Actualidad

Contra la actualidad

Vicent Yusá escribe contra los debates fugaces, intrascendentes y espurios con que los medios de comunicación nos encierran en la caverna platónica.

/ por Vicent Yusá /

Un amigo mío me ha estado contando la trama de la novela que acaba de finalizar. Al parecer, el personaje central, un profesor de filosofía, está entrando en una fase actualofóbica: un síndrome concretado en distintos síntomas entre los que destaca un creciente desdén, que ya está alcanzando el grado de repulsión, respecto de la actualidad. Se refiere, me aclara, no a los hechos que suceden, a la realidad en estado puro de nuestro mundo, sino a la actualidad como interpretación,  al maquillaje realizado por la mayoría de los medios de comunicación, a la realidad transmutada en actualidad oficial.

Este ficticio profesor ha encontrado un antídoto frente a su incipiente aversión patológica a esa «realidad disfrazada». Para evadirse de la engañosa y perniciosa irrealidad, se ha aficionado a leer las noticias del mismo día del año anterior, sobre todo aquellas que se publicaron con pretensiones de establecer previsiones o pronósticos acuciantemente catastróficos y apocalípticos sobre la política nacional. Como se trata de noticias de hace una año, pueden leerse conociendo con certeza cuál ha sido el desarrollo de los acontecimientos, qué ha ocurrido realmente. La conclusión es clara, incluso estadísticamente nítida: el noventa y ocho por ciento de esos vaticinios resultaron manifiestamente falsos, errados, y el otro dos por cien claramente desviados.

Con esos contundentes datos, que corrobora diariamente, el profesor ya ha conseguido aproximarse a las noticias actuales con la certeza de que se trata de meras ficciones interesadas que no merecen la más mínima credibilidad, por lo que es absurdo preocuparse o inquietarse, ya que en el corto o medio plazo se desmoronan.

Aunque se trata de un personaje literario, de un experimento mental, estoy bastante predispuesto a darle credibilidad al profesor de filosofía. ¿Qué sentido tiene dedicar unas horas al día a informarse de lo que dicen que ocurre, a leer anuncios tremendistas, a escuchar profecías de hechiceros de feria, dada su absoluta falibilidad? ¿Qué valor tiene empaparse de una actualidad tan efímera como engañosa?

Prescindir de la mala práctica de estar pendiente y angustiado por una actualidad fabricada intuyo que tiene dos ventajas: dejar de preocuparse por el falso caos inminente, y por lo tanto una rápida mejora de las constantes fisiológicas asociadas con la ansiedad, y liberar tiempo para gustos más acreditados. Sin duda, ese tiempo puede dedicarse a leer algunos textos de Montaigne o de Bertrand Russell, por ejemplo, que sin duda proporcionarán mayor placer y nos acercan al ideal clásico del ocio cultivado (otium).

Pero hay además otro elemento ligado a las noticias de actualidad que me resulta extremadamente irritante: las noticias cíclicas, el eterno retorno de lo de siempre: comienzan las fallas, se inician los sanfermines, la vuelta al cole, el debate de presupuestos, la tomatina, la sequía, el calor del verano, la operación retorno, el racarraca catalanofóbico o erre que erre madrileñofílico. Llegas a una edad en que ya no soportas la misma noticia por sexagésima vez.

Quizás esta posición pueda tacharse de escapista, de una llamada desesperada a encerrarse en la torre, sea de marfil o la de Montaigne, acompañado con una pila de libros sobre escepticismo, estoicismo o budismo. No es así. No propongo el aislamiento, ni proclamo el desinterés por el mundo exterior. Soy partidario de convertir los acontecimientos reales en experiencias, de evitar la «enfermedad del introvertido» de la que hablaba Russell. En absoluto abogo por desentenderse de los problemas reales de nuestras sociedades y de nuestro tiempo, como la masacre contra los palestinos, la violencia machista, la xenofobia, las desigualdades. Todo lo contrario: se trata de evitar que nos entretengan con una falsa actualidad, con debates tan fugaces como intrascendentes o espurios. Se trata de reforzar las propias convicciones o matizarlas o modificarlas con lecturas sabias, tolerantes, de largo alcance, con la reflexión ética, con la filosofía política, con aportaciones estéticas. Gran parte de la Actualidad es un falso anuncio, un baldío debate sobre falacias y engañosos pronósticos. Es urgente salir de la caverna platónica.

Fotografía de portada de Anete Lusina


Vicent Yusá es doctor en química, investigador en las áreas de seguridad alimentaria y ambiental, y profesor asociado en la Facultad de Química de la Universidad de Valencia. Ha dirigido los laboratorios de salud publica de la Generalitat Valenciana y ha participado en diferentes proyectos nacionales e internacionales. Tiene un gran número de publicaciones científicas en revistas de alto impacto. Ha realizado estudios de filosofía y es autor de Ascenso a la Torre. Apuntes para una filosofía de proximidad.


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