/ por Edu Nauta /
Se recuerda, aunque cada vez menos, la visión de una edad de oro del autostop, que pudo haber existido sobre todo en la década de los setenta-ochenta en Europa y España. Es un recuerdo romántico de viajeros de verdad, surcando la capilaridad de la geografía, una antítesis del turismo conductista y aséptico actual, de masas y pasillos. Hoy, sin embargo, esta actividad está en claro declive, y en tanto que participante en persona, aclararé por qué en este artículo. Hay razones técnicas, que tienen que ver con la gran mejora de los vehículos y las infraestructuras, y razones morales, relacionadas con esta época marcada por la avaricia y la paranoia. Iremos por temas:
1: Internet: Aunque acabó la edad de oro hace tiempo, ha habido una edad de plata caracterizada por el surgimiento orgánico de una comunidad internauta de autoestopistas en Europa y otros lugares, formada por hippies, nómadas digitales (los originales), alternativos, etcétera. Esta comunidad hizo un pico entre los años 2005-2015. Montaron una wiki, hitchwiki.org, que hacía de nexo de la comunidad, de repositorio de guías, etcétera. Esta comunidad es un remanente del internet primigenio, activista, utópico y friki, antes de que llegaran las redes sociales, los adultos y ancianos y los conservadores y derechistas. Hoy por hoy la información empieza a estar a veces un pelín desactualizada.
Especialmente útiles son las explicaciones que hay en artículos de cada ciudad, con los mejores lugares exactos donde colocarse para salir de ella en según qué dirección. También, en los artículos por país, hay explicaciones muy buenas sobre la cultura y percepción de cada sociedad nacional sobre el autostop. Esta comunidad también ha creado y mantiene su propio Google Maps, hitchmap.com, que exhibe un mapamundi con unos 30.000 puntos exactos donde colocarse para hacer bien autostop, coloreados de rojo a verde según la dificultad. Y por último pongo aquí abajo un mítico mapa de dificultad general por regiones. Hoy por hoy, es más que recomendable usar estas herramientas informativas si vas a hacer autostop.
2: Coches: Para empezar, los coches van mucho más rápido y aceleran mucho mejor que hace cuarenta o cincuenta años, y más aún los eléctricos que empezamos a ver. Es decir, tienen un tiempo de reacción en la carretera mucho menor que antes para fijarse en el autostopista y decidir o no llevarlo. En bastantes ocasiones, aunque quieran, es demasiado tarde para frenar. Además, los coches son mucho más voluminosos y menos abordables desde afuera de la ventana del conductor. Es por eso que hoy por hoy, para tener un mínimo éxito haciendo esta actividad, es preciso colocarse en sitios extremadamente concretos, en las afueras de las localidades, en rotondas que entran en autopistas, gasolineras, etcétera. Cualquier otro punto geográfico es negro.
3: Camiones: Cada vez menos camiones recogen a los autoestopistas por diversos motivos, y no necesariamente por voluntad propia, ya que a muchos camioneros les gusta amenizar su largo trayecto con compañía. El principal problema es que, en estas últimas dos décadas, las empresas de logística han empezado a prohibir a sus empleados que nadie se suba al camión. Por lo que sea, los empresarios no quieren líos y esgrimen razones relacionadas con pagos de seguro en caso de accidente en el que esté presente un autostopista. Hay camioneros profesionales que son autónomos, como en Estados Unidos, y ellos sí tienen libertad para acoger viajeros, pero cada vez son menos por la dificultad del negocio. Suelen tener cabinas blancas sin logo.
Otro problema es que, hoy en día, el sector está teniendo dificultades cada vez mayores para encontrar a hombres dispuestos a trabajar de eso, y cada vez más son hombres provenientes de la Europa del Este rural profunda, que no suelen ni hablar inglés ni mostrar interés por llevar a nadie. También hay cada vez más latinoamericanos. En general, pues, mientras que hasta los primeros años del siglo XXI, encontrar camiones era una vieja confiable que te sacaba de apuros en lugares difíciles, ahora esta opción se ha vuelto bastante peor.
