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Ser trans es ser humanos

«Los principios de los derechos humanos que hoy se han consolidado como universales fueron considerados un día 'cuestiones', 'problemas' y 'debates'», escribe Kavita Krishnan en este artículo sobre la deshumanización de los y las trans en sus dos versiones, la abiertamente hostil de la ultraderecha y la pretendidamente refinada de un sector del progresismo.

/ por Kavita Krishnan /

Artículo originalmente publicado en The Hindu el 14 de septiembre de 2024, y traducido al español por Pablo Batalla Cueto

Fotografía de portada de Anna Shvets

El año pasado, en un juicio a puerta cerrada, conocí a varias personas trans muy jóvenes, provenientes de comunidades de clase trabajadora, rurales y urbanas. Fue desgarrador ver a aquellos adolescentes brutalizados y desahuciados por su familia, supervivientes de intentos de suicidio, así como a la persecución y la violencia en las calles. En los tormentosos debates de nuestros días en torno a la «cuestión transgénero», sus voces me recuerdan lo que está en juego. Esto no va de las guerras culturales de Occidente, o de debatir sobre sexo, género o deporte. Va del derecho de todo ser humano a ser reconocido y respetado en sus propios términos; a que jamás se le pida que niegue, disfrace o defienda su identidad para poder disfrutar de los derechos civiles y la igualdad.


Universal hoy, un problema ayer

Los principios de los derechos humanos que hoy se han consolidado como universales fueron considerados un día cuestiones, problemas y debates. He ahí la esclavitud. La cuestión/problema de la mujer. La cuestión/problema de la palabra que empieza por ene. La cuestión sufragista. La cuestión de la segregación. La cuestión de los intocables, aquí en la India. La cuestión del matrimonio interracial o entre castas. La cuestión de la edad del consentimiento sexual. La cuestión/problema homosexual. La cuestión/problema de los judíos. Todo esto fueron títulos de escritos de algunas de las figuras históricas más conocidas del mundo y cartas al director. La segregación en los baños se razonó como necesaria a fin de proteger a las mujeres blancas de los depredadores negros al acecho; las redadas policiales en los baños para arrestar a hombres homosexuales se justificaban con base en el deseo de mantener a los niños a salvo. El veto trans en los baños pretende evitar que las mujeres trans violen a las cis, pero sigue un viejo y gastado guion.

Fue un miembro nazi del Comité Olímpico Internacional quien propuso que «las señoritas que particip[ara]n en los Juegos de 1940 deb[i]er[a]n presentar certificados médicos que declar[ara]n que son mujeres». Irónicamente, entró en vigor en 1948, después de la derrota nazi: lo hizo en los Juegos de Londres, donde los funcionarios exigieron a las olímpicas que presentaran una declaración jurada, firmada por un médico, que certificara que eran mujeres.

Lo que en aquel momento parecían cuestiones legítimas estaba diseñado en realidad para negar derechos civiles. Hoy en día, solo la extrema derecha busca hacer que esas cuestiones sean grandes otra vez, y, como era de esperar, también se burla de los derechos de las personas trans. Pero son los y las intelectuales y activistas progresistas que se dicen críticos de género quienes hacen lo que no puede hacer la ultraderecha abiertamente intolerante: enmarcar los derechos de las personas trans como una cuestión que pide un debate razonable. Esto da pie a que el activismo por los derechos de las personas trans sea acusado de constituir una turba irracional que anula a los críticos a través de la intimidación y la violencia. Sin embargo, si se busca en Internet, se descubre que todos los movimientos que hoy celebramos se enfrentaron en tiempos a las mismas acusaciones. Ver su realidad debatida hace que uno se enoje. Los negros, las mujeres, las lesbianas y los gais eran conocidos por amotinarse, romper ventanas, interrumpir reuniones, vandalizar propiedades, incendiar edificios, escupir a la policía, etcétera.

El mantra de los críticos de género es que «el sexo biológico es real»; y su corolario, que la identidad transgénero no lo es. Su lobby presiona en pos de la promulgación de leyes que penalicen o prohíban la aceptación de la personalidad trans como real (en los libros de texto, los baños, las escuelas, los deportes, los hospitales…). Y la extrema derecha trabaja para promulgar tales leyes. En 2022/2023, los miembros republicanos del Congreso de Estados Unidos presentaron un proyecto de ley que, de aprobarse, prohibiría a las bibliotecas y escuelas financiadas con fondos federales conservar cualquier material con información sobre orientación sexual, identidad de género o educación sexual. Como era de esperar, tales leyes también penalizarían y prohibirían la aceptación de la homosexualidad como real.


