Poéticas

Antología de poesía en inglés

Reseña y selección de poemas de la antología 'A quien pueda interesar', de Hilario Barrero, traductor entre otros de Frost, Thomas, Sandburg, Wallace Stevens, Denise Levertov, Lanston Hughes, Robert Creeley, John Berger o Donald Hall.

Hilario Barrero: A quien pueda interesar (antología de poesía en inglés)

/una reseña de Carlos Alcorta/

Hilario Barrero

El poeta y traductor Hilario Barrero (Toledo, 1946) reside desde 1978 en Nueva York, ciudad en la que ha ejercido como profesor de literatura española. La distancia espacial entre el lugar de nacimiento y el lugar en el que se desarrolla la actividad profesional y artística provoca habitualmente distorsiones que afectan, no a la calidad de la obra, porque en este aspecto son del todo irrelevantes los criterios geográficos, económicos, etcétera; sino a la repercusión que es capaz de alcanzar en su país natal, generalmente muy escasa, cuando no nula. Esto, en el caso de Hilario Barrero, es algo a todas luces inmerecido, aunque afortunadamente, en los últimos años, esta rémora lleva visos de desvanecerse gracias a las publicaciones que de manera regular, y principalmente de la mano de editoriales como La Isla de Siltolá, Renacimiento, Llibros del Pexe, Impronta o Universos, nos están permitiendo descubrir la obra de nuestro autor.

Recordemos que en el género diarístico —quizá el que el autor práctica con mayor asiduidad—, Barrero ha publicado títulos tan importantes como Las estaciones del día (2003), Brooklyn en blanco y negro (2011), Nueva York a diario (2013) o Diarios (2015). Por otra parte, la antología poética Educación nocturna (2017) ha permitido a los lectores descubrir la excepcional hondura existencial de un poeta que había pasado casi desapercibido hasta entonces por culpa de la escasa difusión de sus obras.

A quien pueda interesar, como el subtítulo expresa, es una antología de poesía escrita en inglés (Barrero ha traducido con especial fortuna libros de poetas como Ted Kooser, Jane Kenyon, Emily Dickinson o Sara Teasdale) que se puede leer como una continuación de Lengua de madera, donde también se antologaban poemas en inglés, pero la principal característica que los agrupaba era su brevedad. Ahora ese barrera se ha eliminado y la selección responde sólo al criterio estético de Hilario Barrero, el cual nos ofrece algunas pistas sobre los criterios que han guiado sus elecciones: «El antólogo —escribe Barrero en tercera persona— ha ido escogiendo, sin prisa, pero sin pausa, los poemas que le iluminaban el día, que parecían tirar de él, que le abrasaban el alma. Muy próximos a su estética y a su manera de entender la poesía». No deja de ser un criterio perfectamente válido: es más, tratándose como se trata de una antología de tan amplio espectro, no se nos ocurre otro mejor. Seguimos, de nuevo, a Barrero en sus aclaraciones: «[la antología] recoge más de un centenar de poemas de cincuenta y cuatro poetas […] los primitivos, en los que predominan los ingleses, Pope, Blake, Burns, Coleridge, Tennyson, así como Dickinson, la primera poeta norteamericana importante; los modernos, lo encabezaría Frost, un poco el Antonio Machado americano, y le seguirían nombres como Auden, William Carlos William, MacLeish, St. Vincent Millay y Parker; el tercero comprendería a los postmodernistas […]; el cuarto a los novísimos como Simic, Oliver, Kenyon, Kooser, Collins y Gluck; y, por último, los jóvenes, que incluiría a Peter Balakian, Richard Jones, Barbara Kingsolver y Denise Duhamel».

Conviene significar que no todos los poetas seleccionados gozan de la misma cantidad de páginas. Esos criterios de orden sentimental a los que aludía más arriba Barrero han inclinado la balanza hacia poetas como Carl Sandburg (1878-1967), de quien se antologan dieciséis poemas, entre ellos el dedicado al poeta Stephen Crane, fallecido en plena juventud. Jack Gilbert (1925-2012) es también antologado con generosidad, más de diez poemas (puede parecer poco, pero hay que hacer hincapié en que A quien pueda interesar recoge obra de cincuenta y cuatro poetas), entre ellos el magnífico «Caballos a media noche sin luna». Por último, se ofrece también una selección más generosa de Donald Hall, poeta fallecido hace tan solo unos meses, en junio del presente año, que estuvo casado con la poeta Jane Kenyon, traducida con prodigalidad por Hilario Barrero en el libro De otra manera (2007), que escribió versos de tanta fuerza como estos: «Donde el poeta se detiene, el poema/ comienza. El poema solo pide/ que el poeta se quite de en medio.// El poema se vacía para llenarse».

