Crónica

Las vigencias de Marx

Resumen largo de la mesa redonda 'Pensar con Marx el capitalismo del siglo XXI', celebrada en el marco del congreso «Pensar con Marx hoy».

Pensar con Marx hoy

Las vigencias de Marx

Pablo Batalla Cueto asiste en Madrid al congreso Pensar con Marx hoy, que pasa revista al legado y a la vigencia de Karl Marx y su pensamiento cuando se cumplen doscientos años de su nacimiento; y EL CUADERNO publicará una crónica diaria suya de alguna de las conferencias plenarias celebradas durante los cuatro días que dura el evento.

Carlos Berzosa lee a veces este pasaje a sus alumnos sin adelantarles cuándo fue escrito, tras lo cual les propone que aventuren una fecha:

El extraño frenesí que ha convertido a Francia en una casa de apuestas […] no se ha ceñido en modo alguno a las fronteras galas. Esta plaga, que no sabe de fronteras políticas, ha cruzado los Pirineos, los Alpes y el Rin y, por asombroso que parezca, ha echado raíces en suelo alemán, donde la especulación en el terreno de las ideas se ha arrodillado ante la especulación en acciones de bolsa, el summum bonum ha hecho lo propio ante el avance del bono, la misteriosa jerga de la dialéctica ante la no menos misteriosa jerga bursátil y las aspiraciones de unidad ante las pasiones de los dividendos.

Suele sorprender a los estudiantes del que fuera rector de la Universidad Complutense entre 2003 y 2011 que ese texto que pareciera haber sido escrito ayer mismo es de Karl Marx y que data de 1856, cuando lo publicó en el diario estadounidense The New York Daily Tribune. Y a juicio de Berzosa, en esa sorpresa queda demostrada la extraordinaria vigencia del pensamiento marxiano. «El viejo Marx —sostiene el profesor— es más moderno que nunca» y proporciona pistas para entender incluso fenómenos tan aparentemente nuevos como la financiarización del capitalismo. Berzosa fue el 3 de octubre de 2018 uno de los ponentes de la mesa redonda Pensar con Marx el capitalismo del siglo XXI, celebrada en el marco del congreso «Pensar con Marx hoy». Completaban el cartel Juan Pablo Mateo Tomé, doctor en ciencias económicas por la Universidad Complutense y profesor de economía en la de Valladolid, y Diego Guerrero, profesor de economía aplicada en la Complutense. Ambos coincidieron con Berzosa en su convicción al respecto de esa vigencia y aun de que El capital fue desentrañando mejor las entretelas del capitalismo a medida que corrían los siglos, y en algunos casos es más certero como descripción del siglo XXI que lo que lo fue para el XIX. Tal y como expuso Diego Guerrero, Marx, de alguna forma, analizó un capitalismo todavía balbuciente o en desarrollo en comparación con el actual, mucho más puro y que en consecuencia responde mucho mejor a los grandes lineamientos esenciales trazados por el pensador.

Capitalismo canalla

Pertrechados de esa certidumbre de que —como reza el título de un libro de Terry EagletonMarx tenía razón, los tres ponentes dedicaron el grueso de sus intervenciones a señalar en qué la tenía especialmente; de qué vigencias concretas se compone el «núcleo duro» de lo que Marx puede seguir aportando al mundo de hoy. La principal de ellas, a juicio de todos los intervinientes, es la aplicación de la perspectiva materialista al análisis de los fenómenos económicos; el «partir —explicó Mateo Tomé— de la primacía de la esfera de la producción en relación con otros ámbitos y la de las relaciones sociales, y en concreto de las de producción, a la hora de explicar las categorías económicas en lugar de hacerlo en función de curvas de utilidad, propensiones subjetivas varias, aversiones al riesgo, etcétera». También se señaló como una de las claves de bóveda del marxismo el rechazo al individualismo. «El protagonista de esta película —expuso Mateo Tomé— no es Robinsón Crusoe, no es el individuo; no hay en el marxismo una perspectiva humanista como la que caracteriza a los enfoques neoclásicos pero también a los keynesianos y neokeynesianos, hoy muy de moda. Aquí el protagonista es una relación social impersonal: el capital».