La existencia no es un debate abstracto

Los científicos sociales no pueden ser agnósticos de la cuestión de la existencia trans, pero pretenden ofrecer una explicación del surgimiento de las personas trans como consecuencia de la filosofía política o la ideología. La palabra surgimiento implica que ser trans es una tendencia que hoy existe y mañana desaparecerá. La existencia no es un debate abstracto. Los seres humanos pueden disfrutar de sus derechos solo si su identidad se afirma en la legislación como real, y no como un estilo de vida. Decir que las personas trans son libres de vestirse como quieran, siempre y cuando su identidad trans sea negada por la ley, no es diferente de decir que los y las homosexuales son libres de serlo en privado, pero no deben «hacer alarde de su estilo de vida», ni exigir el derecho legal a casarse en pie de igualdad con los y las heterosexuales.

El discurso abiertamente partidista de la extrema derecha declara que las personas trans y las sexualidades no binarias son emanaciones de la ideología de género, al igual que lo hace el discurso crítico de género. Pero el segundo finge no darse cuenta de que el primero también echa los derechos humanos, el multiculturalismo, la deslegitimación de las jerarquías de casta aquí en la India, la raza, el género, el aborto y la homosexualidad al cajón de la «ideología de la élite progresista».

¿Cuál es la relación de la identidad sexual y el género con la mente y el cuerpo? ¿Es biológicamente evidente que una mujer —citando a la escritora y destacada activista crítica de género J. K. Rowling— es «un ser humano que pertenece a la clase sexual que produce gametos grandes (óvulos)»? Simone de Beauvoir lo entendía de manera opuesta a Rowling. En su emblemático libro El segundo sexo, afirma que el binarismo masculino/femenino no es tan obvio como parece: «El significado mismo de la división de la especie en dos sexos no está claro». Su famosa frase «no se nace mujer: se llega a serlo» es mucho más radical que un rechazo de la noción de que el sexo (biológico) determina el género (social). De hecho, Beauvoir no veía el cuerpo sexuado como una realidad abstracta fija que fuera interpretada por la mente como género. Nuestra conciencia del cuerpo es inseparable de la forma en que lo experimentamos en nuestra vida social: «El cuerpo no es una cosa: es una situación. Es nuestra aprehensión del mundo y el esbozo de nuestros proyectos». El cuerpo (el sexo) no determina la forma de la conciencia de género, pero la conciencia de género tampoco está ligada a una forma anatómica específica. Es decir, «una mente sin cuerpo es inconcebible», pero «ese cuerpo no necesita poseer tal o cual estructura particular».

El segundo sexo planteó un desafío al estatus de larga data del binarismo sexual masculino/femenino como verdad universal y, al hacerlo, se basó en el trabajo de otros filósofos que antes habían desafiado el binarismo cartesiano mente/cuerpo. No debieran dignificarse las llamadas guerras culturales como producto de una perturbación desconcertante, por parte de los transexuales, de los binarismos mente/cuerpo o masculino/femenino. Son una reacción violenta de laboratorio que aparece cada vez que gente hasta entonces deshumanizada y discriminada obliga al mundo a reconocer que su identidad tiene derecho a la misma dignidad y libertades civiles que los más privilegiados.


La cuestión del carácter de la sociedad

La ciencia-ficción puede arrojar luz en ocasiones sobre los conflictos contemporáneos colocándolos en el espacio, fuera del contexto de nuestros prejuicios hereditarios. En un episodio de Star Trek: la nueva generación («La medida de un hombre»), se lleva a cabo un juicio a fin de decidir si Data, un androide y miembro querido de la tripulación, es propiedad de la Flota Estelar y puede ser desmantelado para una investigación en contra de su voluntad. Con una demoledora demostración se razona que Data no es humano, ya que un ser humano no puede apagar su cuerpo, ni desmembrar sus extremidades. En respuesta, el capitán Picard obliga al tribunal a mirar a Data tal como este se ve a sí mismo: afirmando su «derecho a elegir» y sus «derechos y estatus» como «persona», en lugar de como una «propiedad». La medida que está en juego es la del carácter de la humanidad, no la de la personalidad de Data a partir de un examen de sus partes. Como dice Picard, el veredicto «revelará el tipo de pueblo que somos» y «podría redefinir significativamente los límites de la libertad personal, ampliándolos para algunos, restringiéndolos salvajemente para otros».

Es el carácter de nuestra sociedad, no la identidad sexual y de género de las personas trans, lo que está en cuestión. Hubo un tiempo en que los cuerpos negros (especialmente sus partes íntimas) eran estudiados con el mismo aire de desapego científico que los cuerpos trans e intersexuales lo son hoy en día, con el fin de evaluar hasta qué punto eran humanos reales. Hoy son los transescépticos, no las personas trans, quienes fragmentan la integridad de lo humano. Ser trans, ser gay, es ser humano. Estudiar sus partes para determinar su realidad es siempre un ejercicio de deshumanización.


Kavita Krishnan (Coonoor [India], 1973) es una militante feminista india, exmilitante y exmiembro del Politburó del Partido Comunista de la India (marxista-leninista), de cuyo Comité Central formó parte durante más de dos décadas. Fue asimismo editoria de la publicación mensual del partido, Liberation, y secretaria de la All India Progressive Women’s Association, organización feminista asociada a la formación.


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