4: Infraestructura: La construcción de redes de autopistas, autovías, intersecciones, distribuidores, rotondas, vías de acceso, etcétera. de gran tamaño ha alterado el ecosistema autostopista de formas muy agresivas. Todas estas infraestructuras son muy poco caminables, creando distancias largas y estéticas yermas. Además, los carriles viarios son mucho más anchos y fluidos que antes. Hoy en día, pues, hay dos grandes formas de hacer autostop: el autostop transcontinental y el autostop transcomarcal. En general, en un día muy bueno, un autostopista puede encadenar hasta 10-15 coches, en ambos tipos de viaje. Mediante autopistas, es posible hacer hasta 1000 kms, y mediante carreteritas, 200 kms.
El autostop transcontinental sirve para viajar en uno o dos días de España a Alemania, por ejemplo. Si haces esto, es imprescindible salir de tu ciudad a la gasolinera mejor estratégicamente colocada en dirección cardinal a tu destino. También es posible ir hasta algún peaje, pero es difícil caminar físicamente hasta ahí, y según donde te pueden intentar echar. También se puede probar en según que rotondas de entrada y salida a esta autopista, pero hay que tener en cuenta, como norma general, que cuanto más grande es una área metropolitana, más actúa esta como un agujero negro que te imposibilitará escapar. El porcentaje de coches que de hecho se marchan a otra área metropolitana puede llegar a ser muy bajo. Hay que mentalizarse de que no será un viaje especialmente turístico o estético. Verás poco más que autopista y gasolineras encadenadas una tras otra hasta llegar a tu destino, y pisarás mucho asfalto.
El autostop transcomarcal consiste en evitar grandes aglomeraciones e ir avanzando de forma serpenteante por zonas rurales, saltando de capital comarcal a capital comarcal (hablamos de municipios entre 5000 y 50.000 habitantes, con una media de cinco pueblos o aldeas entre cada ciudad). Ahí, las infraestructuras viarias mastodónticas son mucho más dispersas, y la velocidad de los vehículos es bastante menor. Se nota mucho cómo varía la psicosociología regional, según el clima, las dinámicas políticas de dominación y sumisión interregionales, y de urbanismo vs ruralidad (que crean apertura o cerrazón respecto a desconocidos), etcétera. Además, cuanto más turismo vacacional, más desolador es el panorama para el autostopista.
4: Perfiles de conductor: Hay varios perfiles de conductor, según edad, sexo y renta, y la mayoría de ellos muy difícilmente te va a recoger. Por lo general, los ancianos y las señoras no suelen recogerte jamás, y a veces hasta te mirarán con cara de asco, cosa que a la larga tiende a tocarte emocionalmente. Las familias con niños tampoco recogen nunca, pero eso es comprensible. Los coches de alta o media-alta gama tampoco suelen recoger a nadie por lo general. Los que más cogen son hombres treintañeros, y hombres sesentones que también fueron autoestopistas en su día.
De hecho hay un gran indicador estadístico que está muy positivamente correlacionado con la probabilidad de ser recogido, y es que el conductor haya sido de joven también autostopista y/o de perfil hippie, aunque fuera hace 30 años. Esto crea un vínculo de empatía y solidaridad. Esto es preocupante a largo plazo, ya que cuanto más avanzan los años hoy, menos gente hace autostop y por tanto menos gente tiene empatía con los que hacen autostop. De hecho, muchos te dirán que ya ven raro hoy en día ver a autoestopistas como tú, que ya no es como antes, etcétera. En palabras de un amigo, experto en el tema, los últimos autoestopistas son quijotes que leyeron la beat generation.
5: Psicología de la paranoia: Es indudable que estamos viviendo una época histórica marcada por la desaparición de los valores relacionados con la fuerza, la potestad, el ímpetu, la violencia, etcétera. Desgraciadamente, sin embargo, la consecuencia para el autostopista es paradójica. Cuanto menos sabe la gente erguirse vitalmente hablando, y enfrentarse a situaciones y personajes desconocidos, más huidiza y paranoica se comporta. El miedo, irracional la mayor parte de las veces, a pararte y subir a alguien porque éste podría «hacerte daño» (robar, violar, etcétera) surge de una identidad ligada a la impotencia física y la falta de seguridad y amor propio. Este arquetipo de conductores son los que hacen más muecas y acelerones desagradables al verte en el bordillo. En cambio, hay una cierta alegría y una positividad exultante de un hombre hecho y derecho, que con humor y generosidad se parará y te llevará, bastante más que el resto.