Del pensamiento marxista se alabó y se reivindicó asimismo su enfoque holista; su idea de totalidad y de interdependencia entre niveles y estructuras, que en opinión de Carlos Berzosa es «fundamental recuperar hoy en día, cuando, por más que los Estados-nación sigan jugando un papel importante, vivimos una globalización que ya no solamente es una mayor circulación de mercancías y capitales, sobre todo el financiero, sino que se globalizan las mismas relaciones sociales de producción y por lo tanto las de clase. Hoy la plusvalía se extrae a nivel global», apostilló. Berzosa estuvo por otro lado de acuerdo con sus cotertulianos en que en todo caso ese enfoque holista, y la posibilidad concomitante de acuñar leyes generales del funcionamiento de la sociedad capitalista, no significa, como suele creerse y afirmarse, mecanicismo o teleologismo, acusaciones que han solido pesar sobre Marx y su pensamiento. Tal como explicó Mateo Tomé, Marx entendió, y lo entendió bien, «que el funcionamiento del capitalismo es susceptible de teorización; que no es azaroso, sino que hay una esencia o lógica basada en última instancia en la contradicción capital-trabajo y la teoría laboral del valor, que gobierna la dinámica global del sistema». Ello hace que sí sea posible acuñar, si no leyes generales, sí al menos una serie de tendencias o de pautas: por ejemplo, la concentración y centralización del capital, la formación de un ejército industrial de reserva sobre la esfera de la distribución del ingreso o el descenso de la tasa de ganancia. Y tiene que ver asimismo con la consideración de que los límites del modo de producción capitalista son endógenos y la crisis una necesidad del capital y no una mera posibilidad. Estas leyes/tendencias/pautas —explicó Mateo Tomé— «tienen un carácter social e histórico, no son algo natural, pero tienen también un carácter objetivo, puesto que no dependen de la voluntad humana, sino que es la relación social que constituye el capital la que condiciona esa voluntad». Ello significa —afirmó— que «no es posible determinar con la política económica el curso de los fenómenos».

Se señaló también en la tertulia que debe tenerse en cuenta que la obra que nos legó Marx es una obra incompleta, y que eso hace no sólo inevitable, sino incluso deseable, el desarrollo de diferentes interpretaciones; de diversos marxismos que colmaten esas lagunas. No todos ellos deben merecer, con todo, el mismo respeto a juicio de Mateo Tomé: «Por supuesto que hay grises, pero la existencia de los grises no impide la de los blancos y los negros; y hay interpretaciones que llegan a ser antagónicas con el núcleo duro del pensamiento marxista: la ley del valor; la creación de plusvalía como fuerza motriz del capitalismo; el análisis de clase, hoy muy desprestigiado y que no es que se complemente con otros, sino que en muchos casos se ve sustituido por otro tipo de contradiciones más relacionadas con el ámbito de la identidad y de los agravios, etcétera». Por otro lado, presuntas novedades con respecto al pensamiento marxiano, como el precariado, no lo son en realidad, tal y como afirmó el profesor Guerrero: «En la definición de proletario ya está esa precariedad», expuso. De hecho vivimos —sostuvo— un momento en que las advertencias de Marx sobre la proletarización y la depauperación son más atinadas hoy que en su propia época: sufrimos un empeoramiento general de las condiciones de trabajo y un ensanchamiento dramático de la brecha entre los países ricos y pobres, de tal manera que por más que «los países pobres ganan en términos absolutos, en términos relativos se vuelven cada vez más pobres con respecto a los ricos».

