Creación

Seguimos siendo ellos

Entre el humor negro, la crítica literaria y la narración fragmentaria, 'Inútil émulo', de José de María Romero Barea, reúne relatos que se entrelazan para explorar la escritura misma como escenario de desmoronamientos y revelaciones. Publicamos uno de ellos: «Seguimos siendo ellos».

/ un relato de José de María Romero Barea /

«Entre el humor negro, la crítica literaria y la narración fragmentaria, Inútil émulo reúne relatos que se entrelazan para explorar la escritura misma como escenario de desmoronamientos y revelaciones. Segismundo Vocero, profesor de inglés y escritor frustrado, y Rosaura Tapia, pintora adolescente y sorda, deambulan por la Ciudad de Cristo: un espacio ficcional que combina la parodia cultural con una visión distorsionada y luminosa de la realidad.

José de María Romero Barea desafía géneros y estilos con una prosa que bascula entre el ensayo literario, la autoficción y el microrrelato, en una obra que cuestiona nuestras certezas sobre la creación, la identidad y la literatura.

Este libro es un viaje a lo absurdo y a la belleza de la palabra, un tour de force narrativo que celebra la ambigüedad y la experimentación con la lucidez propia de la mejor literatura contemporánea».

Así reza la nota de contraportada Inútil émulo, el más reciente libro de relatos de José de María Romero Barea, que acaba de aparecer en Ediciones Alfar, editorial sevillana fundada en 1982, con un lema con el que no puedo estar más de acuerdo: «Cultura con raíces. Cultura sin fronteras».

A continuación, e íntegro, el relato «Seguimos siendo ellos».


Seguimos siendo ellos

Remolinos, arañazos en zig-zag, claveles carnosos, formas ovoides, graffiti en corazones reconocibles, cuello falo de cisne, rectángulo en forma de ventana, paradoja sobre una pared plana frente a ese acceso al mundo de la narración en dirección opuesta al mundo real afuera: asolar soledades, producir belleza, no tanto para revocar como para conectar. Ya nadie empieza así un cuento. Entre el punto y aparte y el siguiente párrafo irá un espacio en blanco. Llenarlo con el texto no escrito. Que el renglón no llegue hasta el final no importa. Usar sangría sin espacio entre párrafos, o espacio entre párrafos, pero sin sangría. No intercambiar estilos, en ningún caso, porque aún no lo he escrito (el relato, se entiende).

Sentados en el suelo, fumando hachís, Sisa y Kurt enfrentan soledades de ciencia-ficción, escenas de ensueño donde bordean lo absurdo. Son un aparte que se las arregla para mantenerse apartado, broche de oro de algo que empieza, algo que maneja la cuestión narrativa de lo que quiere contar, relato sobre dos extraterrestres que aparecen en la Tierra, encuentros en la tercera frase que incluye ecos dolorosos, notas musicales, interrogantes, códigos que logran romper la intuición, la vulnerabilidad y la espontaneidad, lo que finalmente nos permite llegar a los extraños visitantes en secuencias de extrañeza inquietante y claustrofóbica, lo que favorece el control sobre la propia historia, el lastre en los reinos de lo vidente y lo sobrenatural. Les adelanto, por si es de su interés, que esta historia va sobre el lenguaje mismo, liberado de su sentido habitual, de su forma lineal. Este relato son mis intentos de etiquetar depósitos subterráneos de residuos nucleares, etiquetas cuyas advertencias entenderán los futuros seres humanos, cuya lengua habrá evolucionado hasta resultar incomprensible.

Dibujos a ciegas, formas y curvas alargadas, distorsionadas, imágenes biomórficas de garabatos figurativos que dan paso a tonos de fondo y texturas superpuestas a las líneas de lápiz. Sé que es habitual empezar el relato describiendo a los personajes. Lo podréis encontrar así en infinidad de libros. Que los llame Kurt o Sisa es pura convención. No hay una norma que obligue a hacerlo de una forma u otra. En vez de eso, doy comienzo a una obra sin título que se solaza no en la acumulación, sino en la alineación de apariencias para animar formas tanto humanas como no humanas. A continuación, las líneas expresivas: inclinaos hacia atrás, con ambos brazos levantados, para dar respuesta.

Pero cómo hablaros de (pongamos) Kurt y Sisa: cómo organizar los fragmentos de forma que precedan a la revelación; cómo transcribir los diálogos, las preguntas y respuestas. Imposible en un solo relato. El problema es que no sé cómo articular esto. Cómo evocar el juego previo, pre-extranjero, de lo que se transforma en conspiración, en paranoia de ciencia ficción, en secuencias de extrañeza inquietante. Pongamos que Sisa rastrea la piel de Kurt en escenas de burocracia tensa, militar; que se demora en zonas de seguridades adyacentes a la nave espacial, que juega con materiales peligrosos. Qué os parece este desafío indirecto, este control sobre la historia, lastrada en reinos de lo vidente y sobrenatural. Qué os parece el lenguaje utilizado, liberado del sentido habitual de su forma lineal.

