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Tabaquismo y reducción del daño

En España más del 19 % de la población sigue consumiendo tabaco de combustión a diario y esta práctica se estima que causa más de 130 muertes diarias, amén de los daños sobre la calidad de vida de los fumadores. Miguel de la Guardia se pregunta cómo acabar con el tabaquismo.

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En España más del 19 % de la población sigue consumiendo tabaco de combustión a diario y esta práctica se estima que causa más de 130 muertes diarias, amén de los daños sobre la calidad de vida de los fumadores. Es cierto que fumar es una decisión personal, pero los daños que provoca esta práctica afectan tanto al bienestar de los fumadores como al sistema de salud del país, pues la etapa final de la vida de un fumador exige cuidados médicos y conlleva gastos enormes para los sistemas públicos.

En muchos países se han tomado disposiciones para evitar que el consumo de tabaco se extienda a los jóvenes y ya empieza a hablarse de un horizonte sin humo para las generaciones futuras mediante un esfuerzo en la educación, limitaciones de las áreas en que se puede fumar, aumento de los precios y reducción de la publicidad. Pero estas medidas no parecen pensadas para la cesación del tabaquismo y no olvidemos que si el humo es el causante de los problemas de salud de los fumadores, la nicotina es quien provoca una fuerte adicción.

Las unidades de tabaquismo en centros públicos y privados deberían tener datos actualizados de los fumadores que tratan de cesar el hábito y los medios más exitosos para alcanzar este fin, pero no parece que las autoridades sanitarias dispongan de dicha información y menos aún que la tengan en cuenta para diseñar sus estrategias. Al contrario, la posición ministerial española considera equivalentes todas las formas de absorción de nicotina por vía respiratoria y tan solo ofrece al fumador la alternativa del empleo de sicofármacos. Ignora así la experiencia de otros países como Reino Unido, Suecia, Japón o Nueva Zelanda, en los que se ofrece a los consumidores de tabaco de combustión alternativas como el vapeo o el tabaco calentado.

La realidad es que la reducción del daño en el consumo de tabaco se extiende no solo a los parches, chicles o caramelos de nicotina, también los nuevos productos, como el snus o las bolsitas de nicotina, muy empleadas en Suecia, el vapeo de disoluciones de nicotina o el tabaco calentado sin combustión, evitan o reducen drásticamente la emisión de monóxido de carbono, compuestos orgánicos volátiles o partículas en suspensión y se ha demostrado que fumadores empedernidos que cambiaron totalmente el consumo de tabaco clásico por el vapeo, lograron reducir drásticamente en su orina la presencia de marcadores de riesgo de padecer enfermedades coronarias.

No obstante, el Ministerio de Sanidad español prefiere ignorar las evidencias científicas de la reducción del daño y el que sus propias encuestas EDADES y ESTUDES pongan de manifiesto que el vapeo está lejos de ser una puerta de entrada al tabaquismo y está convirtiendo su lucha contra el tabaco en una causa general contra la nicotina.

Si queremos acabar con el tabaquismo será necesario establecer encuestas fiables sobre los medios de cesación empleados por los fumadores y sus éxitos relativos, además se deberán arbitrar soluciones que permitan que los fumadores empedernidos puedan abandonar el tabaco de combustión y adoptar, aunque sea temporalmente, prácticas de reducción del daño. Que no se engañe nadie ni crea que estoy haciendo una loa del vapeo o el tabaco calentado. Al contrario, nada mejor que respirar aire puro y ensanchar nuestros pulmones lejos de la contaminación; pero no parece inteligente ignorar las posibilidades que ofrecen los nuevos productos que, conservando la gestualidad de los fumadores y el placer oral en el consumo de nicotina, proporcionan una puerta de salida a quienes desarrollaron una dependencia de la nicotina. ¿Será verdad que ignorar la realidad no es la mejor forma de resolver los problemas?

Fotografía de portada de Debora Cartagena


Miguel de la Guardia es catedrático de química analítica en la Universitat de València desde 1991 y en la actualidad profesor emérito en activo. Tiene un índice H de 92 según Google Scholar y ha publicado más de 987 trabajos con más de 40.000 citas, 5 patentes españolas, 4 libros sobre green analytical chemistry (Elsevier, RSC y Wiley), un libro sobre calidad del aire (Elsevier), dos libros sobre análisis de alimentos (Elsevier and Wiley), un libro en dos volúmenes sobre smart materials en química analítica (Wiley) y otro sobre NPSs (Elsevier) y está preparando un libro sobre Human biomonitoring in Food safety assurance para RSC. Además ha dirigido 35 tesis doctorales y es editor jefe de Microchemical Journal (Elsevier), miembro del consejo editorial de Spectroscopy Letters (Estados Unidos), Ciencia (Venezuela), J. Braz. Chem. Soc. (Brasil), Journal of Analytical Methods in Chemistry and Chemical Speciation & Bioavailability (Reino Unido), SOP Transactionson Nano-technology (Estados Unidos), SOP Transactions on Analytical Chemistry (Estados Unidos) y Bioimpacts (Irán). Condecorado como Chevallier dans l’ordre des Palmes Académiques por el Consejo de Ministros de Francia, Premio de la RSC (España) y condecorado por la Policía Local de Burjassot.  


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