Mitos y flautas

The innocence mission

The Innocence Mission se formó en Pensilvania en 1989 al reunirse, no solo en lo musical, Karen McCullough y Don Peris. 31 años y 11 álbumes después de aquel flechazo con parada en el altar, acaban de publicar 'See you tomorrow', acaso su mejor disco; y Sergio Fernández Salvador les dedica una entrega de su columna 'Mitos y flautas'.

Mitos y flautas

The innocence mission

/por Sergio Fernández Salvador/

Cuando leía en el Mondosonoro o en Go Mag las críticas de discos pensaba que pocos trabajos habría tan bonitos como el de conducir el gusto de oyentes ávidos de buena música. Tal vez esa labor también podría hacerla yo; esa era mi fantasía. La de Juan Ramón Jiménez era tener imprenta propia, escribir y editar el mismo día. Di en pensar que en un blog era posible cultivar esas y otras especies, y así me lancé de buenas a primeras a una aventura, Mitos y flautas, que dura ya ocho años. Hay en este huerto de todo: muchas coles y alguna lechuga, alguna zanahoria y mucho palo, y también árboles de toda luna. El poeta asturiano César Iglesias me propone injertar alguna de sus ramas en el tronco de EL CUADERNO. Mi reparo inicial de no querer comprometerme a más de lo que puedo o me apetece es vencido en un segundo con dos palabras: total libertad.

El fin de semana bien merece una canción. Yo tengo la costumbre de poner aquí alguna. Sé que interesan menos que las otras cosas, pero a mí me hacen la misma ilusión. Leer, escribir o escuchar música son manifestaciones distintas de un mismo anhelo: buscar la belleza y, si la hemos encontrado, compartirla. Quizá haya una persona que esté esperando nuestra canción, que vaya poniendo chinchetas en este mapa sonoro hecho de ciudades que son grupos, de pueblos que son canciones. Una persona, solo una. Para ella es La canción de los sábados. Para mí todo lo demás, el placer de encontrar, la gimnasia de seleccionar, la fe recobrada en el minuto de belleza.

El fin de semana, decía, bien merece una canción, que luego son unas cuantas, pues las canciones son como las cerezas, que cuelgan unas de otras. Lo que traigo hoy son cerezas confitadas, dulces y un punto amargas. The Innocence Mission se formó en Pensilvania en 1989 al reunirse, no solo en lo musical, Karen McCullough y Don Peris. 31 años y 11 álbumes después de aquel flechazo con parada en el altar, acaban de publicar See you tomorrow, acaso su mejor disco. Lo que hace The Innocence Mission no es nada nuevo, pero no es lo de siempre; es sencillo, pero también único. La voz delicada de McCullough, que lo mismo recuerda en lo áspero a Björk que en lo ronroneante a Hope Sandoval y en lo demás a Julie Doiron, se acompaña de atmósferas lo suficientemente variadas como para no cansar, y ello con un respeto poco usual por los silencios. También vienen a la mente LIV o Sufjan Stevens, y fue pensar en este último y leer que calificaba la música de The Innocence Mission de conmovedora y profunda. La calidez de su sonido hace de ella una banda sonora del invierno: oscura y luminosa, triste y esperanzada. En una palabra, melancólica.

El grupo ha ido oscilando, a menudo en un mismo álbum, entre la desnudez folk y un sonido más pop y de banda. Tras dos discos de tanteo, Glow (1995) brilla con un elegante sonido dream pop que remite a Mazzy Star. Le sigue otra joya, en el otro extremo del péndulo, Birds of neighborhood (1999), con un tratamiento exquisito de voces y guitarras (en plural ambas). En Small plains (2002) vuelve a brillar el grupo con delicados arreglos a cargo de Karen y Don Peris (multi instrumentistas ambos) y el batería Mike Bitts. Los cuatro siguientes trabajos le parecen a uno más planos, en especial Now the day is over (2004), recopilación de estándares de cine. Aun así hay que decir que The Innocence Nission suenan siempre bien, lo que debería ser a un grupo o a un músico lo que la sintaxis a un escritor: un mínimo exigible. Pero hasta My room in my trees (2010) no regresan a ese estado de gracia, a ese no sé qué feijoiano.

El recién editado See you tomorrow fue grabado y mezclado en la casa de Karen y Don Peris. No se piense por ello que es una producción lo-fi, premeditadamente descuidada con el fin de sonar más genuinos. Cada sonido está mimado al detalle. Las voces, que fueron grabadas en el sótano, tienen una reverberación envolvente. Todo rezuma calidez, como si además de a su música The innocence mission nos invitaran a entrar en su casa. Quien lo haga no querrá salir de ella.


Sergio Fernández Salvador (León, 1975) es autor de los libros de poesía Quietud (2011) Lo breve eterno (2013), editados por La Isla de Siltolá, así como de la miscelánea Mitos y flautas (2013) selección de su blog homónimoHa sido incluido en la antología Neorrurales: antología de poetas de campo. Desde 1996 reside en Valladolid, de cuyo conservatorio de música es profesor.

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