Música y danza

Filosofía en Danza (II)

Es evidente que los investigadores sobre danza están desperdigados y, efectivamente, hay iniciativas y actividades puntuales sobre danza, digamos de corta estancia, que inciden en la necesidad de meter lo dancístico en el orbe académico, que tenga una presencia algo más que testifical y lúdica. Y, ojo, teniendo en cuenta que no toda la investigación que se realiza necesariamente parte del ámbito académico. A esto habría que unirle una mayor y mejor presencia en medios de comunicación.

La filosofía del cuerpo en el cuerpo de la filosofía

Los tres pasos de la filosofía

/ por Yolanda Vázquez/

Fenómeno y movimiento, butosofía, grados de racionalidad, dualidad física (hombre_realidad, danza_espejo), teoría, historia y razón filosófica de la danza… Estos fueron algunos de los parámetros de estudio que sirvieron de nexo aglutinador de un encuentro tan necesario como innovador: el I Congreso Internacional de Filosofía de la Danza que se organiza en España. Una cita que congregó meses atrás, en la Universidad Complutense de Madrid, a más de 250 especialistas en la materia. El encuentro, que se inscribe en un momento de nacimiento y expansión de la investigación académica sobre la danza, sirvió para traer al frente la necesidad de pensar y escribir sobre danza en España; precisamente en España, un país que baila desde siempre, desde que sus primeros pobladores, los íberos, construyeron sus sueños a orillas del Mediterráneo. La cita internacional, que se celebró durante cuatro días del pasado junio, estuvo organizada por tres mujeres filósofas e investigadoras, una de ellas asturiana, y permitió tender puentes entre personas, puntos de vista y necesidades, un aspecto no poco importante; de hecho, se antojó uno de los que más.


Se puede decir, sin riesgo a equivocarse mucho, que a pesar de la escasísima repercusión mediática que obtuvo una cita de estas características, el hecho de que en una universidad de tanta referencia como la Complutense se interesara por ceder espacios y medios para que algo así pudiera ser posible es un paso de gigante. Además debe tenerse en cuenta que, y esto no es un aspecto menor –al contrario–, el momento que vive la danza en España (ballet, contemporáneo y flamenco, fundamentalmente) es de creación constante, de ebullición de nuevas propuestas, de jóvenes que arriesgan y agotan sitios y fechas y exprimen al máximo oportunidades de todo tipo, poniendo en situación de franca competencia a los artistas, compañías y creadores establecidos hace tiempo. Si bien no todo vale, esta coyuntura puede calificarse de buena a muy buena; entre otras cosas porque la danza, siempre a su escala, se consume y, lo más importante, está haciendo público nuevo y es más heterogéneo. Y esto al margen de situaciones tan desagradables como la sufrida por la compañía de Teresa Nieto, una lamentable desaparición que obedece a parámetros más antiguos y gestiones culturales que solo han querido asegurar sus propias líneas rojas. Modos de hacer solo analógicos. El error y su conserva.

Y precisamente eso es lo que han intentado hacer tres mujeres, cada una desde su perspectiva filosófica y de investigación, al poner en marcha una idea que partió de la ovetense Olaya Aramo y que “superó todas las expectativas posibles e imaginables. No podíamos imaginar la cantidad de propuestas que recibimos y tuvimos que discriminar”, explica Ia bilbaína Ibis Albizu. “Cuando lo preparábamos, estábamos convencidas de que nosotras tendríamos que rellenar huecos, poner contenido; y nos encontramos completamente desbordadas. Al final tuvimos que simultanear mesas y ponencias”, añade Albizu una vez pasado el cónclave, una valoración con la que coinciden unánimemente Aramo y la madrileña Victoria Mateos, las otras dos integrantes del equipo organizador.

