Música y danza

Variaciones en torno al tema del mito del maestro

Reflexiones melómanas de Luis García Otero, en torno a la dificultad de ver una película sobre música clásica, la periclitada era de los grandes directores o el océano discográfico Bernstein.

/ por Luis García Otero /

Norman Lebrecht escribió hace ya bastantes años un libro intitulado El mito del maestro, en el que analizaba la carrera —y la chismografía— de los grandes directores de orquesta del siglo XX. El argumento principal del libro era que, en el pasado la figura del director había alcanzado un poder omnímodo, convirtiendo sus mandatos en verdaderas tiranías. Los Toscanini, Furtwängler, Karajan, Solti, Bernstein, Mravinski, se comportaron como verdaderos autócratas con sus músicos. Además, el autor censuraba de manera vitriólica sus vidas privadas para convertir el libro en un verdadero banquete pantagruélico: alcoholismo, satiriasis, egolatrías varias, traiciones y ambiciones, desfilaban por las muy gozosas páginas del libro. Y por ello generó un polvorín de críticas que no hizo sino aumentar sus ventas. Continuó con The life and death of classical music donde ahonda en la crisis de la industria discográfica, hoy en vías de extinción. Aprovecho para recomendar con el entusiasmo habitual su último libro, Genio y ansiedad, en el que desgrana a través de una serie de grandes personajes la aportación judía a la ciencia y a la cultura universal. El relato está festoneado con sorprendentes y muy novelescas historias. Lebrecht es un gran ensayista capaz de manejar con virtuosísimo los más diferentes registros, en la línea de la siempre amena tradición anglosajona. Final del tema.

Variación I. Maestro

Recientemente hemos sido castigados con un nuevo avatar del mito del maestro en la desafortunada película Maestro, que presuntamente recreaba la vida y la obra de Leonard Bernstein. La crítica de la peli —otros se han ocupado de ella, me da mucha pereza— se podría resumir en la fantástica prótesis que luce Bradley Cooper para dar verosimilitud a su recreación de Lenny. El resto es un despropósito que confirma una vez más la dificultad de ver una película sobre música clásica, no diré buena: al menos digna. Pero Jean-Marie Straub con su Pequeña crónica de Anna Magdalena Bach; Amadeus de Milos Forman; Song of love de Clarence Brown y más recientemente la muy problemática Tar son algunos ejemplos dignos del género. Pero ese es otro artículo.

Variación II. La era de los grandes directores

Upon once time todo el mundo reconocía y sabía de memoria los nombres de los directores de las grandes orquestas, sin dudar. Sus mandatos, como sus vidas, eran eternas, morían con las botas puestas. Toscanini-NBC; Ormandy-Philadelpia, Beecham– RPO; Klemperer– Philarmomia Orchestra; Solti-Chicago; Ozawa-Boston; Szell-Cleveland; Doráti-Minneapolis; Haitink-Concertegebouw; Karajan-Berlin; Mravinski-Leningrado; Ančerl-Filarmónica Checa; Jochum-Bayerisches Rundfunk; Blomstedt-Gewandhaus Leipzig; Colin Davis-London Simphony…

Hoy, yo mismo tendría un montón de dudas para soltar a bote pronto y sin demora una lista similar.

Pero lo más importante: el sonido era reconocible. La mítica cuerda de Filadelfia; el acero bruñido de los metales de Leningrado; las trompas de las orquestas francesas; el sonido Karajan; los vientos de las orquestas checas; la seda vienesa, la belleza del Concertgebouw, y así podríamos seguir con las mejores orquestas del mundo.

Esta diferenciación hoy extinguida (solo resiste la rugosidad de las cuerdas de la Staatskapelle Berlin) iba asociada al origen de los músicos (hay historias fascinantes sobre ello como sucede con la Orquesta de Bamberg) y, no sobra decirlo, a la omnipresencia del maestro y a su larga tiranía.

La relación entre los directores y las orquestas ha cambiado notablemente, el mundo de la música se ha globalizado, los maestros ya no tienen el poder de antaño y la gestión se ha democratizado, lo que no significa el final de las hostilidades. No me resisto a comentar la elección de Kirill Petrenko como director titular de la Filarmónica de Berlin. La votación de los músicos se dividió a partes iguales ente Nelsons y Thielemann. La decisión final fue el nombramiento de un tercer candidato menos conocido y con una carrera discográfica menor.

Variación III. El final de una era

El principal problema de las orquestas de nuestros días es la financiación y la venta de sus productos en el final de la era del disco. Las ventas de la música clásica, que siempre representaron un porcentaje ínfimo de la industria discográfica, han pasado a ser irrelevantes en la era del streaming y con fecha de caducidad; el retiro de la última generación de melómanos. Muchas orquestas han creado sus propios sellos y retransmiten sus actuaciones creando canales de difusión propia. En la vieja Europa, los gobiernos todavía sostienen el andamiaje cultural. En Estados Unidos, donde siempre la financiación de las orquestas ha dependido del mecenazgo privado, la crisis es sistémica.

