Danzad, danzad, malditos (en Benidorm)
Una vez que el mercado se ha dado cuenta de que los ‘mayores de…’ son piezas útiles para mover por los cinco continentes, la vida se convierte en un no parar, un agotar las últimas fuerzas en una suerte de torbellino (pegados al WhatsApp como cualquier quinceañero) que sólo detendrá el último latido de su corazón. Un artículo de Pedro Luis Menéndez.