Ibis Albizu, filósofa de conocida trayectoria afincada en Madrid, y que el pasado mayo presentó, también en la capital, y de la mano del crítico de El País Roger Salas, un libro de ensayos breves sobre danza y filosofía, Entreactos, fue una de las cabezas visibles más importantes para los más de 250 asistentes al congreso. Especialistas, bailarines, investigadores, coreógrafos y docentes compusieron una masa heterogénea y crítica que durante cuatro días no dejó de asistir a una sola cita con la danza investigada, por larga que fuera la jornada, que siempre contó con doctrina et usu. La magia de la ensayista Ibis Albizu (nombre científico que bien pudiera ser de un ave) fue el montante sobre el cual pivotó el engranaje en directo de una cita que se vio desbordada desde el principio en ponencias, asistentes y solicitudes y, sobre todo, en participación. Y tanto se vino arriba el tema, que hubo que simultanear mesas y conferencias, haciendo de los pasillos del edificio de Filosofía y Letras un sugerente correveidile de bailarines, estudiantes, doctorandos y maestros; la física y la química juntas. Pero durante los días que duró el congreso no se acercó ni un solo medio de comunicación a interesarse por el evento. Cosas.

Albizu, quien en su momento explicaba en Radio Nacional de España por qué es bueno unir pensamiento y movimiento y organizar un congreso, decidió encaminar sus pasos investigadores hacia tesis que explicaran los conceptos académicos del ballet y su porqué; algo que en principio parece muy obvio, pero que no lo es tanto, entre otras cosas porque con la danza siempre ha habido crítica (la de los montajes, estrenos y artistas), pero no escritura. Esa singladura la llevó a buscar en la historia de la filosofía pistas en muchos pensadores que hubieran tenido en cuenta, en sus argumentaciones e idearios, aspectos que tuvieran que ver con la danza y el individuo. Y, claro, la resultante es que se descubren cosas desde Aristóteles, por decir algo.

Así que la cita internacional debía girar en torno a varias cosas, tal y como las tres organizadores pusieron en común: filósofos y danza, fenomenología, feminismo, o la figura un tanto obsesiva de Friedrich Nietzsche, el dualismo entre el concepto técnico y el concepto expresivo, el danzante y el individuo. Pero la filosofía, igual que la danza, no es ajena a las modas y se empapa “de temas candentes o que están latentes en la actualidad, como las teorías queer”, precisa Albizu. Y a renglón seguido matiza: “La danza y la filosofía no son ajenas a esas modas, ni a los convencionalismos; un congreso como este trataba, en parte, de poner algo de equilibrio en todo eso, pero en donde a la vez todo eso esté presente; como si se presentara de una forma serena y con distancia, digamos”.

Pero la filosofía, el nudo léxico desde el cual se hizo carne el hecho bailado, proporcionó terrenos para la tienta, como se diría en argot taurino, con el indiscutible deseo de “normalizar la situación de la danza en España. Es una sensación real, la danza reclama su propio espacio académico de forma regular con nivel y altura”, argumenta Albizu. Y continúa: “Falla, en parte, la legislación pública, un hueco que la Universidad privada ha sabido aprovechar, ver ese filón y su demanda. Es verdad que los investigadores estamos algo desperdigados; creo que el congreso sirvió para ponernos a todos cara, relacionarnos y hacernos hueco”. Y también un dónde para que la danza tenga presencia en la Universidad. Es cierto: la tendencia hacia la investigación en el ámbito de lo dancístico, tanto contemplado desde el punto de vista de la salud como desde el punto de vista de la creación artística, aunque desde el primero ya se observa alguna que otra aberración; un peligro real. Al menos eso constató Stephanie Jordan a su paso por Oviedo durante la celebración de las Estancias Coreográficas del pasado verano.

Y con esa pretensión fue con la que se entretejieron los mimbres para que el encuentro internacional fuera tomando forma. Coincidieron varias cosas para que las tres filósofas se conocieran. La primera de ellas, el hecho de que Albizu había organizado en 2016, en la Residencia de Estudiantes de Madrid, una jornada sobre danza y filosofía que tuvo la suficiente repercusión en el mundillo como para que la parte de Madrid que interesaba que lo supiera se enterara verdaderamente. Y así fue como las tres entraron en contacto.