Auri sacra fames

Se incrementa también la competitividad, aunque sea entre empresas multinacionales monopolistas, y lo hace también el paro, que no ha dejado de crecer en términos absolutos en los países de la OCDE, década a década, desde los años cincuenta. «El ejército industrial de reserva es cada vez mayor, porque al ser las crisis cada vez mayores, también necesitan los capitalistas un colchón de seguridad cada vez más grueso», expuso Guerrero, el grueso de cuya intervención fue un derroche de expertise económica del que este humilde cronista, lego en tales menesteres, teme no saber reproducir correctamente los highlights. Intentémoslo con uno que, siéndonos abstruso, creemos haber sido capaces de taquigrafiar literalmente: disertó Guerrero por ejemplo sobre cómo hoy «aumenta la composición orgánica del capital y la contradicción que eso significa, porque equivale a matar a la gallina de los huevos de oro. El capital vive del plustrabajo y eso se genera con capital variable: el capital constante no crea valor. Sin embargo, como medio para sobrevivir y ganar en relación con los trabajadores y los competidores, el capital no tiene más remedio, por ejemplo, que introducir máquinas, y eso contradice porque sustituye el capital variable por capital constante. Eso repercute sobre la rentabilidad y genera crisis cíclicas y depresiones».

Guerrero también alabó de Marx su clarividencia «al hablar de la acumulación originaria. Él dice que esa acumulación se debe en parte a la violencia; que chorrea sangre y lodo. Pero se fija sobre todo en la violencia específicamente capitalista: la violencia del hambre, que condiciona y obliga a ciertos comportamientos que explican por sí solos, en su relación mutua, muchas de las cosas que vemos en la realidad económica y extraeconómica. Es por miedo al hambre o a su amenaza y por hambre de valores de uso que el asalariado se ve obligado a dejarse explotar a fin de sobrevivir. Se convierte en mercader a la fuerza; debe vender su fuerza de trabajo, convertida en mercancía, para obtener a su vez otras mercancías que tienen precio. Pero el capital no es diferente en cuanto que también es criatura de estas estructuras dinámicas y realidades profundas: él mismo tiene hambre de valor, de cambio, de oro, de dinero; una maldita sed de dinero y riqueza como la que señalaba Virgilio: auri sacra fames».

En suma, como afirmó Berzosa, «Marx sigue siendo válido hoy para el capitalismo actual». Y eso hace urgente rescatar el pensamiento marxista del cierto ostracismo al que está condenado. Tal y como expuso Carlos Berzosa, «la obra de Marx es la que más intentos ha tenido de ser refutada, pero hoy en día ya no se la refuta, sino que se la ignora. Está fuera de los planes de estudio de las universidades y de las lecturas y aquél que aún lo reivindica es tachado de anacrónico, de viejo, etcétera». Y sin embargo, Marx sigue hablándole al mundo de hoy con pasajes que apenas si necesitarían un pequeño aggiornamento para seguir describiéndonos con precisión: el citado al principio de este artículo, por ejemplo, y también aquel otro del Manifiesto según el cual

espoleada por la necesidad de dar cada vez mayor salida a sus productos, la burguesía recorre el mundo entero. Necesita anidar en todas partes, establecerse en todas partes, crear vínculos en todas partes.

Mediante la explotación del mercado mundial, la burguesía ha dado un carácter cosmopolita a la producción y al consumo de todos los países. Con gran sentimiento de los reaccionarios, ha quitado a la industria su base nacional. Las antiguas industrias nacionales han sido destruidas y están destruyéndose continuamente. Son suplantadas por nuevas industrias, cuya introducción se convierte en cuestión vital para todas las naciones civilizadas, por industrias que ya no emplean materias primas indígenas, sino materias primas venidas de las más lejanas regiones del mundo, y cuyos productos no sólo se consumen en el propio país, sino en todas las partes del globo. En lugar del antiguo aislamiento y la amargura de las regiones y naciones, se establece un intercambio universal, una interdependencia universal de las naciones. Y eso se refiere tanto a la producción material, como a la intelectual. La producción intelectual de una nación se convierte en patrimonio común de todas. La estrechez y el exclusivismo nacionales resultan de día en día más imposibles; de las numerosas literaturas nacionales y locales se forma una literatura universal.

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