6: Psicología de la avaricia y de la prisa: Es también indudable que en Europa y el primer mundo en general tenemos un gran problema de valores. Empezando por Turquía y hacia al este hasta China (ahí ya no tanto, de nuevo), la facilidad para hacer autostop es muchísimo mayor, aunque sea una actividad mucho menos practicada y ajena al conocimiento de esas gentes, que sin embargo, son mucho más propensos a comportarse con enorme honorabilidad y hospitalidad, especialmente en la zona iraní, donde hay quienes se pueden llegar a enfadar con los demás al ver que no te recogen (cosa que jamás sucedería en España, ya que aquí todo el mundo va a su bola y sudan de ti). En estos países, no solamente te recogen rápido, sino que después quizá te invitan a té, y hacen a veces malabares para ayudarte de forma excepcional. Y si es tarde/noche, por supuestísimamente que te invitarán a dormir a su casa, faltaría más, etcétera, etcétera.
En occidente priman las prisas, las ansiedades devengadas del ritmo de vida de salario y horario, viviendas individuales, falta de valores trascendentales, etcétera. Es bien cierto que en un país islámico serán mucho más hospitalarios contigo, dado que esas gentes tienen una vida espiritual activa y están focalizados también en la vida más allá de la muerte, y con esa perspectiva en mano, insistirán en ayudarte, mucho más que un liberal-agnóstico europeo mediocre e inconscientemente autocentrado. Además, el ritmo de vida en toda esa parte del mundo es mucho más relajado en lo cotidiano, y suele sobrarle el tiempo a la gente para ocuparse de imprevistos así sin problemas. En Europa, el ritmo de vida frenético y la pulsión primaria por el beneficio personal está contribuyendo a matar el autostop.
7: Conclusión: Tras un historial de unos doscientos coches a mis espaldas a lo largo de viajes varios, puedo asegurar que hacer autostop se ha convertido en una actividad sadomasoquista que sin embargo a veces puede ser maravillosa. Es necesaria una gran fortaleza de espíritu, ya que puede ser desolador ver como pasan decenas de coches en tu cara sin que te cojan; cientos, si el lugar es particularmente malo, y te quedas atrapado durante horas. El abatimiento es peor, ya que cuanto más pasivo te muestras en el borde de la carretera, menos caso te van a hacer, y en ocasiones es necesario desplegar un mínimo de payaseo mezclado con chantaje emocional mediante gesticulaciones para terminar de arrancarle la aceptación al potencial conductor.
Por otra parte, las profundas conversaciones de media hora a una hora con personajes totalmente aleatorios con quienes normalmente nunca hablarías pueden llegar a imprimir bellísimas lecciones vitales, y proporcionar información más real y actual sobre la región que atraviesas que cualquier guía turística.
Además, hay que comentar que, si eres una chica, es bastante más fácil que te recojan, ya que la gente se va a preocupar y apiadar mucho más de ti que si eres un chico; sin embargo, también hay un eterno peligro de ser agredida o utilizada. Las chicas autoestopistas que he conocido normalmente son jóvenes con gran carácter y autonomía, que saben oler las situaciones, e imponerse verbalmente si es necesario.
También es útil comentar que cuanto antes durante el día hagas autostop, mejor, ya que durante la tarde-noche, los conductores ya no viajan a distancias lo suficientemente largas como para que te interese subirte, y además se muestran más reservados.

Edu Collin Hernández (Amberes [Bélgica], 1995), hijo de belga y española, graduado en economía, y educado en el núcleo duro del Opus Dei catalán, ha vivido su juventud a caballo de entornos frikis interneteros, y comunidades hippies y new age. Psiconauta empedernido, escribe sobre la conexión entre las experiencias místicas y el surgimiento de entramados institucionales, y otros temas relacionados.
Descubre más desde El Cuaderno
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Pingback: La moribunda cultura del autostop – Neumatologia