Llugares

Llugares: Pekín

Xavier Tornafoch escribe sobre la capital china, uno de los centros de poder político, administrativo y económico más fascinantes del mundo.

PEKÍN

/por Xavier Tornafoch/

El viajero veneciano Marco Polo fue el primer occidental en llegar a Pekín, o al menos el primero que dejó constancia de su paso por la Capital del Norte, la ciudad que la primera dinastía china convirtió en el centro de un gran imperio. El libro Los viajes de Marco Polo, también llamado El libro de las maravillas o El libro del millón, transcrito por el amanuense Rustichello de Pisa, fue redactado en francés antiguo y cuenta la estancia del mercader de Venecia en la corte de Kublai Jan. Más tarde arribó a esta ciudad Ibn Battuta, un musulmán originario de Tánger que documentó sus viajes en una obra monumental en la que explicaba que la alcazaba de Pekín era el eje sobre el que se organizaba toda la vida ciudadana y exclusivamente la residencia de los emperadores, detallando que gran parte de sus edificios eran de madera decorada y estaban dispuestos de forma armoniosa. Estaba hablando de la Ciudad Prohibida.

Llegar hoy en día a Pekín tiene, en cierta medida, los mismos efectos sobre el visitante que los que produjo en esos dos viajeros medievales. En primer lugar, maravillan las dimensiones de sus avenidas, la densidad de su tráfico rodado y pedestre y la grandiosidad de sus edificios principales. Sin embargo, al igual que les sucedió a Marco Polo y a Ibn Battuta, lo que para uno hoy se evidencia de la ciudad es su carácter de centro político y administrativo, que la diferencia de Shanghái, la otra gran urbe china. De hecho, el urbanismo responde a esa premisa. Las calles se desarrollan a partir de la plaza Tiananmen en rectángulos concéntricos, ahora llamados circunvalaciones. En esa plaza, cuyo nombre traducido al español es «puerta de la paz celestial», se condensa el poder político de China y la disposición de lo que allí hay sirve a ese objetivo. Para acceder a ella hace falta pasar a través de unos túneles, con cámaras y revisión de pertrechos personales incluidos, situados en cada una de sus cuatro esquinas. Es decir, no es un espacio público al que se pueda acceder desde la calle, sin más. Sin duda, los hechos acaecidos en Tiananmen en 1989, cuando las protestas de estudiantes y obreros fueron acalladas después de una sangrienta represión, están íntimamente racionados con el estricto control de la plaza. Una vez que se llega al interior del perímetro de esa inmensa plaza, la mayor del mundo, la disposición del conjunto es muy didáctica. En el centro el mausoleo de Mao Tse-Tung, el fundador hace ahora setenta años de la República Popular, y el gran obelisco dedicado a los Héroes del Pueblo; al norte las puertas de acceso a la Ciudad Prohibida, símbolo del antiguo poder imperial; al sur, la Torre de Qianmen, una antigua aduana reconvertida en Museo de Historia de Pekín. A ambos lados de la plaza se sitúan tres edificios emblemáticos: la Asamblea Popular, que alberga el organismo donde se reúnen los diputados del pueblo, la inmensa mayoría de ellos miembros del poderoso Partido Comunista de China, aunque también los hay de algunos partidos minoritarios que apoyan al régimen. Al lado de este gran edificio de estilo socialista está la gran Opera de Pekín, un edificio semicircular de aire futurista que acoge espectáculos tradicionales chinos. Enfrente de estos dos edificios, en el lado opuesto de la plaza, se ubica el Museo Nacional y de la Revolución, una propuesta arquitectónica grandilocuente que muestra la historia del país y, muy especialmente, la lucha del partido comunista para reunificar el país y librarlo del colonialismo.

Más allá de Tiananmen está la ciudad, con sus parques públicos (la mayoría cobran una entrada), su infinidad de tiendas (muchas venden productos falsificados) y sus enormes infraestructuras (aeropuertos, estaciones de tren, autopistas), entre las que destacan todas las que se construyeron con motivo de los Juegos Olímpicos de 2008. A simple vista, podría parecer una ciudad entregada al cosmopolitismo más voraz, pero en ella aún se distinguen destellos de una cultura tradicional de más de dos mil años. A primera hora de la mañana, las calles, los parques y cualquier espacio público se llenan de gente para practicar tai chi o jugar a alguno de los muchos juegos tradicionales chinos. Lo de los hutongs, o barrios tradicionales chinos, es otra cosa. Han sido arrasados y solo quedan unas pocas calles que sirven de atracción turística. En cualquier caso, los pekineses respiran un optimismo que contrasta con el pesimismo occidental. Ellos creen que el futuro les depara cosas buenas y se aferran a ello para soportar situaciones que nosotros consideraríamos insufribles (como las extenuantes jornadas laborales o los escasos días de vacaciones), aunque los sueldos ya no son tan bajos y el chino medio dispone de una notable capacidad adquisitiva, avances que los trabajadores locales han conseguido a base de huelgas y protestas laborales que el régimen ha silenciado y que en Occidente parecen no tener importancia.

Bajo la densa nube de contaminación que cubre Pekín, y dirigidos directamente por el gobierno nacional, ya que es una zona especial, viven veintiún millones de personas. Pekín es una de las grandes megalópolis chinas, solo por detrás de Shanghái (veinticinco millones) y Chongqing (treinta millones). Esta ciudad ha cambiado mucho desde los tiempos de Marco Polo e Ibn Battuta, pero estos dos viajeros medievales quizás sabrían reconocer, aún hoy en día, las características que la convirtieron en uno de los centros de poder político, administrativo y económico más fascinantes del mundo.


Xavier Tornafoch i Yuste (Gironella [Cataluña], 1965) es historiador y profesor de la Universidad de Vic. Se doctoró en la Universidad Autónoma de Barcelona en 2003 con una tesis dirigida por el doctor Jordi Figuerola: Política, eleccions i caciquisme a Vic (1900-1931) Es autor de diversos trabajos sobre historia política e historia de la educacción y biografías, así como de diversos artículos publicados en revistas de ámbito internacional, nacional y comarcal como History of Education and Children’s LiteratureRevista de Historia ActualHistoria Actual On LineL’AvençAusaDovellaL’Erol o El Vilatà. También ha publicado novelas y libros de cuentos. Además, milita en Iniciativa de Catalunya-Verds desde 1989 y fue edil del Ayuntamiento de Vic entre 2003 y 2015.

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