Mirar al retrovisor

El maltrato de la banca tradicional

Un artículo de Joan Santacana sobre el desprecio de los bancos hacia sus clientes.

/ Mirar al retrovisor / Joan Santacana /

En este mundo cambiante hay algo que parece que cambia muy poco: me refiero a cómo la banca tradicional se relaciona con nosotros, que somos sus clientes. Son malos gestionando las relaciones personales. Yo comprendo que el mundo de los pequeños ahorradores no les interese, y que tampoco les interesen las pensiones de jubilación. Han transcurrido unos años en los cuales el bajo o nulo interés les condujo a dedicarse a ahuyentar este tipo de clientes. Les interesaba solo la gestión de las grandes empresas; de los inversores potentes y no querían perder el tiempo atendiendo a viejecitas en la ventanilla. Yo conocí a algunos empleadillos de banco que atender a los pensionistas lo consideraban casi una maldición. Ellos quisieran tratar con los grandes depósitos de dinero, y a las ventanillas solo acudía gente de la clase media. ¡Y ahora ya no hay ventanilla! Eliminan sucursales, suprimen incluso cajeros automáticos de las zonas rurales y quieren forzar a los hombres y mujeres que toda la vida confiaron en el banco a que aprendan su sistema digital. Pero lo grave es que sus sistemas son malos de verdad comparados con los de las fintech.

Así, por ejemplo, a mí me resulta incomprensible que algunos bancos tradicionales no puedan enviarme a mi casa una simple tarjeta de crédito, y me obliguen a perder el tiempo en sus oficinas. Puedo contar experiencias de cuando caducaron mis tarjetas de crédito y resulta que tenía que ir a recogerlas en una inhóspita oficina alejada de mi casa. Tuve tal cúmulo de problemas (casi dos meses sin ellas) que solicité cambiar de oficina para acudir a otra más próxima a mi domicilio, pero ya me advirtieron: «¡Esto no es una cosa rápida! ¡Puede tardar dos meses!».

Me resulta también muy difícil de entender que, con los medios hoy existentes, sean incapaces de resolver el problema de los clientes que, resignados, soportan pacientemente colas en la antesala de las oficinas o incluso en la calle. He visto a viejecitos esperar de pie más de cuarenta minutos en la antesala de una sucursal (bueno ahora hay bancos que les llaman eufemísticamente store) mientras en el interior hay una brillante cafetera, con silloncitos y mesas. ¡Pero están vacías!

No entiendo cómo son incapaces de mandar mensajes por mail. Sus mensajes los emiten casi sin personalizar, tal como se hacía hace treinta años con los correos publicitarios. Me cuesta aceptar que, cuando los sistemas de gestión informáticos se han agilizado tanto, y prácticamente no generan ningún coste para ellos, tengan la osadía de cobrar los mensajitos digitales, o las pequeñas transferencias de dinero de las cuentas de los clientes; de sus clientes.

Me resulta grosero que este tipo de banca tenga tal desprecio por sectores de población que son infinitamente mayoritarios, sin darse cuenta que están ya empezando a perder sectores de pequeños ahorradores que huyen de su maltrato.

Parece que los gestores de esta banca arcaica y mala confían en adoptar unos formatos tecnológicos que sirvan solo para demostrar que ellos están al día, sin percatarse que la mayoría de los ciudadanos cada vez desconfían más de sus anuncios, tales como: «para estar tranquilo hay que estar seguro»; «descubre lo que puedes hacer con nosotros», «te proporcionamos un gestor personal», pero que ven quecuando acuden a una de sus oficinas nadie les conoce, les maltratan sometiéndoles a interminables esperas y cobrando por el aire que se respira en el interior del banco.

A veces pienso que, de la misma forma que en el siglo XIX la gente, cuando estallaban motines o revoluciones, lo primero que hacía era incendiar iglesias y matar a curas, frailes y monjas, en este siglo XXI el odio se verterá sobre este tipo de bancos; y no me extraña que una buena parte de la gente joven ya no quiera tener ninguna relación con ellos y cada vez confíen más en las fintech, que ofrecen servicios financieros a través de las nuevas tecnologías, fáciles, sencillas y seguras.


Joan Santacana Mestre (Calafell, 1948) es arqueólogo, especialista en museografía y patrimonio y una referencia fundamental en el campo de la museografía didáctica e interactiva. Fue miembro fundador del grupo Historia 13-16 de investigación sobre didáctica de la historia, y su obra científica y divulgativa comprende más de seiscientas publicaciones. Entre sus trabajos como arqueólogo destacan los llevados a cabo en el yacimiento fenicio de Aldovesta y la ciudadela ibérica y el castillo de la Santa Cruz de Calafell. En el campo de la museología, es responsable de numerosos proyectos de intervención a museos, centros de interpretación, conjuntos patrimoniales y yacimientos arqueológicos. Entre ellos destaca el proyecto museológico del Museo de Historia de Cataluña, que fue considerado un ejemplo paradigmático de museología didáctica.

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1 comment on “El maltrato de la banca tradicional

  1. Muchas gracias. Sincero y cabal, como de costumbre.Comparto las críticas a un sistema bancario protegido por los gobiernos de cualquier color y displicente con las clases medias de las que obtienen excelentes rendimientos económicos. Solo me sobra el término “empleadillos” Soy de la opinión de que hay que respetar incluso a quien se critica en su comportamiento y desde aquí, rompo una lanza en favor de muchos bancarios que atienden con afecto y profesionalidad a sus clientes.
    Ánimo y a seguir escribiendo, que el intercambio de opiniones hace más libre nuestra sociedad y nos pone a salvo de la propaganda.

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