia los fluidos y desechos corporales—, pero en uno de los párrafos del ensayo, Kristeva se extiende en la idea de muerte como máxima abyección, sobre todo refiriéndose a la muerte propia.

El artista Pedro Carrasco Garijo, que además de dramaturgo también es novelista y pintor (Madrid, 1964), representa justamente la idea de muerte y abyección absoluta en su obra teatral La fosa (2020). Inspirada en el contexto de la guerra civil española (1936-1939), los cinco personajes protagonistas —y únicos en mostrarse físicamente durante la representación escénica— terminan siendo fusilados y enterrados en una fosa común. Sin embargo, ni el guion ni la puesta en escena son lúgubres, a pesar de que el tema mostrado resulte horripilante, pues no solamente se teatraliza la existencia de los personajes después de perecer, sino que estos intentan descubrir la causa de su asesinato, entre buenos momentos y fuertes discusiones. Siendo testigos ya cansados del sempiterno paso del tiempo, lo único que diferencia a los personajes entre el desarrollo del primer acto respecto al segundo es la apariencia esquelética, aludiendo a que sus cuerpos se van desvaneciendo. «[D]espojado del mundo, me desvanezco», argumenta Kristeva en su trabajo, pero, en realidad, Carrasco plantea que, en lugar de desvanecerse los personajes, se devanan los sesos y finalmente el espíritu, atascados en una realidad inimaginable.

La comicidad se encuentra inserta en el diálogo de los personajes, normalmente irónica y sarcástica, que se entremezcla con los arrebatos y la desesperación. El hecho de que los protagonistas estén fallecidos es algo que se encuentra en todo momento presente, y es habitual que, a lo largo de las conversaciones, se recuerde al público esta cuestión. Cuando dicho público, de golpe, vuelve a la realidad teatral una vez que el guion manifiesta la muerte de sus hablantes, la empatía se quiebra. Siguiendo a la filósofa Edith Stein, con el ejemplo de la obra Romeo y Julieta de William Shakespeare (1597), «[c]uando el bachiller enamorado cree sentir en sí la pasión de Romeo no es que esto signifique que cree tener un sentimiento más fuerte del que de hecho está presente, sino que siente realmente con pasión porque, mediante el ascua tomada en préstamo, ha elevado su chispita a llama que sin duda se extingue tan pronto como cesa aquel efecto» (Edith Stein: Sobre el problema de la empatía, 1917). Eso significa que la empatía de una persona con los actos de otra, incluso siendo fingidos, ficción, como en una obra dramatúrgica, se produce de una forma intensa; es una vivencia auténtica, que, sin llegar a apresarte la razón, te afecta de un modo u otro. El público integrado en La Fosa, de pronto, descubre que la empatía existe tanto en cuanto hay personajes humanos en la representación, pero estando fenecidos, se provoca una ruptura y se vuelven otredad. Se convierten en abyectos otra vez, como al inicio del espectáculo, y así se debate su permanencia.

Esto enlaza, a su vez, con la subcategoría estética de lo espectral, enunciada por el filósofo Karl Rosenkranz en su Estética de lo feo (1853). Pionero en la estética de lo abyecto, antecesor de las ideas de Kristeva, Rosenkranz advirtió que «[y]a habíamos hablado de lo muerto [en su obra]. Este se convierte en espectral cuando, contra su naturaleza, reaparece como viviente. […] Con la muerte se cierra para nosotros el más acá; la apertura del más allá a través de alguien que ya ha muerto tiene el carácter de una horrible anomalía». Con todo, esta noción de la muerte que retorna a la vida en La fosa no deriva en algo tan escalofriante, especialmente porque el tratamiento que se hace del asunto es muy realista, detallado, minucioso, dotando de absurdez, más que de terror, al argumento principal: los protagonistas, una vez muertos, siguen teniendo las mismas facultades cognitivas que en vida, y continúan con preocupaciones semejantes. Sin embargo, lo abyecto y lo espectral, ambos desde un punto de vista edulcorado, y sobre todo lo absurdo, son cruciales como pretextos para intentar hallar el origen del fusilamiento de los cinco desafortunados, a pesar de que termina complicándoseles encontrar una causa veraz para tal funesto final.

La filosofía existencialista de Albert Camus visibilizó la idea de lo absurdo de la vida en El mito de Sísifo (1942), estando castigado el rey Sísifo, por mandato divino, a empujar una enorme roca colina arriba durante toda su existencia, la cual, aproximándose al final del recorrido, volvía a caer, retomando el monarca todo el trabajo nuevamente. Por tanto, el punto de absurdez es muy necesario, no solo porque recuerda a los esfuerzos muchas veces innecesarios que realizamos estando vives, que se hacen palpables en los personajes que, de pronto, han sido ejecutados sin conocer la razón. Esencialmente, se trata de la motivación perfecta para introducir la principal preocupación de Carrasco para crear La fosa, es decir, cómo la banalidad del mal, concepto extraído de la filósofa Hannah Arendt, es capaz de introducirse en cualquier época y cultura de la peculiar humanidad, ocurriendo que, en la guerra civil española, las ejecuciones podían sucederse, aunque no siempre, por sistematizar el mal, sin que les asesines fueran totalmente conscientes del daño que estaban produciendo. O expresado de forma distinta, lo que entendemos por mal, por conducta maligna, perversa, no necesariamente es llevada a cabo por personas en sí malvadas, destructivas; estas pueden pensar que están haciendo su trabajo de la manera más correcta posible. En la banalización del mal, no hay bandos mejores ni peores, pero sí personas las cuales creen en un sistema, en una autoridad que se sobrepone a ellas y están, cueste lo que cueste, a sus órdenes. Pese a esto, si los personajes no son apenas abyectos como tal en La fosa, el trasfondo de la banalización del mal sí posee cierta abyección. Abyecto porque «todo crimen, […] señala la fragilidad de la ley», pues «lo que vuelve abyecto, [es] aquello que perturba una identidad, un sistema, un orden», afirmaba Kristeva en Poderes de la perversión. Lo curioso es que se establece una controversia entre quien ejecuta a una persona porque se lo exigen poderes superiores a sí mismo, y quien ejecuta por llana maldad. Un cuerpo muerto es la expresión absoluta de la abyección, no cambia en ninguna circunstancia, pero, si el crimen, el fusilamiento, está amparado en una hipotética ley, o por lo menos, en un mandato por encima de quien está matando para cumplir, ¿el crimen es igual abyecto? Al no perturbar el sistema propio que le está dirigiendo, solo cabe la esperanza de que sean los derechos humanos lo que verdaderamente dirimen sobre la cuestión.


Andrea García Casal ha realizado el grado en historia del arte, el máster en género y diversidad y el máster en formación del profesorado. También es redactora de artículos académicos, divulgativos y de crítica de arte en publicaciones nacionales e internacionales, además de miembro de prensa con acreditación, conferenciante y congresista. Su página web es <https://andreagoethe.wixsite.com/misitio/>. Su dirección de Instagram, @missgoethe_; su Twitter, @miss_goethe.


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