Creación

Bruno Montané

Candaya reúne en "El futuro" la obra poética del chileno Bruno Montané.

La poesía reunida de uno de los fundadores (junto con Roberto Bolaño, Mario Santiago y Rubén Medina) del movimiento poético Infrarrealista.

El futuro. Poesía reunida (1979-2016) recoge cuatro décadas de ejercicio tenaz y constante con las palabras del poeta chileno Bruno Montané en su empeño por pensar la vida a través del poema, esa “máquina / que elegimos para que el mundo reflexione”, y hacerlo, intentarlo al menos, inteligible y habitable.

A pesar de que no aparecen aquí testimonios directos de la prehistoria del poeta Bruno Montané, activo partícipe de la neovanguardia infrarrealista de la década de los setenta en México, mitografiada en Los detectives salvajes, pueden intuirse las urgencias y  desafíos de alguno de los poemas incluidos en El maletín de Stevenson, el primero de los poemarios, aunque matizados por la contención y plasticidad emotiva propias de su voz poética y que, según las certeras palabras de Roberto Bolaño, está “hecha de pinceladas suspendidas en el aire, de sangre suspendida en el aire”.

Desde una poesía no exenta de marcados acentos sociales y políticos, pero que huye del didactismo y la solemnidad, Bruno Montané captura las fisuras íntimas de una existencia precaria (“el dolor se talla y se detalla”) y plantea la actividad poética como una colección de asombros y  forma de resistencia contra esa realidad que tiende a devorarnos. De ahí que, junto al erotismo radiante o la necesidad de pensarse a sí mismo y restaurar una vida dañada, el sentido de perseverar en la escritura constituya la materia de este “jardín mental” por el que los cuatro libros que dialogan en este volumen (El maletín de Stevenson, El cielo de los topos Mapas de bolsillo y El futuro) nos invitan a transitar.

Montané es uno de los poetas sobrevivientes de la diáspora de escritores latinoamericanos afincados en Europa en los años 70 . Su poesía forma parte del mosaico histórico de las neovanguardias latinoamericanas y esta publicación, que resume casi cuarenta años de su itinerario poético, suma argumentos para comprender el canon poético latinoamericano de los últimos 40 años.

Comenta Ignacio Echevarría en el prólogo a esta edición: “Certeramente dijo Roberto Bolaño, mucho tiempo atrás, que esta poesía “está hecha de pinceladas suspendidas en el aire”, también “de sangre suspendida en el aire”. La técnica de Bruno Montané tiene, en efecto, al principio sobre todo, algo de la del acuarelista, o de los pintores de aguadas chinos. “Poco se necesita para escribir el poema, / poco se ha de necesitar para optar / por la precisión o el puro sueño”, declara con su humildad característica, en absoluto impostada. En cuanto a la gramática en que se sostiene ese arte de la suspensión, no pocas veces recuerda –pero se trata de sólo eso: de un recuerdo quizás arbitrario– a la de los haikús, con su síncopa fragilísima, su plasticidad tan emotiva. “Poco es imprescindible / para las raras leyes del poema, / para sus leves movimientos de baile”, continúa el poema cuyo comienzo acabo de citar. Y no es la menor sorpresa de este libro descubrir qué pronto intuye esto Bruno Montané”.

De izquierda a derecha: Jorge Morales, Bruno Montané, Ignacio Echevarría, Ana María Chagra y Jaime Rivera.

La boca es un dado negro
El torturador encapucha al torturado
y fuera de la cárcel un témpano
comienza a rozar los muros produciendo
un sonido que encaja en cada pulsación
de los voltios que huyen por el cuerpo tendido
o colgado de las barras de un catre oscilante
como un témpano.
Las preguntas quieren revisar una historia,
empotrar los fragmentos que faltan:
y la memoria busca una respuesta que camine
sin peligro por una pradera sin rascacielos
ni chozas, sin vientres desencajados y brazos
y piernas a punto de quebrarse por los golpes

 —

A veces la luz era un celeste microbio que me comía

Bajaba la luz que me comía,
y yo me iba con mo boquete rojo en el pecho,
un poco con la tráquea fuera, un poco con la lengua salida
por el agujero dejado donde antes estaba
el ojo que ella se había comido.
Y yo era niño, como tú, como nosotros:
veía en el tiempo lo que el tiempo
también es: pequeños patos diciendo cuá-cuá,
tablas que se convertían en casas,
en muros de calles o en garajes.
Y después, unos años más tarde,
la luz estaba debajo de tu pie,
escondiéndose de su propia deformidad,
huyendo de los espejos que ya había digerido.