Sin sangrías, ni comillas, ni rayas, sino frenéticas salpicaduras de sangre, capas de color contra un fondo gris reflejan la volatilidad y la guerra civil que se deriva de un gobierno opresivo que en última instancia conduce a su propia desaparición. Kurt y Sisa forman una composición estructurada, una serie como un todo, una especie de narrativa, que comienza con un conflicto de dos masas blancas pintadas: separación adicional entre párrafos que denuncia la creciente evidencia de la violencia y sus consecuencias; el vencedor, su ascenso sobre el vencido, sobre ese rectángulo frágil, solitario: haber fracasado. Una lluvia violenta anega el espacio entre párrafos, largo y vacío, a modo de recordatorio del pasado, de advertencia futura. La primera línea ha de tener un margen mayor que el resto, es decir, ha de quedar sangrada.

Kurt y Sisa, chicos escuchando música, fumando, sonriendo: la inspiración en forma de grises evoca pizarras emborronadas por tizas ebrias, sensación de flujo continuo en las indecisiones, el brazo sobre los hombros del amigo que se mueve de un lado al otro, en bucles y garabatos, en ejercicios de escritura, en dibujos repetitivos y rítmicos sin palabras específicas. En alguna dimensión de la realidad seguimos siendo ellos. Corte, la ciudad pintada afuera, crea brillos que sugieren estados iluminados de la mente y el ser: la metrópoli, y por extensión la humanidad, convoca frenética, tal vez inútilmente, el logos, la palabra, garabatea para nombrar las cosas, trata de entenderlas: se deshace en marcas portátiles de diagramas estructurados dibujados a fin de aprender y enfatizar así el proceso del dibujo, la escritura. Antes de desaparecer, Corte privilegia las inundaciones tumultuosas, las ondulaciones del espíritu, las espirales del movimiento, las influencias nefastas.

El espacio donde antes iba el dibujo de la letra inicial, una gran letra de adorno, se llamaba sangría porque esta letra solía ser en tinta roja. Las sangrías, a su vez, consistían en desangrar a los enfermos, es decir, en quitarles sangre creyendo que así mejorarían. Ojalá supiera cómo hacer sangrar el mensaje: el tabulador no funciona y la barra espaciadora lo borra todo; convierte a Kurt y Sisa en ensoñación y desesperación a partes iguales. Escribo con la mente en otra parte, inadaptada a la existencia cotidiana. Escribo sobre Sisa y Kurt cuando en realidad quiero escribir sobre nosotros, poetas aterrados, delitos contra la moral pública, doble albatros capturado por los marineros, árboles duplicados, arrancados de su elemento natural, traducción original en páginas impares, pasado en formas inevitables contra el sórdido mundo que nos rodea.

Sentados en el suelo, en traje y corbata, seguimos siendo los que crecen y cambian delante de sus porros, su música oscura y cínica, esa banda Zelig que dispara palabras sin melodía, sin juego ni estilo, cartas de amor a las formas de la realidad, culminación de nuestras obsesiones: no nos importa sonar ridículos, nos repetimos con arrogancia casi caricaturesca; nuestra inacción es una forma de acción, nos juramos mientras imitamos acentos y exageramos, con fervor casi religioso. Hasta aquí el mimetismo con los lugares que se ejecutan justo antes de lo absurdo. Que comiencen el homenaje y la parodia. Nos entregaremos con abandono místico. Nos arrojaremos hasta la última gota. Nos ha durado lo justo la belleza, antes de caer en la pesadez, los atascos, el ruido de la multitud. Bienvenidos a Corte: las ranuras y los riffs, el juego colectivo, los descuidos y los errores. La nostalgia nos deshará en sinergias corporativas.

Las tensiones internacionales exigen una respuesta armada. Kurt y Sisa son sólo adornos secundarios a una historia central de obligaciones parentales que trascienden tiempo y espacio y localización en constelaciones. Tú y yo somos, en realidad, los protagonistas atormentados por la pérdida de un ser querido; tú y yo los encerrados en esta batalla intergaláctica entre los hechos y la fe. Éste es el peaje que había que pagar por la globalización, sniff. Éste el aderezo que brillaba por su abundancia, capaz de maleducar al leyente. Hasta aquí el poema que necesitamos: desviación de nuestras visiones distópicas demasiado reales, memoria de un futuro en el que la luz todavía brilla en la oscuridad.

Enalguna dimensión de la realidad seguimos siendo ellos. A veces, por razones de preferencia, capricho o elegancia, dejamos un espacio en blanco al principio de la primera línea del párrafo. En ese reducto diferente, pero dentro del ciclo continuo del relato, seguimos siendo esas pinturas rojas y amarillas, en capas sobre los blancos: la vitalidad de la renovación se abre paso a través de la imagen en su conjunto; somos el tallo, las hojas, la flor de una flor, las formas ocres en el recuerdo, los botes, los remos egipcios, los rituales para el transporte del difunto a la otra vida, símbolo, como la primavera, de un nuevo comienzo: fragmentos de felicidad que inspiran nuevas formas, antiguos colores.

