Columnistas

Terrorista es el que te llama terrorista

El periodista peruano Marco Avilés analiza los últimos acontecimientos en Lima tras el indulto a Fujimori.

[Foto de portada: Apagón de las luces en la plaza Dos de Mayo de Lima durante la marcha contra el indulto a Fujimori la noche del pasado 11 de enero]

/ por Marco Avilés /

El Perú es ese país-laboratorio donde crecimos escuchando que quienes protestábamos contra Fujimori éramos terroristas. Salían los estudiantes: terroristas. Salían los maestros: terroristas. Salían las víctimas: terroristas. El significado de la palabra se pervirtió. “Terrorista” ya no era el terrorista que se enfrentaba al país sino el ciudadano que le hacía preguntas a Fujimori: ¿Por qué estaba mandando matar gente, Presidente? ¿Con qué dinero estudian sus hijos en el extranjero, Presidente? ¿Por qué su socio le da un millón de dólares al dueño de ese canal de televisión, Presidente? Protestar es hacer estas preguntas en público, pero en el Perú se le llama terrorismo.

El discurso de Fujimori era convincente. Una vez mandó dinamitar un edificio entero y responsabilizó a los manifestantes llamándolos terroristas. Seis personas murieron para que el adjetivo pudiera ser usado en nuestra contra. Poco después Fujimori cayó, como caen todos los dictadores, pero los Presidentes que vinieron después siguieron empleando la misma dinamita contra sus detractores. Toledo, García, Humala y ahora Kuczynski bombardean desde Palacio con el mismo leguaje. El “Terrorismo” ya no es un crimen que debe ser denunciado con pruebas sino una etiqueta que usan los políticos para perseguir a quienes los critican. Lo usan presidentes, congresistas, columnistas, lobistas, alcaldes, periodistas, “influencers”, niños y cualquier ciudadano que no ha tenido tiempo de dudar de la propaganda. El gobierno te insulta, te miente, te roba, y te tienes que callar, “rojo de mierda”, “odiador”, “caviar”. Replicar es terrorista.

Columnistas y troles atacan con el mismo detonante. ¿Por qué salen a marchar, comunistas?, te dicen desde la comodidad de sus hogares u oficinas, usando un lenguaje de la Guerra Fría. Un detalle es importante.

Durante las décadas de Sendero, Alan García y Fujimori (décadas de apagones, masacres, bombazos, toque de queda), los limeños nos refugiamos en espacios seguros y aprendimos a divertirnos entre cuatro paredes. Los espacios públicos parecían un lujo del Primer Mundo. ¿Para qué íbamos a construir parques o plazas o alamedas en una ciudad en guerra?

El tiempo pasó. La paz llegó. La economía mejoró. Sin embargo, en pleno 2018 seguimos siendo la misma ciudad de gente que vive recluida. Una ciudad enrejada por la sospecha. Una ciudad de gente que no puede ni quiere caminar. Una ciudad de gente que no puede o no quiere caminar porque quién va a hacerlo con nuestro tráfico infernal. Una ciudad donde el alcalde gobierna para los carros haciendo todo lo posible (amplía pistas, destruye parques, tala árboles, elimina playas) para que los ciudadanos sigamos encerrados en nuestra vida privada, igual que en los años ochenta. Lima es una ciudad planificada desde la perversión: el objetivo es tener a la gente encerrada (en casa, el restaurante, el centro comercial) porque, cuando la gente sale, se conoce, se conecta, se mira en el otro y se expresa.

La palabra “terrorista” es parte esencial de ese paisaje minado. Lo que te dicen los gobiernistas para que te quedes encerrado mordiéndote la lengua. Pero aquí no hay ganadores: incluso ellos son víctimas de este diseño autodestructico. No importa a qué político sigas: lo sigues entre cuatro paredes.

Por eso, la protesta en la calle le jode y atemoriza tanto al Gobierno. Con ella saboreamos libremente la ciudad que nos han quitado, y podemos soñar con un país distinto. Uno donde nadie te llame terrorista solo por hacer preguntas fuera de casa. Uno donde podamos ejercer la peligrosa rebeldía de caminar o bailar o cantar en la vía pública, si te da la gana.

Tenemos que salir y salir y salir para llegar a ser ese país. Y si alguien te dice “terrorista” desde su ventana, no pierdas demasiado tiempo respondiéndole. Un día ese trol también podrá salir de casa y será feliz. También protestamos por ellos aunque ellos no lo sepan.


Alberto Fujimori (Lima, 1938)

Acerca de El Cuaderno

Desde El Cuaderno se atiende al más amplio abanico de propuestas culturales (literatura, géneros de no ficción, artes plásticas, fotografía, música, cine, teatro, cómic), combinado la cobertura del ámbito asturiano con el universal, tanto hispánico como de otras culturas. Un planteamiento ecléctico atento a la calidad y por encima de las tendencias estéticas.

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