/ una reseña de Ovidio Parades /
La observación de la vida detenida o en movimiento, las múltiples incógnitas de la propia existencia, las enfermedades que a veces resultan indescifrables, las ensoñaciones provocadas por los estados febriles, la vulnerabilidad y la fragilidad casi siempre entrelazadas, la inmovilidad y el insomnio, la cucaracha y la araña y la gaviota, el silencio y el vacío. «El silencio no es lo mismo que el vacío. En el silencio pueden estar las sombras de las palabras, en el vacío no», escribe Sònia Hernández (Terrassa, Barcelona, 1976) en «Estudio de artista», uno de los trece relatos que componen su último libro, Ejercicios de inmovilidad. Libro de lenguaje conciso y depurado, marca de la casa, con trasfondo complejo, un poco más complejo que en sus anteriores entregas. El también espléndido libro de relatos Maneras de irse, sin ir más lejos.
Las alarmas pueden dispararse ante cualquier acontecimiento cotidiano, inesperadamente. Ahí está la clave. O una de ellas. Es la propia existencia la que lo puede transformar todo, de pronto, en algo complejo; en algo que se escapa a nuestro propio entendimiento o razón. La vida, también, que a veces se nos escapa, sin planteamientos previos o recursos inmediatos o efectivos para evitarlo. Pese a todo ello, los personajes de Hernández no se rinden: siguen adelante. Lo harán mejor o peor, como el resto de la humanidad, pero avanzan, con insomnio («En el insomnio se necesitan letanías que ocupen un espacio», del relato «Los insomnes») o sin él, con el pasado a cuestas o sin él. Escribe Hernández en «No quiero saber», uno de los mejores relatos del libro:
«Vienen a mi mente, en cambio, otros casos diferentes de comportamiento muy característico de mí: además de no querer saber, con frecuencia tampoco quiero recordar o asimilar lo que me sucede, como pretendiendo evitar que esos acontecimientos formen parte de mi memoria. Vivo lo que se tiene que vivir sin dejar que las experiencias recientes ocupen demasiado espacio en mi pensamiento».
Sin pasado, pues, en esta ocasión.
Construye así la autora catalana un mosaico de vidas que van y vienen, que reciben visitas inesperadas, que se preguntan por las cuestiones esenciales, dejando un poso agridulce, cierto componente nostálgico, ese trasfondo por donde discurre la vida en ocasiones un tanto ajena a la persona que la vive, la sufre, la disfruta o la padece (a vueltas con las enfermedades). Como si esas personas —mujeres, normalmente— la estuviesen viendo en la distancia, en una especie de pantalla. Como si en cierta forma no les perteneciese. Como si, en el peor de los casos, no les interesase ya demasiado.
Qué gran libro ha escrito Sònia Hernández. Cuántas visiones —esos detalles que, de entrada, pueden escurrirse— en cada nueva lectura. Qué bien atrapada la complejidad del ser humano en estas páginas.

Sònia Hernández
Acantilado, 2024
176 páginas
16 €

Ovidio Parades (Oviedo-Uviéu, 1971) es narrador de oficio, reconocido por crítica y público por su aguda visión de la realidad plasmada en una prosa directa. Promotor cultural. Colaborador literario en diversos medios escritos y radiofónicos. Tiene publicado varios libros de prosa miscelánea (El extraño viaje, con prólogo de Elvira Lindo; Ventanas compartidas, con prólogo de Maruja Torres; Vivir en los cafés, con prólogo de Laura Freixas), tres novelas (El tiempo que vendrá, La mujer de al lado y La noche se detiene), un diario (Los días raros) y tres volúmenes de cuentos (Corrientes de amor, Mujer en el bar y Carver y el metro de Berlín, publicado por la editorial madrileña Tres Hermanas). Fue librero durante casi diez años. Ha ganado algunos premios literarios y ha quedado finalista, entre otros, del concurso que la revista Zenda le dedicó a Javier Marías y cinco veces del Premio Internacional de Poesía Jovellanos.
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