Otros poemas fundamentales en la tradición anglosajona visitan estas páginas, algunos de ellos galardonados con el prestigioso premio Pulitzer de Poesía, como Charles Wright, Frank Wright, Mary Oliver, James Tate; con  el premio Nobel, como Derek Walcott o, simplemente, con el reconocimiento del público y de la crítica—lo que no siempre coincide con los galardones—, como Ezra Pound, Langston Hughes, Denis Levertov, Edward Hirsch o Adrienne Rich.

A quien pueda interesar, como sugiere su título, es un libro que busca la complicidad de un lector con amplitud de miras, con una predisposición especial para dejarse seducir por alguna de las estéticas que conviven, bien avenidas, en estás páginas. El menú es lo suficientemente atractivo y variado como para satisfacer a los paladares más exigentes.


Selección de poemas

(Se lista de cada uno, en primer lugar, la versión de Hilario Barrero y, seguidamente, el original en inglés).

EL CAMINO NO TOMADO

Robert Frost (1874-1963)

Dos caminos se separaban en un bosque amarillo
y sientiendo no poder tomar ambos
y ser un solo viajero, me detuve por mucho tiempo
y escudriñé uno de ellos todo lo que pude,
hasta donde se doblaba en la maleza.

Entonces tomé el otro, que parecía igual,
y teniendo quizás el mejor reclamo,
porque era herboso y necesitaba ser pisado,
aunque precisamente por eso, el caminar allí
los había desgastado a ambos casi lo mismo,

y esa mañana los yacían iguales
en hojas que huella alguna había ennegrecido.
¡Oh, yo dejé el primero para otro día!
Y aún sabiendo cómo un camino conduce a otro,
dudé si regresaría alguna vez.

Volveré a decir esto con un suspiro
en alguna parte siglos y siglos después de hoy:
Dos caminos se separaban en un bosque, y yo,
yo tomé el menos transitado,
Y esto hizo toda la diferencia.

The road not taken

Two roads diverged in a yellow wood,
And sorry I could not travel both
And be one traveler, long I stood
And looked down one as far as I could
To where it bent in the undergrowth;

Then took the other, as just as fair,
And having perhaps the better claim,
Because it was grassy and wanted wear;
Though as for that the passing there
Had worn them really about the same,

And both that morning equally lay
In leaves no step had trodden black.
Oh, I kept the first for another day!
Yet knowing how way leads on to way,
I doubted if I should ever come back.

I shall be telling this with a sigh
Somewhere ages and ages hence:
Two roads diverged in a wood, and I—
I took the one less traveled by,
And that has made all the difference.

Una mañana temprano

Edward Thomas (1878–1917)

Partí temprano una mañana de mayo
y ningún conocido lo presenció.
Me voy lejos, para siempre,
lejos a cualquier lugar, lejos para siempre.

No había viento que moviera las veletas.
Había quemado mis cartas y zurcido mis calcetines.

Nadie sabía que yo me iba,
yo mismo pensé que algún día volvería.

Oí correr el arroyo por los jardines del pueblo.
Dulce era el lodo que el sol había vuelto polvo.

Una verja golpeó una valla y golpeó mi cabeza.
«Buenos días, señor», me dijo un pastor.

No pude regresar desde mi libertad
a mi juventud, a mi amor y a mi miseria.

El pasado es lo único muerto que huele bien,
lo único dulce que no es al mismo tiempo fugaz.
Me voy lejos, para siempre,
lejos a cualquier lugar, lejos para siempre.

Early one morning

Early one morning in May I set out,
And nobody I knew was about.
       I’m bound away forever,
       Away somewhere, away forever.

There was no wind to trouble the weathercocks.
I had burnt my letters and darned my socks.

No one knew I was going away,
I thought myself I should come back some day.

I heard the brook through the town gardens run.
O sweet was the mud turned to dust by the sun.

A gate banged in a fence and banged in my head.
‘A fine morning, sir’, a shepherd said.

I could not return from my liberty,
To my youth and my love and my misery.

The past is the only dead thing that smells sweet,
The only sweet thing that is not also fleet.
       I’m bound away forever,
       Away somewhere, away forever.

Febrero

Carl Sandburg (1878–1967)

Sin hojas, descarnados, inmemoriales,
los árboles han contemplado fijamente la hierba desolada.

Bajo la nieve han dormido las colinas
y el corazón del verano que hace tiempo pasó.

Escondida en el centro
de las hondonadas y las tierras altas
espera, sólo espera, como el cielo y la tierra,
la silenciosa y hermosa niña Primavera.

February

Leafless, stark, immemorial,
The trees have gazed down on the desolate grass.

Under the snow the hills have slept
And the heart of the long-gone summer.

Deep and far
In the core of the hollows and uplands,
Waits, only waits, like sky and sod
The silent and beautiful girl-child, Spring.

Trece maneras de mirar un mirlo
Thirteen ways of looking at a blackbird

Wallace Stevens (1879–1955).

I

Entre veinte montañas nevadas
lo único en movimiento
era el ojo del mirlo.

Among twenty snowy mountains,
The only moving thing
Was the eye of the blackbird.

II

Yo tenía tres opiniones,
como un árbol
en el que hay tres mirlos.

I was of three minds,
Like a tree
In which there are three blackbirds.

III

El mirlo giraba en los vientos otoñales.
Era una pequeña parte de la pantomima.

The blackbird whirled in the autumn winds.
It was a small part of the pantomime.

IV

Un hombre y una mujer
son uno.
Un hombre y una mujer y un mirlo
son uno.

A man and a woman
Are one.
A man and a woman and a blackbird
Are one.

V

No sé qué preferir,
la belleza de las inflexiones,
o la belleza de las insinuaciones,
el mirlo silbando
o justo después.

I do not know which to prefer,
The beauty of inflections
Or the beauty of innuendoes,
The blackbird whistling
Or just after.

VI

Icicles filled the long window
With barbaric glass.
The shadow of the blackbird
Crossed it, to and fro.
The mood
Traced in the shadow
An indecipherable cause.

Los carámbanos cubrían la larga ventana
con bárbaro cristal.
La sombra del mirlo
lo atravesó de un lado a otro.
El estado de ánimo
dibujó en la sombra
una causa indescifrable.

VII

Oh, delgados hombres de Haddam,
¿por qué imagináis pájaros dorados?
¿no veis cómo el mirlo
camina alrededor de los pies
de las mujeres de vuestro entorno?

O thin men of Haddam,
Why do you imagine golden birds?
Do you not see how the blackbird
Walks around the feet
Of the women about you?

VIII

Sé de acentos nobles
y ritmos lúcidos, inevitables;
pero tambien sé
que el mirlo está involucrado
en lo que sé.

I know noble accents
And lucid, inescapable rhythms;
But I know, too,
That the blackbird is involved
In what I know.

IX

Cuando el mirlo se perdió de vista,
marcó el borde
de uno de muchos círculos.

When the blackbird flew out of sight,
It marked the edge
Of one of many circles.

X

A la vista de mirlos
volando en una luz verde,
hasta las alcahuetas de la eufonía
chillarían ásperamente.

At the sight of blackbirds
Flying in a green light,
Even the bawds of euphony
Would cry out sharply.

XI

Cabalgó sobre Connecticut
en un coche de cristal.
Una vez, un temor lo traspasó
de haber confundido
la sombra de su equipaje
con mirlos.

He rode over Connecticut
In a glass coach.
Once, a fear pierced him,
In that he mistook
The shadow of his equipage
For blackbirds.

XII

El río se mueve.
El mirlo debe de estar volando.

The river is moving.
The blackbird must be flying.

XIII

Toda la tarde fue prima noche.
Estaba nevando
e iba a nevar.
El mirlo se posó
en las ramas del cedro.

It was evening all afternoon.
It was snowing
And it was going to snow.
The blackbird sat
In the cedar-limbs.

Al lector

Denise Levertov (1923-1997)

Mientras lees, un oso blanco mea
sin prisa, tiñendo la nieve
de azafrán,

y mientras lees, muchos dioses
descansan entre lianas: ojos de obsidiana
están escudriñando las generaciones de hojas,

y mientras lees
el mar está pasando sus páginas oscuras,
pasando
sus páginas oscuras.

To the reader

As you read, a white bear leisurely
pees, dyeing the snow
saffron,

and as you read, many gods
lie among lianas: eyes of obsidian
are watching the generations of leaves,

and as you read
the sea is turning its dark pages,
turning
its dark pages.

Yo también canto América

Langston Hughes (1902–1967)

Yo también canto América.

Soy el hermano más oscuro.
Me mandan a comer en la cocina
cuando hay visita,
pero yo me río
y como bien
y me hago fuerte.

Mañana
me sentaré a la mesa
cuando haya visita
nadie tendrá el valor
de decirme entonces:
«Come en la cocina».

Además
verán lo hermoso que soy
y se avergonzarán.

I, too, sing America

I, too, sing America.

I am the darker brother.
They send me to eat in the kitchen
When company comes,
But I laugh,
And eat well,
And grow strong.

