/ Escuchar y no callar / Miguel de la Guardia /
Fotografía destacada: Monumento al emigrante, Nueva Orleáns
Vaya por delante que considero absurdas las fronteras e injusta la división del mundo en países ricos y pobres, lugares en paz y en guerra, regímenes respetuosos con los derechos humanos y dictaduras. Además, no he olvidado que España ha originado oleadas de emigrantes por razones políticas y económicas no hace tanto tiempo. No obstante, en la situación actual, de lo que se trata es de poner freno al dolor de personas procedentes de regiones en guerra, ofrecer soluciones a los ciudadanos de países que sufren hambrunas y terminar con el tráfico de personas y las muertes generadas por la emigración ilegal.
No es mi especialidad la economía ni la política internacional, ni siquiera la sociología; pero me duelen los padecimientos de los que se ven forzados a emigrar y no entiendo que, necesitando España mano de obra en múltiples sectores y una población rejuvenecida, quienes tienen responsabilidades de gobierno o se sientan en las cámaras legislativas se limiten a rechazar a emigrantes, financiar generosamente a gobiernos de dudosa honestidad para que les resuelvan los problemas con medidas inhumanas o acumular a los recién llegados en centros de internamiento en los que no tienen posibilidades de realización personal.
Por el contrario, opino que la Unión Europea haría bien en crear riqueza en los países azotados por el hambre, las malas políticas y la corrupción. Se trataría de crear empresas locales que dinamizaran la vida económica de sus países y no tanto de producir a bajo coste y sin medidas de seguridad los productos que requiere Europa y, por supuesto, no entregar fondos a gobiernos corruptos que los ingresarán en cuentas privadas en Suiza sin que beneficien a sus ciudadanos.
Si España necesita pastores, agricultores, albañiles, fontaneros, electricistas o conductores de camión que revitalicen las zonas despobladas, rejuvenezcan la población de las mismas y, a su vez, puedan labrarse un futuro trabajando en lo que hacían en sus lugares de origen y que no pueden hacer en la actualidad por causa de guerras, persecuciones ideológicas o religiosas, no me negarán que la resolución de un problema podría hacerse resolviendo otro. Es cierto que estas medidas obligarían a un doble trabajo: estudiar las necesidades de población de regiones y pueblos y contratar en origen a los profesionales que pudieran desarrollar estas actividades con honestidad y conocimientos suficientes. Nada fácil, pero mejor que tratar de integrar a personas sin formación ni proyectos personales, excepto la supervivencia; lo que no es poco.
Un tema capital para el control de la emigración es acabar con las mafias que trafican con personas. En este tema la ley debería ser tajante, los medios empleados para el tráfico de personas destruidos inmediatamente y los detenidos encarcelados en régimen de prisión permanente revisable y sin privilegio alguno, pues nada merece quien expuso a sus semejantes a vejaciones y a la muerte. En este sentido, la película Las nadadoras, de Sally El Hosaini, supuso para mí una auténtica epifanía, pues en ella se muestra la vida en su país de unas emigrantes de clase media alta que a punto están de perderlo todo por ponerse a salvo de la dictadura siria y la guerra. Es urgente desmontar las mafias que trafican con personas y en esa tarea no se puede contar con los países de origen de los migrantes, y sí sería esencial la colaboración de las oenegés y los servicios de inteligencia, no tanto para auxiliar a los migrantes en ruta como para evitar esos desplazamientos mortales. Incluso me atrevería a apoyar las deportaciones en caliente de los emigrantes traídos por las mafias, no como penalización a los huidos y desengaño a sus esperanzas, sino con el fin de disuadir a sus conciudadanos de emplear estos medios y así poner a salvo sus vidas.
En cualquier caso, una política de captación en origen de los emigrantes por parte de las autoridades españolas y el rigor en el castigo al tráfico de personas, aunque no puedan paliar los orígenes del problema, serían buenas herramientas para resolver la situación con justicia y generosidad.
No se trata de improvisar, sino de planificar; de que cada uno desarrolle su trabajo y no de acudir a la solidaridad interterritorial. Estamos ante un problema humano muy grave y no debemos dejar que se asocie emigración con delincuencia, para lo que será imprescindible invertir en educación de los migrantes y responder a la delincuencia con la expulsión del país y acuerdos internacionales para que las penas impuestas aquí se cumplan en el país de origen. Como en tantas ocasiones, una mezcla de ternura y rigor (ternura con los que sufren las guerras y los abusos y rigor con los traficantes y quienes incumplen las leyes) es imprescindible para controlar el problema y siempre sobre la base de un trabajo serio y minucioso de estimación de necesidades de población y mano de obra que permita una ubicación razonable de los llegados allí donde sean útiles a la sociedad de acogida y puedan desarrollar sus proyectos personales. Lo otro, por mucho rango ministerial que se le conceda, será solo un brindis al sol y atizará el fuego de la xenofobia, puesto que el llamado buenismo nunca fue una filosofía inteligente capaz de resolver problemas reales.
Cuando termino de escribir esto, se discute la enésima cesión de la presidencia del gobierno a los supremacistas catalanes, cediéndoles el control de la migración y las fronteras. No puedo terminar este texto sin poner en duda que los independentistas, que siempre se han movido por su interés particular y su codicia, sean la mejor solución para trabajar en pro de los refugiados y ordenar una migración que les asegure un futuro en nuestro país. Una vez más ha quedado manifiesto el exclusivo interés del señor Sánchez por mantener sus privilegios y su falta de escrúpulos para afrontar el tema con rigor y generosidad.

Miguel de la Guardia es catedrático de Química Analítica de la Universitat de València desde 1991. Tiene un índice H de 88 según Google Scholar y ha publicado más de 900 trabajos en revistas del Science Citation Index con más de 34.600 citas,5 patentes españolas, 4 libros sobre Green Analytical Chemistry (Elsevier, RSC y Wiley), un libro sobre Calidad del Aire (Elsevier), 2 libros sobre Análisis de Alimentos (Elsevier and Wiley) y un libro en dos volúmenes sobre Smart materials en Química Analítica (Wiley). En la actualidad está preparando un libro sobre Nuevas sustancias sicoactivas con un contrato con Elsevier. Además ha publicado 12 capítulos de libros. Ha dirigido 35 tesis doctorales y es Editor jefe de Microchemical Journal (Elsevier), miembro del consejo editorial de varias revistas y fue condecorado como Chevallier dans l’Ordre des Palmes Académiques por el Consejo de Ministros de Francia y Premio de la RSEQ (España). Entre 2008 y 2018 publicó más de 300 columnas de opinión en el diario Levante EMV y colabora con El Cuaderno desde mayo de 2021.
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El valor de estas propuestas ingenuas se encuentra en mostrar la ingenuidad que les subyace, que es compartida por muchos ciudadanos y que es aprovechada por la extrema derecha. Las devoluciones en caliente ya se practican y no han disuadido a nadie de nada, ha sido espantoso leerlo. Quien se muda a un pais extranjero desde el que puede enviar dinero no lo hace empujado por unas mafias. Educación sí, para todos, pero hay multitud de evidencias de que la educación no protege de comprar ingenuamente marcos de la propaganda fascista. Por favor, hay información de sobra disponible para no proponer soluciones contra los derechos humanos, si la solución es seleccionar al inmigrante en origen y endurecer las fronteras no hay de que preocuparse porque ya está la extrema derecha trabajando en ello. Tal vez sea mejor escuchar un poco y que sea un inmigrante quien haga las propuestas.