/ por Rodolfo Elías /
Postrer momento
Muerte, sé que estás ahí.
Y no te acojo ni huyo de ti,
sólo te aguardo sigiloso.
Sé que en su debido momento vendrás,
mas no sé dónde ni cómo me encontrarás.
Eso es lo que pesa más;
sólo el final lo dirá.
Muchos quieren posponerte
y otros te quieren negar.
Algunos corren hacia ti buscando la salida.
No me has buscado y tu razón tendrás,
pero duda no te cabe que a tiempo llegarás.
Pero eso ni tú lo sabrás;
sólo el final lo dirá.
Si al irme de aquí
puedo decir que no me vendí,
podré declararme triunfante.
No habrá lágrimas, nunca jamás,
me perseguirás y ya no me alcanzarás.
Es eso lo que ansío más;
sólo el final lo dirá.
No me contestes
«¿Y ahora qué?»,
me preguntas.
Como si yo tuviera la respuesta.
Nada que yo te diga cambiará las cosas;
hazte a la idea.
Son las dos de la mañana
y aquí estamos todavía.
«Ya me canso de llorar y no amanece»,
dice la canción; pura música.
También hay Netflix, Instagram y Tik Tok…
Ah, y juego de pelota.
Pero, ¿por qué estoy hablando así?,
con talante proverbial y sentencioso.
Será porque amo
las canciones de Eric Woolfson.
Si vieras las cosas como yo las veo
no tendríamos esta conversación.
Sólo un libro he leído
verdaderamente: la Biblia.
Los demás son pasatiempos.
Libros van, libros vienen
y nos queda la resaca.
Hay tantas formas de pasar el tiempo
y escogemos la más fácil,
la que menos duela;
la que nos saque de aquí.
Estoy buscando en la noche
la verdad que no encuentro en el día.
Necesito una espada flamígera
para matar al dragón de mil cabezas.
No more chasing the dragon.
El mucho estudio aflicción es de la carne,
dijo el sabio, hijo de David.
Son y arte
Es la línea, el color,
la precisión de imágenes.
Y matices que vibran
dinámicos.
Son luz;
son sombra.
Son imágenes
(cuerpos, rostros, figuras, vistas)
que se desprenden del lienzo;
y tienen más vida que el presente.
El arte preserva.
Y la rosa marchita hoy
tiene lozanía;
tiene aroma y rocío.
Una mano precisa
da vida con el pincel
y un rostro hermoso
parece reflejarse en el lienzo.
Son causa;
son efecto.
En su representación del mundo
el arte produce belleza;
y también, a veces,
la belleza hace arte.
Su-la-mi-ta
Penumbras de cuarto,
de noche o de día.
Navajas del deseo
que hienden la carne.
Miradas sensibles
de ojos cegados
por la revelación
de tu cuerpo…
Ojos que no ven
más allá del instante.
Caminar sobre hielo
quebradizo,
como el alma
del ya prófugo.
Acercarse a la escena
del crimen
aun no cometido;
nadie es inocente.
Porque, palpar tu desnudez
es profanar la esfinge.
Demasiado tarde,
dice la razón;
no se puede desandar
lo andado desde siempre.
Textura, sabor y fragancia
armonizan en un solo punto, hoy.
Tu ombligo,
que es como un cáliz
al que no le falta
su néctar.
Más abajo
el campo de lirios,
como lo augura
tu nombre.
Los nenúfares de Grenouille,
el magno perfumista.
Nenúfares de aroma
exaltado;
que dan y quitan
sosiego a los deseosos.
El gran duelo
de los tiempos,
entre dos opuestos
que se embisten enfebrecidos.
Demasiado tarde,
la petite mort te ha sorprendido.
Hombre despreciable
Soy un hombre despreciable,
y he sido amado.
Tanto como un hombre despreciable puede ser amado.
Así que, no se apresuren a salvarme,
no corran a bendecirme.
Puedo inspirar buenos sentimientos en la gente;
en la gente que más me quiere.
Pero estoy sujeto a ver su lado feo
a la menor provocación.
Nada por qué llorar.
Sólo soy un hombre despreciable,
soy sólo un hombre intolerable.
Soy un hombre despreciable
y no debo ser amado.
Solamente apreciado, porque hago algunas cosas de cierto valor.
Así que no corran a amarme,
no se apresuren a agradecerme.
Algunas veces puedo ser de mucha ayuda a la gente,
especialmente a la gente que más me quiere.
Pero, aun así, estoy sujeto a ver su lado feo
a la primera de cambio.
Nada en que colgarse.
sólo soy un hombre no querible,
soy un hombre despreciable.
Hijos del tiempo
«Son hijos del tiempo», contestó el anciano,
cuando su nieto le preguntó por qué
los cuentos e historias se repiten
de generación en generación.
«Cuénteme el último», urgió el joven al viejo,
«que ya los oí todos».
Después que el viejo relató la historia
de una familia destruida por el orgullo y la hechicería,
se fueron a dormir
cada uno en su habitación de la vieja casona.
Al otro día el joven buscó al viejo sin encontrarlo.
Lo llamó y no respondió.
Cuando se vio en el espejo, tenía la cara de él;
con las mismas facciones y arrugas.
Vendrán del pasado
Ese silencio que escucho hoy
Es el silencio del amor
Ese murmullo que escucho hoy
Es el murmullo del adiós
Ese siseo que escucho hoy
Es el rumor de una canción
Esa palabra que escucho hoy
Es la palabra sin verdad
Ese discurso que escucho hoy
Es letanía del infiel
Ese lamento que escucho hoy
Es el fragor de tu pasión
Ese alarido que escucho hoy
Es tu verdad sin pronunciar
Es todo, es lo que existe hoy
Para ti y para mí
(Coro)
Vendrán a ti y a mí
Desde el pasado vendrán
Vendrán a ti y a mí
Nuestros muertos vendrán
Y así buscando la vida vendrán
Presentes en tu muerte serán
Serán, serán, serán, serán
Los muertos serán
Serán, serán, serán, serán
Tus muertos serán

Rodolfo Elías, escritor en ciernes nacido en Ciudad Juárez y criado en ambos lados de la frontera, colaboraba con la revista bilingüe digital, hoy extinta, El Diablito, del área de Seattle. Sus textos han sido publicados en la revista SLAM (una de las revistas literarias universitarias más prominentes de Estados Unidos), La Linterna Mágica y Ombligo. En la actualidad trabaja en dos novelas, una en inglés y otra en español.
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