A raíz de lo cual la ovetense Olaya Aramo bosquejó la idea de organizar un congreso internacional sobre danza y filosofía que se desarrollara en Madrid. Es evidente que los investigadores sobre danza están desperdigados y, efectivamente, hay iniciativas y actividades puntuales sobre danza, digamos de corta estancia, que inciden en la necesidad de meter lo dancístico en el orbe académico, que tenga una presencia algo más que testifical y lúdica. Y, ojo, teniendo en cuenta que no toda la investigación que se realiza necesariamente parte del ámbito académico. A esto habría que unirle una mayor y mejor presencia en medios de comunicación. En este caso sería un poco al revés, que salga un poco más a lo analógico y que se pondere algo mejor la promoción digital, que falta hace.

Olaya Aramo, licenciada en Filosofía y doctora en Sociología, que siempre ha estado interesada en todas las gamas y acervos del tango, tenía inquietud por juntar en el mismo marco conceptual la danza y la filosofía, vistas más como estructuras correlativas y no tanto como fuerzas vehiculares. Y eso fue lo que la movió y compartió con Albizu y Mateos. “Para mí siempre fue importante que se fijara la idea de filosofía de la danza, ese era el deseo de base. Además, tenía la necesidad de recoger mi experiencia física personal desde la experiencia del cuerpo de la filosofía, y la necesidad de poner al cuerpo en el centro de la actividad filosófica”, explica con rotundidad Aramo. “Y encontré en la danza esa posibilidad”. Es decir, la asturiana encontró parte de la clave filosófica para que el entendimiento entre lo pensado y lo movido tuviera sentido y adquiriera intelectualidad.

Como campos de estudio, la filosofía y la danza son mundos muy amplios, forman parte del origen de la especie humana, “y el acercamiento a estas dos etiquetas es diferente. El congreso debía reflejar esa diversidad”, culmina Aramo. Y así fue.

Durante el encuentro destacaron sobremanera las clases sobre filosofía política, educación y danza, sobre fenomenología de la danza, incurriendo en la disquisición de la trascendencia de la danza entre el esquema y la imagen corporal; o también el abordaje de la danza como revelación poética de la existencia del hombre en la realidad encarnada. Un sinnúmero de temas entre los cuales también tuvieron cabida asuntos como el yoga, la performance, el teatro, el audiovisual, la experimentación robótica y la neurociencia, razón e imaginación o el territorio y su defensa (refugiados), o política y danza. La identidad de género y los feminismos también tuvieron su mecanografiado en el programa, de la misma forma que hubo un epígrafe para hablar de los filósofos que ensayaron la danza desde distintas épocas. Pero eso se hizo de manera crítica y distanciada, como en el caso de la figura de Friedrich Nietzsche (Alemania, 1984 – Weimar, 1900), uno de los pensadores_fetiche para este arte; quizá algo manido ya, pese a que la idea del pensante que baila es suya. Un moderno demasiado clásico, al menos en lo que a danza se refiere. Pero eso no quiere decir que no siga siendo fundamental, aunque haya que trascenderlo un poquito más.

Olaya Aramo, centrada ahora en sus investigaciones y en su quehacer sobre el tango desde una óptica amplia, incluida la de las teorías queer, entiende que “la mera ejecución de algo no completa la idea de lo que debería entenderse por arte”; hay que ir un poco más allá, y explica que “el desarrollo de la danza hoy surge de lo cotidiano, de lo que nos rodea”, dejando un tanto al margen los aspectos más individualizantes, “intentando caer en terrenos y ámbitos que pueden llegarnos, por qué no, desde lo karmático”.

Aramo entiende que hay que dejar a un lado determinados aspectos de la filosofía descendientes del ámbito más post-estructuralista con el ánimo de “rebasar de una vez el paradigma metafísico y cartesiano cuerpo-mente, que tanto ha constreñido el pensamiento con respecto a lo físico”. Un aspecto, hoy, mucho más que interesante, teniendo en cuenta las nuevas formas virtuales de relación humana y el cambio social y emocional que han supuesto.