Las grandes reediciones —monster box— de los grandes músicos del pasado ocupan la parte fundamental del negocio. Los enfermos de discofagia, somos muy conscientes de vivir el último momento, la era del acabamiento, esas cajas desaparecen rápidamente del mercado (como las extintas tiendas de disco) y solo se encuentran, en el mejor de los casos, en tiendas virtuales de segunda mano y a un precio de fantasía. Ahora o nunca.

Lo más fascínate de este fin de mundo es que todavía podemos esperar y disfrutar de nuevas y maravillosas versiones de cualquier obra —lo mejor está por venir— mientras contemplamos embelesados el hundimiento del Titanic.

Las únicas compañías supervivientes, DG, Warner Music, apuestan decididamente por músicos jóvenes —grandes intérpretes— que, durante unos años todavía son capaces de vender discos, promocionando sin recato alguno su frescura y —por qué no decirlo—, en muchos casos, su belleza. Y claro: también ellos tienen fecha de caducidad, véase Lang Lang. De la nueva generación de jóvenes pianistas e insisto los hay muy buenos, mi preferencia va al islandés Vikingur Ólafsson, de largo el más interesante de todos. El paradigma de este nuevo marketing, y sé que no todos estarán de acuerdo, es el director finés Klaus Mäkelä, que a sus 28 años es titular en París, Concertgebouw y Chicago —nada menos—: algo impensable en los tiempos idos a los que me refería al inicio de este artículo. Sus grabaciones son buenas, prescindibles y hasta terribles, óigase su reciente Shostakóvich. Alguien puede ser realmente tan bueno —un perverso crítico norteamericano le llama Ken Doll—, aunque, en mi opinión le faltan unos cuantos matrimonios y otros tantos divorcios.

Recurriré como siempre a mi optimismo militante. Nunca he tenido a mi disposición la amazónica cantidad de música que ahora puedo comprar a precio de orillo y sin que me tiembla el pulso, o escuchar —no soy fundamentalista— en esas maravillosas plataformas digitales, que no voy a nombrar, casi todo lo que me venga en gana. Allá se las apañe cada uno.

Variación IV. Leonard Bernstein. La era de la ansiedad.

En las notas apresuradas que siguen trataré de resumir el océano discográfico Bernstein solo comparable al de Karajan, Szell, Munch, Bohm, Jarvi… Abandone toda esperanza quien espere un minucioso trabajo de erudición fonográfica, este no es el lugar ni el espacio necesario, para eso están las guías.

Para simplificar el asunto diferenciaremos dos etapas.

CBS-Sony. New York Philharmonic

Hay dos enormes cajones, circa cien discos cada uno, bajo el rótulo Bernstein Edition (orquestal y vocal) que recogen todas sus grabaciones de este período, centrado sobre todo en los años sesenta. En ellos, aparecen representados todos los grandes compositores de los dos últimos siglos, desde Haydn hasta Stravinski. Espigaremos entre algunos de esos registros para hacernos con una discografía para una isla desierta.

  • Mahler: primer ciclo completo en la historia de la fonografía. En el momento de su grabación no era el compositor omnipresente en las salas de conciertos de hoy. Versión arrolladora, juvenil, fogosa en la que se destacan aquellos aspectos más modernistas, con la Filarmónica de Nueva York en estado de gracia, el sonido aceptable sin más. Las nuevas remasterizaciones han mejorado las cintas originales y nos sorprende lo que ahora escuchamos y antes, no.
  • Beethoven: ciclo minusvalorado por la crítica. Bernstein destaca en las sinfonías 1, 2, 4 y 8 con un ritmo sostenido, pleno de humor haydiniano y un soberano clasicismo. Irresistible. Con los años uno ha valorado cada vez más y mejor las sinfonías pares, antes hermanitas de la caridad beethoveniana.
  • Haydn: ciclo de sinfonías París y Londres. Especialidad de la casa. Humor y vitalidad, Bernstein canta, baila y nos emociona, a pesar de lo mucho que la interpretación historicista ha renovado estas partituras, en manos del maestro americano se convierten en lo que son, grandes piezas del repertorio sinfónico de todos los tiempos.
  • Schumann: primera grabación de las versiones originales, con la orquestación schumaniana sin retoque posteriores. Romanticismo exacerbado, interpretaciones viscerales que cortan el aliento. Fabuloso.
  • Brahms: robusta, espontánea, claridad de líneas y transparencia de timbres. Curiosamente más vienesa que su remake de los ochenta con la Filarmónica de Viena.
  • Chaikovski: otra especialidad de la casa, las afinidades electivas. Versiones apasionadas, energéticas, temperamentales sin alcanzar las cimas de sus versiones sueltas posteriores.
  • Sibelius: formidable presencia rítmica, fuerte impacto dramático. Brumas, misterio, tempestades, naturaleza. El Kalevala.
  • Shostakóvich: sinfonías 1, 5, 6, 7, 9 y 14. Otra alma afín a Bernstein. Se aleja de las grandes versiones rusas que son el testimonio de una época negra y afina la violencia, la histeria, el humor vitriólico, la acidez, también la belleza crepuscular y la desolación que transmiten estas partituras enfatizando su dimensión épica y la tragedia en la Leningrado.
  • Copland, Ives, Barber: versiones de referencia, en el primer caso superiores a las grabadas por el propio compositor.
  • Bernstein by Bernstein: sinfonías 1, 2 y 3. West Side story. Las sinfonías reciben una interpretación brillante y poderosa, grabadas pocos años después de su concepción. Reflejan el mundo espiritual de Bernstein, la angustia del hombre contemporáneo, la herencia de la tradición judía, sus búsquedas como compositor. La segunda está basada en un poema de Auden, la tercera Kaddish dedicada a Kennedy.

