/ Mirar al retrovisor / Joan Santacana /
Como es sabido, Alexander Fleming descubrió la penicilina en 1928, pero no la patentó ni intentó enriquecerse con ella. Pensaba que un descubrimiento médico tan importante debía estar disponible para beneficiar a la humanidad. Ciertamente, recibió un gran reconocimiento: compartió el Premio Nobel de Medicina en 1945 con Florey y Chain, pero la penicilina no le hizo rico.
Fleming es un ejemplo de benefactor de la humanidad: gracias a su descubrimiento, millones de personas podemos hacer frente a enfermedades que antes eran mortales. Pero ahora las cosas son distintas. Si analizamos lo que está ocurriendo con la inteligencia artificial (IA), nos damos cuenta de que este invento, que constituye una infraestructura cognitiva y un gran avance para el conocimiento humano, está generando beneficios astronómicos para una pequeñísima élite que la mantiene como un auténtico oligopolio. Puede que alguien piense: «Bueno, ellos la crearon; es lícito que se beneficien». Pero esta afirmación está lejos de ser cierta: la inteligencia artificial generativa no surgió de un descubrimiento genial, ni se desarrolló por casualidad. Fue resultado de décadas de investigaciones públicas, desarrolladas y financiadas por universidades, con investigadores que a menudo eran becarios o becarias, y profesores que simplemente cobraban un sueldo. Además, todo ello fue posible porque se crearon infraestructuras impulsadas por los Estados, pagadas con el dinero de todos, y gracias a una web abierta al mundo entero.
Y ahora resulta que todo este impresionante legado tecnológico ha servido para crear un mundo mucho más injusto, en el que nos controlan a todos como a simples épsilons de Un mundo feliz. Por todo ello, creo que estamos ante el mayor robo de la historia reciente del mundo, el mayor desafío a nuestra capacidad crítica y a la más elemental ética.
La historia de Fleming nos muestra quiénes son los auténticos benefactores de la humanidad y dónde se hallan agazapados, cubiertos de oro, los más terribles depredadores del género humano.

Joan Santacana Mestre (Calafell, 1948) es arqueólogo, especialista en museografía y patrimonio y una referencia fundamental en el campo de la museografía didáctica e interactiva. Fue miembro fundador del grupo Historia 13-16 de investigación sobre didáctica de la historia, y su obra científica y divulgativa comprende más de seiscientas publicaciones. Entre sus trabajos como arqueólogo destacan los llevados a cabo en el yacimiento fenicio de Aldovesta y la ciudadela ibérica y el castillo de la Santa Cruz de Calafell. En el campo de la museología, es responsable de numerosos proyectos de intervención a museos, centros de interpretación, conjuntos patrimoniales y yacimientos arqueológicos. Entre ellos destaca el proyecto museológico del Museo de Historia de Cataluña, que fue considerado un ejemplo paradigmático de museología didáctica.
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