Tengo de coger la flor

Un solo pero

Pepe Monteserín escribe sobre los pleonasmos, los adversativos, las repeticiones, el oponerse a la oposición y cómo tantos peros, uno tras otro, pueden hacernos perder el sentido.

/ Tengo de coger la flor / Pepe Monteserín /

«Pero sin embargo», es una expresión que circula desde El Fontán hasta el Parlamento. Pero, sin embargo, sería aconsejable evitar su redundancia. Así pretendamos poner más de un pero, basta con elegir una conjunción adversativa (pero, empero, no obstante, sin embargo, mas, si bien, aunque, con todo) y, a continuación, contraponer o añadir el concepto que nos interese. Por ejemplo: «Te explicas bárbaramente, sin embargo, te repites»; «Oviedo es una ciudad de cuento, no obstante tenemos pocos lectores». Un solo adverbio relativo (así lo llama Andrés Bello) es suficiente, o eso me parece a mí.

Supongo que el pero de un sin embargo, o el aunque de un no obstante, analizado desde la lógica, convierte el término adversativo en positivo; de la misma manera que, cuando decimos «no voy nunca a equivocarme», debería entenderse que sí, porque «no nunca» significa «alguna vez». Cuando aseguramos que «no hay nadie», expresamos, con o sin verbos por el medio, que «hay alguien». Menos por menos es más, según la regla de los signos. Es preciso manejarlo bien, tanto en la aritmética como en la ética, en particular si uno tiene la mala suerte de estar implicado en un juicio, para responder a las preguntas de los abogados que suelen empezar con ese «¿no es menos cierto…?», que cambia la polaridad de nuestras contestaciones y nos vuelve tarumba a los de letras.

Cuando de niños repetíamos la palabra monja más de tres veces, alterábamos su significado; lo mismo ocurría con bronca; y al recitar «del caño al coro y del coro al caño», terminábamos yéndonos al coño. Tengo para mí que tantos no de los políticos, tantos «no x no» podrían entenderse como una afirmación. Con tanta negativa sistemática a reconocer los méritos del adversario, los partidos corren el riesgo de negarse a sí mismos, de desvirtuar sus propias ideas. Y de tanto no dudar, como diría Víctor Botas, equivocarse. Cuidado, pues con los pleonasmos, con los adversativos, con las repeticiones, con oponerse a la oposición y con los argumentos de contrario. Tantos peros, uno tras otro, nos hacen perder el sentido.


Pepe Monteserín Corrales (Pravia, Asturias, 1952) ha escrito novelas, relatos y ensayos (algunos publicados en Trea), viajes, teatro, documentales para televisión, cuentos infantiles, letras para canciones, unos seis mil artículos para Prensa Ibérica, y ha colaborado en programas de radio y televisión. Su obra literaria ha obtenido múltiples reconocimientos en todos los géneros. Su último libro es Diccionario humorístico de un escritor: miles de definiciones, textos eruditos y chistes ad hoc (2022).


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