Mirar al retrovisor

Una significativa falsificación: de la autenticidad en el arte

Joan Santacana relata una fascinante historia que involucra a Vermeer, Hermann Goering y el coleccionista de arte holandés Han van Meegeren a modo de parábola sobre la verdad artística.

Mirar al retrovisor

Una significativa falsificación: de la autenticidad en el arte

/por Joan Santacana Mestre/

Se cuenta la historia de que en el Louvre existe una copia perfecta de la Mona Lisa, marco incluido, y que en algunas ocasiones, cuando hay que limpiar la original, se la sustituye por la copia para no defraudar al público que hace largas colas para verla. Pero ¿van a verla? En realidad, van para decir que la han visto o al menos esto es lo que pensaba el critico de arte Robert Hughes.

En todo caso, lo que importa en el mercado del arte es que alguien autorizado certifique la autenticidad de una obra. Hay una historia interesante en este sentido y que se remonta al año 1942. Los protagonistas son Hermann Goering, el gran mariscal del aire del gobierno nazi, y un importante marchante de arte holandés, Van Meegeren.

Goering, al igual que Hitler, coleccionaba arte: la ocupación de gran parte de Europa por los nazis les proporcionaba una ocasión impresionante para sus colecciones. Goering creía que uno de los pintores que mejor encajaban con el concepto ario de arte era un pintor holandés, Johannes Vermeer de Delft, que pintó a mitad del siglo XVII (1632-1675). De él se conocen realmente pocas obras con seguridad, pero lo poco que se conoce lo ha convertido en uno de los mejores pintores de su tiempo.

Goering quería ampliar su colección sobre este autor holandés y le informaron de que el marchante y experto holandés Han van Meegeren (1889-1947) podía quizás buscarle algo en el mercado internacional. La negociación entre ambos llegó a un acuerdo y el holandés inició la búsqueda. Al cabo de unas semanas, comunicaba al Reichsmarschall que tenia una obra que podía interesarle. Se trataba de un tema muy recurrente en la pintura barroca: Cristo y la mujer adúltera; la historia del Evangelio según la cual Cristo perdonó el adulterio de una joven. Se llevó a cabo la transacción y Goering dio a Van Meegeren doscientos cuadros holandeses, equivalentes a once millones de dólares de entonces.

Al final de la guerra, como es bien sabido, Goering fue detenido por los aliados, se le incautaron sus bienes y fue juzgado en Núremberg con la consabida condena a la horca (como es bien sabido no lo ahorcaron, dado que se suicidó pocas horas antes de la ejecución). En el transcurso de la investigación sobre la procedencia de los bienes, se localizó la obra de Vermeer que Van Meegeren le había vendido. En consecuencia, el coleccionista holandés fue detenido por conspiración en el saqueo y la venta de bienes nacionales al enemigo. La condena podía ser a muerte.

Fue entonces cuando el holandés anunció que el cuadro que había entregado a Goering era una falsificación hecha por él mismo. Obviamente, ni el tribunal ni los expertos le creyeron, y entonces dijo que podía repetir la hazaña con otra obra del mismo pintor; que lo podía hacer en la celda de la cárcel si le facilitaban los medios. El tribunal lo aceptó y Van Meegeren realizó un sorprendente cuadro al que tituló Cristo entre los doctores del mismo estilo que las pinturas de Vermeer. ¡Era mejor que los originales! Quedaron todos asombrados y la condena fue tan sólo de un año por falsificación.  Cuando murió, al cabo de un año, de un infarto, su entierro fue multitudinario, porque había engañado a los nazis.

Esta información fue transmitida a Goering poco antes de su ejecución; y él, que no se había inmutado ante ninguna acusación, mudó el rostro al saberlo; quedó conmocionado. A juicio de su interrogador, «Goering descubrió por primera vez en la vida que la maldad humana existía».

La historia es una parábola sobre el concepto de autenticidad en el arte. ¿Haríamos colas inmensas ante la Mona Lisa si supiéramos que es una copia? ¿Compararíamos una obra de arte contemporánea por millones de euros si nos pusieran como condición no poder hablar de ello ni poderla mostrar a los demás como algo auténtico?


Joan Santacana Mestre (Calafell, 1948) es arqueólogo, especialista en museografía y patrimonio y una referencia fundamental en el campo de la museografía didáctica e interactiva. Fue miembro fundador del grupo Historia 13-16 de investigación sobre didáctica de la historia, y su obra científica y divulgativa comprende más de seiscientas publicaciones. Entre sus trabajos como arqueólogo destacan los llevados a cabo en el yacimiento fenicio de Aldovesta y la ciudadela ibérica y el castillo de la Santa Cruz de Calafell. En el campo de la museología, es responsable de numerosos proyectos de intervención a museos, centros de interpretación, conjuntos patrimoniales y yacimientos arqueológicos. Entre ellos destaca el proyecto museológico del Museo de Historia de Cataluña, que fue considerado un ejemplo paradigmático de museología didáctica.

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