DG. Filarmónica de Berlín; Concergebouw Ámsterdam; Filarmónica de Viena… Años ochenta.

En las dos ultima décadas de su vida, Lenny se dio el placer de dirigir y grabar con las mejores orquestas del mundo sin las incomodidades de la titularidad oficial de ninguna de ellas.

El repertorio grabado es el mismo que en su anterior etapa. Escucharemos ahora en general versiones más reposadas, meditadas, de tempi más lentos, muchas de ellas grabadas en vivo.

Los ardores juveniles consumidos, bienvenida la madurez artística, el testamento espiritual de Bernstein.

  • Mahler: estamos ante el que es posiblemente el mejor ciclo de la historia de la fonografía. «Una sinfonía debe reflejar el mundo», así el propio compositor. Bernstein refleja la novela de Mahler, su narrativa, su expresividad. Versiones plenas de libertad, con adagios inolvidables. Magnifico sonido, cima insuperable.
  • Mozart: original y no para todos los gustos versión de la sinfonía 40, acompañadas de una soberbia 25, la otra gran sinfonía en sol menor del salzburgues.
  • Schubert: Sinfonía 9 «La grande». Efervescencia mendelssohniana, claroscuros, poesía en alerta constante sin restarle un ápice de soberana majestad.
  • Brahms: Concierto para violín. Después de grabar los conciertos para piano con Gould (famosa su discrepancia) y Zimermann, aborda este con Kremer. Electrizante, vertiginoso dos fuerzas de la naturaleza unidas en un final dionisiaco o quizás báquico.
  • Chaikovski: Cuarta, Quinta y Sexta. En esta última, la Patética, el adagio lamentoso final dura 17 eternos minutos, plenos de emoción y belleza desoladora. A escuchar con urgencia.
  • Wagner: Tristán e Isolda. Finalizada su grabación el director dijo: «ya me puedo morir, he hecho todo lo que quería en la vida». Grabación muy criticada por la wagnerofilia militante: tiempos lentísimos prolongados hasta el infinito, edulcoración, aburridísimo. Atrévanse con el éxtasis sonoro creado por Bernstein y ya me dirán si se aburren o no.
  • Sibelius: segundo ciclo inacabado. Tempi moderados, fraseo amplio y cálido, suntuosidad de las cuerdas vienesas. Acumulación de intensidades a partir de un denso tejido orquestal generado por la escritura sibeliana. Esplendidas grabaciones.
  • Elgar: Variaciones Enigma. Un disco para entusiastas de Lenny. Para quien esto firma, elgariano de pro, lentísima, inacabable traducción de la partitura. Otros ven precisión, magia, éxtasis, hipnosis musical.

Epílogo. West Side Story. El musical fue uno de los géneros más cultivados por Bernstein en su faceta compositiva. Éxito arrollador en Broadway y, después, la película galardonada con diez oscars. Obra maestra del género y de la música, de la danza y del cine. Su grabación del año 1984 con cantantes de ópera no es para todos los gustos; lo que se gana en opulencia canora se pierde en frescura y estilo.


Luis García Otero (La Coruña, 1966) es licenciado en Historia Antigua por la Universidad de Santiago de Compostela (1989). Es profesor del IES Delicias y colabora con la Facultad de Filosofía y Letras de Valladolid en el desarrollo del programa BIE (Bachillerato de Investigación y Excelencia en Artes). Colecciona fotogramas, notas musicales y saberes inútiles.


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9 comments on “Variaciones en torno al tema del mito del maestro

  1. Agustín Villalba

    Habría mucho que comentar sobre esos comentarios, forzosamente subjetivos. Pero sólo una pregunta: ¿ninguno sobre sus Bruckner?