Esa idea de trabajo múltiple ensambla perfectamente con las tesis interdisciplinares que defiende la tercera parte de este triunvirato. Victoria Mateos, doctora en Filosofía, es quizá el cuerpo internamente más filosófico de este trío. Aunque con una presencia menos elocuente durante los días de celebración del congreso, esta madrileña se nutre del estudio como fuente primordial de su trabajo. De tal modo que ahora sigue inmersa en argumentar lo que, siendo tan básico, no resulta tan obvio: “¿Por qué la filosofía empieza a escribir sobre danza, y por qué la danza se asocia de mano a lo dionisiaco y a su moral; lo que en cierto modo, y de manera un tanto burda, todos sabemos de lo de bailar y que en algunas ocasiones, como meros espectadores, no conseguimos traspasar?”. Una explicación completamente meridiana y, para según qué críticos, todavía presente. Lecturas antiguas.

Plantear investigaciones que traten temas interdisciplinares es algo que todavía hoy choca en el ámbito académico, y “hay que generar un cambio que se traduzca en verdadero apoyo a nuevas líneas de investigación”, dice Mateos, y no abortar caminos que puedan ser conducentes a teorías y tesis que realmente merezcan la pena. “Hay que dejar de lado cierta tendencia personalista y avanzar en práctica y generosidad”, continúa, facultando, nunca mejor dicho, caminos que lleven a lugares que abracen teorías desde la verdad con base científica, ideas incluso que validen terrenos y apuestas cuyo margen pueda resultar francamente estrecho; es decir, abordar también los límites, trascedentes e intrascendentes, aunque estén hechos de tecnología y/o de sensibilidad, que ejemplos también hay.

Porque un congreso de estas características “se puede montar teniendo en cuenta, además, que es una salida económica y fácil para visualizar obras, piezas y teorías que de otro modo no se podría”, explica Mateos, y “abandonar la idea de que el filósofo tiene el complejo de no saber bailar, y la del bailarín como alguien que no piensa, y también alejarse un poco de que lo que cuenta de verdad es la promoción pública del trabajo más que el trabajo en sí. Hay que seguir siendo respetuoso con el lugar que se dice aula”, culmina la filósofa madrileña.

Una de las fortalezas del congreso es haber abierto la puerta al trabajo al lado de las instituciones, algo que coinciden en valorar como “muy positivo” las tres filósofas. Seguir pidiendo apoyo para que puedan venir expertos de otros países “también es una forma de demostrar que en nuestro país ocurren cosas que tienen como base la danza”, tal y como ocurre en Francia, Alemania u Holanda, que tienen grandes citas internacionales de distinto carácter: congresos, bienales, premios y ferias. “Hemos tenido apoyo de profesores y gente que hay creído en nosotras, que ha puesto su nombre por delante desinteresadamente y eso es muy de agradecer”, coinciden las tres.

Una ‘Trasera’ hecha delantera

La sala ‘La Trasera’ en la Facultad de Bellas Artes de la Complutense fue el escenario en el que tuvo lugar la piel contra piel. Una sala enorme, vacía y ajena; estanca en todas sus espaciosidades, que permitió el conocimiento emocional de muchas cosas: danza y sinestesia a cargo de Helena Melero, una gozada estático-tecnológica a través del color y el tango, el nacer naciendo de Jonathan Martineau, el yo te pinto y luego tú me pintas a mí y lo sientes, podríamos decir, a cargo de la dulce Maite Larrañeta, o lo frágil en el baile flamenco de la mano de Fernando López Rodríguez, por mencionar algo de unos muchos.

Fernando López Rodríguez

Fuero cuatro días dedicados en exclusiva a la reflexión desde la dialéctica y el ejercicio físico con un programa de ponentes de gran talla y nivel. Por ejemplo, la participación de Jonathan Martineau, especialista en butosofía e investigación del movimiento y que abrió el congreso con la magnífica conferencia “La tecla del idiota. Sobre la inteligencia del movimiento”, un gozoso y matemático argumentario sobre cómo dice el cuerpo del danzante lo que tiene que pensar la mente de quien baila, para que de nuevo lo traslade al cuerpo y lo convierta en movimiento inteligente, movimiento pensante. Así de circular: fuera/dentro/fuera.

Va.


Apédice: Para quien esté interesado, en el siguiente enlace están los audios de las mesas redondas del I Congreso de Filosofía de la Danza celebrado en la Universidad Complutense de Madrid: https://congresofilosofiadeladanza.com/audios-mesas/

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