Un lazo rojo alrededor

 No había final en tu abrazo
y ese momento era un pozo tan
grande como el paisaje.
Un lazo alrededor de tu cadera
o rodeando mi sexo.
Y tu presencia se hacía la rueda
donde la saliva se esparce y evapora,
mientras acariciaba tu espalda,
separaba tus nalgas y entraba en ti
tocándote el vientre y los senos,
dándote suaves mordiscos en la nuca.
Los dos cayendo hacia centros que
desde lejos avistábamos, como los exploradores
en una extraña leyenda donde todos están
frente a algo o alguien,
entre solitarios y felices.
 —

 

Un ángel sin derrota

 Viejo como una construcción
o como un cactus en el desierto.
Su mirada parece un tetraedro
entre los arbustos que ruedan
hacia ciudades y niñas recién nacidas.
Sus visiones son pura agua, nubes,
cuchillos huecos clavados en mesas huecas;
clavícula que tu abuela encuentra en la playa
la noche de borrachera en que joven y suave
nadó y nadó.
Santo que mira reproducirse un texto
bajo los triángulos oliendo a incienso,
niño que corre a buscar una rama fresca
para modelar el barro con que está
jugando en la orilla.
 —

Sesiones de pérdida

 Le interesaba una ceguera feliz
como los itinerarios de las hormigas
en los días soleados.
Una zanja de fuego en las laderas de carbón.
La idea con unos pantalones negros.
La cara manchada.
La única ayuda de una cuchara
que cae al vacío.
 —

El hueso

Cuando trabajo me llaman El Hueso.
Por las noches camino con una linterna
bajo los puentes.
Huelo el sueño de los vagabundos
y veo ventanas cerradas.
Desciendo a las cloacas
y en el escaso resplandor del agua
percibo el sueño de las ratas.
En mis visiones las calles
siempre están desiertas y,
si me esfuerzo, vislumbro
el movimiento de quienes duermen
encerrados en los edificios.
Por fin veo la luz de la mañana
arrojándose sobre el paisaje.
Me llaman El Hueso
Porque soy invisible.
 —

 

Consideraciones sobre un poema antiguo

Aquella gente que vi merendar
bajo un grupo de árboles, me parecieron
surgidos de un viejo poema.
Hacían algo que hoy poca gente hace.
Llegué a pensar que aquella escena
estaba configurada
como los versos de una vieja estrofa
en un poema ya desaparecido.
Lo que podríamos entender
en la lectura de un antiguo poema,
aparecía proyectado sobre los gestos
de aquella gente que comía
y descansaba bajo los árboles.
Había algo extraño en los rostros
de esas personas.
Sentí que aquel viejo poema
aún no estaba terminado
 —

Escrito 1

Escribir es una de las pocas metáforas
gestuales que nos recuerda lo pensado.
Hablamos y escribimos y siempre se habla de la vida.
El rigor de lo que pensamos tiene que ver
con la vida y ella es lo único que sucede,
lo que cada uno puede hacer mejor,
más deseable y necesario;
o todo eso que simplemente es porque
transcurre más allá del lenguaje,
porque a veces creemos que eso es
lo que este no atrapa y no hace nuestro.
(Sin duda, este texto es raro.)
La diferencia se halla entre lo inasible
y aquello que creemos que sí podríamos
llegar a conseguir.
Una distancia semejante
a la que late entre el uno y el otro,
ese viejo aliento que nunca nunca
se acaba de llenar.

El futuro (Poesía reunida 1979 – 2016)
Bruno Montané Krebs

Prólogo de Ignacio Echevarría
Candaya, 2018
348 páginas; 19.00 €


 

Bruno Montané Krebs nació en Valparaíso de Chile en 1957. Residió en México entre 1974 y 1976 donde fundó junto a otros poeta como Mario Santiago y Roberto Bolaño, el movimiento poético Infrarealista. Desde 1976 reside en Barcelona. Ha publicado Helicón

(1987), Cuenta (1998), El maletín de Stevenson (2002 y 2012), El cielo de los topos (2002), Mapas de bolsillo (2013) y Setanta-set poemes ( 2013). Traducido al catalán y alemán, ha sido incluido en diversas antologías y revistas de México, Chile, Francia y España como Revista de Bellas Artes, Berthe Trépat, Correspondencia Infrarrealista, Rimbaud vuelve a casa, Trilce, La zorra vuelve al gallinero o Litoral. Actualmente es editor de Ediciones Sin  Fin, editorial de Barcelona que recupera importantes poetas latinoamericanos como Jorge Teillier, Osvaldo Lamborghini o Carmen Ollé.

Acerca de El Cuaderno

Desde El Cuaderno se atiende al más amplio abanico de propuestas culturales (literatura, géneros de no ficción, artes plásticas, fotografía, música, cine, teatro, cómic), combinado la cobertura del ámbito asturiano con el universal, tanto hispánico como de otras culturas. Un planteamiento ecléctico atento a la calidad y por encima de las tendencias estéticas.

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