Mirar al retrovisor

Elecciones catalanas: ¿quién paga la factura?

Joan Santacana escribe un breve análisis postelectoral de los últimos comicios celebrados en el 'Principat'.

/ Mirar al retrovisor / Joan Santacana /

Quienes siguen los comentarios del Retrovisor saben muy bien que me prodigo poco haciendo análisis electorales o postelectorales. Me tendrán que perdonar que, por una vez, me atreva a adentrarme en un terreno que no es el mío, y cuyo interés disminuye a medida que pasa el tiempo. Pero transcurrida una década desde que se inició el Procés, creo justificado comentar el desenlace provisional de las elecciones del 12 de abril.

Lo más relevante, a mi juicio, ha sido la estrepitosa caída de la histórica formación de Macià y Companys, hoy heredada por Junqueras. El batacazo le ha costado, de momento, la cabeza al president Aragonés. Puede que caigan otros, pero esto es irrelevante para mi análisis. Realmente ERC lo tenía crudo: había iniciado su mandato asumiendo las graves consecuencias de una derrota en una guerra sin sangre, pero guerra al fin y al cabo, y ya se sabe que el intento de independencia se saldó con un batacazo. Además, el gobierno de ERC había lidiado con la epidemia; luego le tocó afrontar una sequía que ha puesto de manifiesto que el país estaba en calzoncillos en el tema del agua, y, además, le cayó encima  el sostenido fracaso de la educación, en donde Cataluña ocupa el vagón de cola, sin ningún paliativo. Puede que haya que sumar el deterioro de la sanidad y el caos de los ferrocarriles de Cercanías. Creo que solo le faltaban los incendios forestales. Todo ello lo iba a pagar el partido que gobernaba aun cuando la culpa no fuera suya totalmente, ya que venía de lejos; de muy lejos.

Pero ERC tenia otro problema en esta lucha: enfrentarse a la demagogia descarada que procedía de Waterloo, con un discurso identitario en el que la nación se identifica ya no con un partido, sino con un hombre. Además, envueltos en la bandera, los retoños de Convergència podían hacer gala de una ambigüedad que no por vieja es menos eficaz. Frente a esto, ERC no tenía ninguna estrategia. El hombre de Waterloo le iba a arrebatar un ejército de más de cien mil votantes y el gobierno de Aragonés intentó ser pragmático, pactando con un Estado central que había ganado la primera gran batalla, y aceptando el reto. No podía vender fantasías, ni airear que con su triunfo vendría la independencia; por el contrario, se había degastado políticamente gestionando un país en solitario después de la retirada estratégica de sus antiguos socios y se quedaba sin presupuestos por una jugada difícil de comprender. De esta forma, ERC pagaba la factura de la derrota y era víctima del desencanto de miles de ciudadanos que creyeron que el camino emprendido hace una década era el bueno, y ahora ya no sueñan. Por el contrario, el hombre de Waterloo no dudó en proclamar un mensaje fantasma, en que se le veía regresando triunfante, con una Cataluña que desde La Jonquera al Palau de la Generalitat lo recibiría con flores y vítores, y donde Él, en el balcón emblemático de la Plaça de Sant Jaume, pronunciaría el discurso del Día de la Independencia. Era el relato demagógico de quien no ahorra medios para convencer; era el lema «si me votáis, regreso; de lo contrario me retiraré».

Ahora, no sabemos quien gestionará los votos. Sí sabemos que la senda emprendida por ERC será la que sigan quienes hereden el sillón de la plaza de Sant Jaume, sea quien fuere, ya que podemos afirmar que no hay otro camino y que Convergència ha vuelto, de forma tal que Jordi Pujol y Artur Mas han bendecido el regreso. Sigue siendo válida la expresión de Tito Livio en Ab Urbe Condita: «Vae victis».


Joan Santacana Mestre (Calafell, 1948) es arqueólogo, especialista en museografía y patrimonio y una referencia fundamental en el campo de la museografía didáctica e interactiva. Fue miembro fundador del grupo Historia 13-16 de investigación sobre didáctica de la historia, y su obra científica y divulgativa comprende más de seiscientas publicaciones. Entre sus trabajos como arqueólogo destacan los llevados a cabo en el yacimiento fenicio de Aldovesta y la ciudadela ibérica y el castillo de la Santa Cruz de Calafell. En el campo de la museología, es responsable de numerosos proyectos de intervención a museos, centros de interpretación, conjuntos patrimoniales y yacimientos arqueológicos. Entre ellos destaca el proyecto museológico del Museo de Historia de Cataluña, que fue considerado un ejemplo paradigmático de museología didáctica.


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