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Matías Candeira: «La literatura se tiene que apartar de la mansedumbre»

Matías Candeira es autor del volumen de relatos "Ya no estaremos aquí" (Salto de Página, 2017)

/ por Rosa Márquez /

Matías Candeira (Madrid, 1984) pertenece a ese grupo de escritores precoces que, como Mery Shelley, Ernest Heminway o Bret Easton Ellis, empezaron a publicar con poco más de veinte años, así que a sus treinta y tres, lejos de ser una promesa, ya es todo un veterano: ha escrito tres libros de cuentos y una novela, ha ganado multitud de premios con sus relatos y acaba de obtener la prestigiosa beca Leonardo a la Creación Artística que concede el BBVA. Quedamos con él en el céntrico barrio de Malasaña donde vive “hasta que me gentrifiquen” dice, para hablar de su último libro Ya no estaremos aquí (Salto de Página, 2017), un compendio de nueve historias distópicas tan inclasificables como su autor.


Pregunta.- Dice Antonio Navalón que los millennials no han aportado una sola idea al mundo más allá de los filtros de Instagram. ¿Se reconoce en los miembros de su generación?

Respuesta.-  No me reconozco en la idea que tiene este señor de los millennials. Se nota que vive en su burbuja editorial, como cuando le preguntaron a Zapatero cuánto costaba un café y dijo que un euro, signo de que no iba muy a menudo por cafeterías normales. La gente de mi generación hace muchas cosas, tantas que a veces me dan envidia, yo querría hacer más pero no me llega el tiempo.

P.- Ha definido el mundo literario como un “ente amorfo que sufre de incontinencia urinaria”. ¿Tan rancio es el panorama de la literatura actual?

R.- (Ríe) Eso lo suelto en las entrevistas para dar un titular. El panorama literario actual es muy interesante, de hecho a mí no me da la vida para leer tantos los libros buenos que salen cada año porque son muchísimos. En ese sentido hay una competencia muy fuerte y eso está bien, significa que los que escribimos tenemos que esforzarnos más.

P.- Y sin embargo la cola más larga para firmar ejemplares en la feria del libro de este año fue la de una youtuber.

R.- La cola más larga, este y todos los años, siempre es la de alguien que no tiene que ver con la literatura: un cocinero, una presentadora, un peluche… El contenido youtuber es plano y usa un lenguaje diferente que no sirve para la literatura. Ni siquiera los booktubers, que están especializados en libros, hablan de nada interesante más allá de la literatura juvenil y es una pena porque podrían ser un canal de difusión importante ahora que en televisión apenas hay programas de crítica literaria.

P.- El primer relato de su libro es un homenaje a El guardián entre el centeno, con un personaje que se podría calificar como el reverso tenebroso de Holden Caulfield. ¿Cómo se atreve a desmotar semejante mito literario?

R.- Me atreví porque me gusta mucho esa novela y llevaba años obsesionado con la frase que da título al libro. La cita tiene un componente onírico que va muy bien con la textura de las pesadillas y con esa voz en segunda persona apocalíptica y un poco bíblica que uso en el relato.

P.- Con ese humor negro que se gasta sabe que nunca llegará a concejal de cultura, ¿verdad?

R.- Como mucho iré al infierno, pero la literatura tiene que ser incómoda, apartarse de la mansedumbre y rebelarse contra el status quo. Por eso uso el humor negro.

P.- Dice que su obra se mantiene fiel a un estilo y unas obsesiones. ¿Qué obsesiona a Matías Candeira?

R.- Me obsesiona el lenguaje, lo siniestro o lo que está fuera de los discursos de la tranquilidad: la desviación de la norma.

P.- En cuanto al estilo, su prosa tiende a la lírica. ¿Le habría gustado ser poeta?

R.- Sí, me hubiera encantado, pero le tengo tanto respeto que cuando intento escribir poesía me cortocircuito. Al final me ha resultado más fácil insertarlo en los relatos y la novela, porque creo que la poética no está reñida con la narrativa.

P.- En su novela, Fiebre (Candaya, 2015), el tema es el duelo por la muerte de un padre al que el protagonista apenas conoce. En Ya no estaremos aquí casi todos los relatos abordan las relaciones entre adultos y niños. Freud diría que hay algo edípico en todo esto, ¿no cree?

R.- (Risas) Freud me convertiría en objeto de estudio. La relación conflictiva entre generaciones es un tema recurrente en mis libros. De la familia siempre se pueden sacar ideas, por ejemplo la herencia: no querer parecerte a tu padre y terminar heredando su destino. Aquí no he tratado tanto la paternidad como la frontera entre adultos y niños que intentan dialogar pero no se entienden.

P.- ¿Quiénes son sus padres literarios?

R.- Kafka y en este libro Salinger.

P.- Charles Bukowski trabajó durante quince años como cartero, Lucía Berlín limpiando casas, Donald Ray Pollock en una fábrica de papel y usted como pescadero. ¿Se aprende mucho cortando merluzas?

R.- La verdad es que solo trabajé tres meses, pero queda bien ponerlo en la biografía como elemento romántico. La escritura nunca ha sido un trabajo oficializado con el que se pueda sobrevivir, de ahí que se recurra a otros empleos, normalmente de baja cualificación, porque un buen trabajo quita muchas horas y un autor necesita tiempo para pensar. Nuestro imaginario es limitado, cuantos más libros escribes más difícil es encontrar temas para nuevas obras. De hecho no estoy a favor de sacar un libro al año porque creo que la calidad se resiente.

P.- Sin embargo hay autores como Stephen King que sacan más de uno…

R.- A nivel literario Stephen King no es William Faulkner, es un artesano que, como Alfred Hitchcock, toca una cuerda en el inconsciente colectivo que funciona, lo que le diferencia de otros escritores de best sellers. El suyo es un compromiso enfermizo con la literatura. Yo escribo de media unas tres o cuatro horas al día porque no aspiro a vivir de mis libros, él sí.

P.- Además de escritor es profesor. En Facebook seguimos con mucho interés las historias de unas alumnas a las que llama “las señoras de la biblioteca”, un grupo de jubiladas a las que da clase. ¿Existen de verdad?, ¿encontraremos entre ellas a la próxima Alice Munro?

R.- Existen pero ninguna será la próxima Alice Munro porque no escriben, son un club de lectura. Les imparto un taller de libros de guerra y ellas se quejan porque los textos que comentamos son muy dramáticos, tendré que encontrar temas más alegres.


Matías Candeira (Madrid, 1984)

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