Poéticas

Las aguas sin mancha

El tinerfeño Carlos Javier Morales continúa con 'Cuerpo humano' su labor de búsqueda de lo insospechado para reconocerse como el primer asombrado por la palabra poética.

/ una reseña de Carlos Alcorta /

Aunque sus últimas publicaciones corresponden al género ensayístico, Carlos Javier Morales (Santa Cruz de Tenerife, 1967), es, fundamentalmente, poeta, género en el que ha publicado ocho títulos. De hecho, la poesía, escribe, «sigue siendo para mí una forma privilegiada de conocimiento. Empezar a escribir un poema es meterme en un túnel desconocido que me conduce, inevitablemente, al lugar más insospechado. Cuando salgo por ese sitio nuevo, todo me parece diferente y yo mismo ya soy otro. El poema es imprevisible y yo soy el primer asombrado».

Poemas de sus siete primeros libros aparecieron en la antología Una luz en el tiempo (2017) y el octavo, El corazón del mar, se publicó en 2020. Han pasado, pues, cuatro años hasta la publicación de Cuerpo humano, su nueva entrega, en cuyo «Prefacio» el poeta nos ofrece ya una poética que intentará guiar los poemas del libro: «No encontrarás palabras/ para expresar lo mucho que te ofrece/ la realidad, al lado de tus sueños./ Deja de imaginar mundos posibles/ y lánzate a las aguas que no ha manchado nadie».

No cabe duda de que se trata de un proyecto ambicioso y, me parece, algo contradictorio, porque, por un lado, se da una imagen de la realidad como algo tan vasto que resulta imposible de describir y, por otro, se impone la necesidad de lanzarse a unas aguas impolutas, imaginamos por tanto fuera de esa realidad, es decir, imaginarias. O quizá quiera expresar que, si la realidad es tan vasta que no podemos abarcarla, solo a través de la imaginación podemos crearnos una idea aproximada. En cualquier caso, más que racionalizar la realidad, lo importante es que el poeta se guie por la intuición y por la emoción y Morales cifra esa emoción en el encuentro de los cuerpos, de dos cuerpos exactamente: «tú sabes bien que toda intimidad/ es cosa de dos cuerpos/ humanos que se aman y se buscan/ hasta encontrar a Dios en lo más hondo/ de cada uno».

Esta concepción tomista de la existencia encuentra ahora fuera sí su complemento y, como es lógico, su consumación en el abrazo divino. Ese fuera de sí tiene su propio cuerpo, que, como las dos partes de una naranja ―por utilizar el tópico―, no son nada la una sin la otra. Su presencia, la del otro cuerpo, da sentido a la propia vida del poeta y al universo todo: «Es realidad la idea que tenemos del mundo/ cuando al fin nos besamos». Una lectura entre línea de estos versos y de otros como los que siguen: «A tu edad y a la mía ya no importa/ lo que hayamos perdido. Solo una/ verdad es necesaria: tu rostro ya desnudo/ ante la luz más pura del verano;/ tu pecho inmensamente/ abierto al latir del universo;/ las piernas con que guardas/ el secreto que nunca se desvela del todo», nos descubre un refinado erotismo que, sin embargo, queda lastrado por ciertos eufemismos, para este lector, innecesarios, sobre todo teniendo en cuenta que la idea final, el vector que une esos versos y subyace en todo el libro, es que la comunión con Dios avala ese encuentro amoroso: «Mi cuerpo es solo cuerpo, pero el tuyo/ me convierte en un hombre, y junto a ti/ somos el mismo cuerpo de amor,/ somos cuerpo de Dios y no morimos».

La muerte física como tal no es relevante, según Morales, porque «No quiero ser materia solamente:/ si ahora soy cuerpo humano, arcilla iluminada,/ barro que con tu barro ilumina este mundo,/ seguiré siendo hombre donde tú estés conmigo». Es muy probable que el enorme esfuerzo de contención léxica que se aprecia en muchos de estos poemas haya acabado asfixiando su idea germinal, que no fluye con libertad. Me da la sensación de que una expresión más franca ―sin restar un ápice a la capacidad simbólica de la palabra― de la emoción mejoraría en mucho el poema.


Dos poemas

Oración de otoño

Y en medio de este otoño
sigue tu cuerpo vivo,
como la única luz que resplandece
en la playa vacía.

El sol es más tibio que tu rostro
fulgurando en el mar cuando sonríes.
Y la arena no enciende nuestra carne
si no fueras por ti, cuando la pisas
o te tiendes en ella: ¡terremoto
que hace vibrar y ensancha el Universo
y ensancha el corazón con que te amo
y mi cuerpo y mi alma ya sin límites!

No me duele el otoño ni el invierno,
No me asustan las fuertes marejadas:
Tu cuerpo vivo es luz y fuego y canto.
Déjame acariciarlo, aunque me queme.

Noviembre, 6:30 P.M.

Parece que el sol muere en el crepúsculo,
pero no muere nunca:
soy yo el que ha de morir ante la luz.

De ahí me viene esta pena
y una gran alegría inesperada.

Fotografía de portada de Rohi Bernard Codillo


Cuerpo humano
Carlos Javier Morales
Renacimiento, 2024
100 páginas
11,90 €

La imagen tiene un atributo ALT vacío; su nombre de archivo es alcorta.png

Carlos Alcorta (Torrelavega [Cantabria], 1959) es poeta y crítico. Ha publicado, entre otros, los libros Condiciones de vida (1992), Cuestiones personales (1997), Compás de espera (2001), Trama (2003), Corriente subterránea (2003), Sutura (2007), Sol de resurrección (2009), Vistas y panoramas (2013) y la antología Ejes cardinales: poemas escogidos, 1997-2012 (2014). Ha sido galardonado con premios como el Ángel González o Hermanos Argensola, así como el accésit del premio Fray Luis de León o el del premio Ciudad de Salamanca. Ejerce la crítica literaria y artística en diferentes revistas, como ClarínArte y ParteTuriaParaíso o Vallejo&Co. Ha colaborado con textos para catálogos de artistas como Juan Manuel PuenteMarcelo FuentesRafael Cidoncha o Chema Madoz. Actualmente es corresponsable de las actividades del Aula Poética José Luis Hidalgo y de las Veladas Poéticas de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo de Santander. Mantiene un blog de traducción y crítica: carlosalcorta.wordpress.com.


Descubre más desde El Cuaderno

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

0 comments on “Las aguas sin mancha

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Descubre más desde El Cuaderno

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo