Mitos y flautas

Breve y eterno

«¿Qué es lo que hace que una música, más allá del recuerdo de las circunstancias en que la escuchamos, despierte en nosotros unas determinadas sensaciones, inspire un estado de ánimo, nos traslade a un lugar o a una época del año?». Un artículo de Sergio Fernández Salvador.

/ Mitos y flautas / Sergio Fernández Salvador /

¿Qué es lo que hace (repito, me repito) que una música, más allá del recuerdo de las circunstancias en que la escuchamos, despierte en nosotros unas determinadas sensaciones, inspire un estado de ánimo, nos traslade a un lugar o a una época del año? Ni de puntillas las palabras alcanzan adonde llega la música. Solo la poesía puede acercarse y acercarnos. Y no pasa nada por no llegar, como sería necio despreciar a Corelli, Couperin o Telemann por no estar a la altura de Bach, Haendel o Vivaldi; además, lo están en ocasiones. Más difícil sería intentar explicar en los cenáculos finos que la música popular puede acompañar tanto y tan bien como la clásica. Raro será el lector de poesía que sólo lea a los clásicos y no dedique al menos el mismo tiempo a sus contemporáneos. Más o menos eso intentó decir uno en retorcido soneto de Lo breve eterno. No puedo estar orgulloso del poema (esa asoconsonancia, sin ir más lejos), pero sí de lo que dice:

REPARACIÓN

The Jayhawks, Sigur Rós, Low, Trentemöller,
Massive Attack, The XX, Paul Kalkbrenner,
Yo La Tengo, Interpol, Jeniferever,
Mojave 3, Eels, Kraftwerk, Erlend Øye,
Depeche Mode, Crystal Castles, Radiohead,
Blonde Redhead, Piano Magic, Maga,
Max Richter, Junior Boys, Air, Röyksopp, Apparat,
Van Morrison, Daft Punk, The Radio Dept.
Sois de la amistad pábulo, el pan mío      
de cada día, reliquia de amores,         
la razón entusiasta de mis noches, 
parapeto del alma contra el frío.
Más que a Schubert os debo, más que a Mozart,
Everything but the girl, Clem Snide, Dorian…

La sola mención de cualquiera de los nombres de los cuartetos y del último verso produce en uno la sacudida del reencuentro, algo así como un susto. Si compara, el poema lo hace por reivindicar la mal llamada música ligera (de ahí su título, «Reparación»), y a uno le hacía gracia esta manera de salir del armario clásico, que lleva vistiendo toda la vida y con cuyos trajes se gana los garbanzos. Pero como no pretendo convencer a nadie de nada, hoy me limito a darme el gusto de sacar al ruedo esta joya del más que talentoso Sufjan Stevens, no por breve con menor vocación de eterna.


Sergio Fernández Salvador (León, 1975) es autor de los libros de poesía Quietud (2011) y Lo breve eterno (2013), editados por La Isla de Siltolá, así como de la miscelánea Mitos y flautas (2013) selección de su blog homónimoHa sido incluido en la antología Neorrurales: antología de poetas de campo. Desde 1996 reside en Valladolid, de cuyo conservatorio de música es profesor.

3 comments on “Breve y eterno

  1. Agustín Villalba

    «Más difícil sería intentar explicar en los cenáculos finos que la música popular puede acompañar tanto y tan bien como la clásica. Raro será el lector de poesía que sólo lea a los clásicos y no dedique al menos el mismo tiempo a sus contemporáneos.»

    El paralelismo música popular-poetas contemporáneos es impropio. Porque hay una música «clásica» tan contemporánea como la poesía de los poetas contemporáneos, una música que ha logrado salir de los estúpidos guetos del atonalismo (Arvo Pärt, Philip Glass, John Adams, Michael Nyman, etc, etc. – sin olvidar la música de cine).

    En cuanto a la «joya del más que talentoso Sufjan Stevens, no por breve con menor vocación de eterna», la he escuchado 4 veces seguidas y me ha dejado frío (imagino que por una insuficiencia mía), a pesar de ser un gran (por la cantidad) melómano que busca la belleza en cualquier clase de música.

    Lo último, en música «popular» que me ha «llegado» es esto:

    John Mayall and The Bluesbreakers : «Mists of time» (la letra es excelente, además).

    • Sergio Fernández salvador

      Agustín, gracias por el comentario. Toda teorización acerca de la música es más que resbaladiza. No pretendía establecer un paralelismo entre música popular y poesía contemporánea, sólo una analogía. No se me escapa que lo clásico fue lo popular de su momento, ni que la atonalidad es sólo una de las corrientes de la clásica contemporánea.
      No hay «insuficiencia» en el hecho de que te deje frío el tema de Stevens, ni en que a mí no me emocione el blues de J.Mayall, que me gusta sin más. Lo importante es que cada cual busque sus propios clásicos. Yo no podría vivir sólo de la música clásica, aunque tampoco sin ella. Es lo que intentaba expresar. Un saludo cordial.

  2. Agustín Villalba

    Y lo penúltimo, esto:

    Ēriks Ešenvalds – O Salutaris Hostia

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