    • Hola Agustín. Gracias por tu lectura y tu paciencia. Sobre las opiniones. Un personaje de «El hombre sentimental», una de las primeras novelas de Javier Marías, decía algo así como que o hablamos de música o nos dejamos llevar por el sentimiento. Las opiniones siempre libérrimas.
      Bernstein nunca perteneció al universo Bruckner- ahora todo el mundo hace un ciclo Bruckner, otra diferencia con el padado- hasta donde yo sé sólo dirigió la 6 y la 9, esta última asiduamente. Como bien sabes hay dos grabaciones con Nueva York (Sony) y con la Filarmonica de Viena(DG). La segunda se incluye en esa etapa final, scherzo lento, mayor expresividad y un tono crepuscular y desolado. Está bien . Pero. No es mi versión.

  2. A bote pronto. Jochum II. Sobresalientes Giulini II, Mehta y Celibidache II. El apocalipsis según Furtwangler y la catedral sin dios de Mravinsky….

    • Agustín Villalba

      Para mí la mejor versión en disco es la de Giulini con la Wiener Philharmoniker. Y la mejor que he oído en directo una de Mehta con la misma orquesta (un director que sorprendentemente no es conocido como un director bruckneriano). ¿Cuál es la referencia de su disco? ¿Y la del Jochum II (porque hay varios discos suyos de la Novena)?

      Las versiones de Furtwangler y Mravinsky tienen tempos muy rápidos que a mí me aguan la fiesta. La de Celibidache (el director más bruckneriano y el que mejor ha hablado – o escrito – sobre el amigo Antón), me parece decepcionante – cuando su Octava en un concierto en Tokyo en 1990 que puede verse en Youtube, es la mejor versión que conozco de esa sinfonía (para mí la cima de la obra de Bruckner y de la historia de la sinfonía).

      Por cierto, cuál es tu versión para la Octava?

  3. La novena de Jochum es la versión de 1978 en su segundo ciclo con la Staatskapelle Dresden.
    La octava. Karajan-Wiener Philarmoniker, un milagro; Giulini con la misma orquesta, adagio eterno y Wand con la Filarmónica de Berlin, que en sus últimos años regresaba una y otra vez al maestro de Ansfelden.
    Outsiders: Skrowaceczewski en su fantástico ciclo Bruckner en Saarbrücken y otro maestro del pasado, Suitner con la Staatskapelle Berlin, hoy inencontrable.

    • Agustín Villalba

      ¿Y la versión de Mehta?

      • La novena de Mehta con la Filarmonica de Viena. Decca 1965.

    • Agustín Villalba

      Gracias por todos esos datos. Esa de Mehta la había ya visto citada no sé dónde pero nunca había podido escucharla. Ahora veo que está en Youtube (hacía tiempo que no la buscaba – voy a escucharla esta noche). Lo que no entiendo es cómo Mehta no ha grabado más Novenas de Bruckner (aunque la que yo le oí en directo se grababa para la radio y leí que saldría en disco, en una serie de la Wiener Philharmonic en gira por el extranjero, pero nunca he podido saber si fue o no el caso).

      De las 6 octavas que citas, mi preferida es la de O.Suitner (cuya calidad me sorprendió en un director tan poco conocido). Las de Skrowaceczewski y Wand me parecen muy decepcionantes (nunca he entendido el prestigio de este último como bruckneriano). Las de Jochum y Karajan me gustan pero bastante menos que las tres que conozco de Celibidache (el video de la versión de Karajan en la basílica de San Florián -que puede verse en youtube- es muy impresionante). La de Giulini (que es uno de mis directores preferidos, al que he visto dirigir en directo varias veces), sobre todo oída tras su versión genial de la Novena, me parece inexplicablemente desinspirada, por utilizar un término moderado (uno de los grandes misterios para mí de la música es cómo grandes directores pueden interpretar obras de un mismo autor de maneras tan desiguales). Hay (o había) en youtube otra octava de Bruckner de Giulini que me pareció, cuando la escuché hace años, bastante mejor que la del disco (grabación de un concierto, creo recordar que en los Estados-Unidos, con la Orq. de Chicago).

      En cualquier caso, todo esto habría que demostrarlo comparando momentos claves de cada obra en cada versión. Yo lo he hecho mucho con amigos, utilizando youtube o archivos mp3, y claro, de manera anónima (como en el célebre programa dominical de radio, aquí en Francia, «La Tribune des critiques de disques», el más viejo que existe en France Musique y en el que se comparan 6 interpretaciones diferentes de una misma obra – no sé si en España hay alguno semejante)

      Pero esta conversación se está haciendo muy larga aquí. Si quieres continuarla, dame tu mail o pide al responsable del sitio el mío…

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