Tomorrow,
I’ll be at the table
When company comes.
Nobody’ll dare
Say to me,
“Eat in the kitchen,”
Then.

Besides,
They’ll see how beautiful I am
And be ashamed–

Canción antigua

Robert Creeley (1926–2005)

Desnúdate, amor,
y ven a mí.

Pronto el sol romperá
sobre el lejano mar.

Y todos nuestros cabellos serán blancos, amor,
hagamos lo que hagamos.

Y todas nuestras noches serán una, amor,
no importa lo que sepamos.

Old song

Take off your clothes, love,
And come to me.

Soon will the sun be breaking
Over yon sea.

And all of our hairs be white, love,
For aught we do

And all our nights be one, love,
For all we knew.

Pañoleta

John Berger (1926–2017)

En la mañana,
doblada con sus flores silvestres
lavada y planchada
ocupa poco espacio en el cajón.

Desplegándola,
se la anuda a la cabeza.

Al atardecer se la quita
y la deja caer al suelo
todavía anudada.

Sobre una pañoleta de algodón,
entre flores estampadas,
un día laborable
ha escrito su sueño.

Kerchief

In the morning
folded with its wild flowers 
washed and ironed
it takes up little space in the drawer. 

Shaking it open 
she ties it round her head. 

In the evening she pulls it off 
and lets it fall 
still knotted to the floor. 

On a cotton scarf 
among printed flowers 
a working day 
has written its dream.

El hombre del carro de bueyes

Donald Hall (1928- )

En octubre de cada año
cuenta patatas sacadas de un campo marrón,
cuenta las semillas, separando
las que pondrá en el sótano,
y empaqueta el resto sobre el suelo del carro.

Almacena la lana esquilada en abril, la miel
en panales. el lino, el cuero
curtido de un venado,
y vinagre en un barril
con flejes montados a mano junto al fuego de la fragua..

Camina junto a la cabeza de su buey, diez días
hasta el mercado de Portsmouth, y vende las patatas,
y el saco que llevaba las patatas,
linaza, escobas de abedul, azúcar de arce,
plumas de ganso, hilo.

Cuando el carro está vacío lo vende.
Cuando ha vendido el carro vende el buey,
el arnés y el yugo y vuelve
a casa, los bolsillos pesados
con la ganancia anual para sal e impuestos

y en casa, junto al fuego, en el frío noviembre
cose un nuevo arnés
para el buey del próximo año, ya en el establo,
y  talla el yugo y sierra tablones
para de nuevo construir el carro.

Ox cart man

In October of the year,
he counts potatoes dug from the brown field,
counting the seed, counting
the cellar’s portion out,
and bags the rest on the cart’s floor.

He packs wool sheared in April, honey
in combs, linen, leather
tanned from deerhide,
and vinegar in a barrel
hooped by hand at the forge’s fire.

He walks by his ox’s head, ten days
to Portsmouth Market, and sells potatoes,
and the bag that carried potatoes,
flaxseed, birch brooms, maple sugar, goose
feathers, yarn.

When the cart is empty he sells the cart.
When the cart is sold he sells the ox,
harness and yoke, and walks
home, his pockets heavy
with the year’s coin for salt and taxes,

and at home by fire’s light in November cold
stitches new harness
for next year’s ox in the barn,
and carves the yoke, and saws planks
building the cart again.


A quien pueda interesar: antología de poesía en inglés
Hilario Barrero
La Isla de Siltolá, 2018
286 páginas
20€


Carlos Alcorta (Torrelavega [Cantabria], 1959) es poeta y crítico. Ha publicado, entre otros, los libros Condiciones de vida (1992), Cuestiones personales (1997), Compás de espera (2001), Trama (2003), Corriente subterránea (2003), Sutura (2007), Sol de resurrección (2009), Vistas y panoramas (2013) y la antología Ejes cardinales: poemas escogidos, 1997-2012 (2014). Ha sido galardonado con premios como el Ángel González o Hermanos Argensola, así como el accésit del premio Fray Luis de León o el del premio Ciudad de Salamanca. Ejerce la crítica literaria y artística en diferentes revistas, como Clarín, Arte y Parte, Turia, Paraíso o Vallejo&Co. Ha colaborado con textos para catálogos de artistas como Juan Manuel Puente, Marcelo Fuentes, Rafael Cidoncha o Chema Madoz. Actualmente es corresponsable de las actividades del Aula Poética José Luis Hidalgo y de las Veladas Poéticas de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo de Santander. Mantiene un blog de traducción y crítica: carlosalcorta.wordpress.com.

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