Lo sabes bien: la consecuencia de sangrar, pero figuradamente, el goteo continuo, gota a gota, poco a poco, pero sin pausa, sin posibilidad de detener la hemorragia. Los paneles conectados estallan en colores vibrantes, en expresivas imágenes reconocibles. La flor y sus divisiones. La contemplación estética: arañazos de graffiti, la escritura y el dibujo: la pintura, el haiku: el guerrero inspirado por la belleza que se despoja de su armadura. Lo sabes bien: las profundas flores rojas pintadas flotan sobre un fondo amarillo, cortadas por los bordes de la pintura. Proliferación y continuidad. Las líneas verticales de color rojo ayudan a apoyar visualmente a las flores, mientras sugieren su desintegración. Lo sabes bien: la naturaleza transitoria es parte del ciclo de vida.

Parasitismo y arrogancia: no los golpes, sino el ambiente: Kurt y Sisa, los exiliados fiscales, la banda desigual, los atracos hasta altas horas de la noche, los dedos callosos, rotas las cuerdas vocales, fumando mierda en un sótano con paredes sudorosas; rancia reedición remasterizada de registros caducos, polvo rápido tras un baño, un afeitado, un corte de pelo. Separamos los párrafos con espacios para no sangrar, pero los párrafos no se separan: sangran en la primera línea. Cada uno en una habitación diferente, Sisa y Kurt se afanan en ese trabajo de estudio improvisado, en esa práctica fracturada de ser dos bandas imperfectas. Photoshop defectuoso, en todo su esplendor corrompido, la trama traza el camino áspero del borracho a casa, la tarde-noche de la juerga, el fervor del día siguiente: esa mueca de dolor, nuestros años más oscuros, nuestras adicciones, los colores cercanos a la ruptura, todo el dolor, la diversión, la alegría, en surcos sucios.

Y no me refiero a la nostalgia, lo sabes bien, sino a la costumbre de no sangrar. La sensación de profundidad es profunda sobre superficies planas. El tema son las líneas y trazos utilizados para describir la habitación que nos rodea, donde estamos sentados en el suelo, fumando hachís. Es una de las postales que me traje de aquel viaje a Corte: como si ella misma fuera un objeto más. Somos Sisa y Kurt escuchando música, fumando y sonriendo, pero también las otras figuras que emergen: tú y yo en medio del orden de otro modo anodino de la habitación. Y no me refiero a la nostalgia, lo sabes bien, sino al antídoto de la abstracción.

Corte, descripción y análisis: abstracciones en blanco y negro, fragmentos de figuras y fondos en un torbellino abstracto y dinámico. Discursos olvidables a intervalos cada vez más prolongados, vueltas al mundo cada vez más extravagantes, complejos simulacros por el solo lujo de experimentar, piezas de museo proverbiales. Vuelve a lo básico, Kurt, admite que en realidad nada nos importa una mierda, que somos menos una estafa que una articulación constante. No es el purismo, no, sino el impulso sacrílego de corromper; no la adhesión a la tradición, Sisa, sino el fomento de la sedición. Saborea, en lugar de escupir, tus canciones como tableros de Ouija rezumantes de violencia, trances que suenan como sirenas de policía; aviones no tripulados, armónicas que amenazan con tragarse este libro lleno de cuentos de angustia, duplicidad y amenazas de muerte.

Descripción y análisis de Corte: trascender la línea entre la pintura y la escritura a través del ensamblaje dadaísta de los materiales tradicionales y los detritos de la vida cotidiana. Corte, ciudad objeto de arte en tres dimensiones. Apócrifa o no, la leyenda bajo la ilustración: garabatos sobre la almohada, las sábanas y el edredón, el goteo de la sangre derramada sobre Kurt y Sisa. La ropa de cama sobre un soporte de madera rectangular, la hoja de papel en lugar del lienzo. Goteado gestual suelto, marcas de autor: la vida urbana, malgastada en conversación y arte: las multitudes, la contaminación, el tráfico, el ruido, las prostitutas, el sexo chica-con-chica, el blanco sobre el negro, el fetichismo de la falsa nostalgia, las drogas, la bebida, la blasfemia, las vacaciones tropicales, la decoración de interiores, la pobreza, el infantil satanismo, el acecho en lenguajes de gran pureza y dulzura. Las consonantes se disuelven y las vocales y diptongos desbordan el oído: poemas censurados, fragmentos que se enfrentan entre sí como el agente de policía y su prisionero: Corte, industria heroica, aire sin alivio de martirio, prosa y verso, exigencias de la rima, estructuras elaboradas, imagen y afinidad: tú y yo, Kurt y Sisa, los inquietos, los banales, los engañosos, los letales.

Explicaciones esquemáticas de la luz refractada, monólogos atemporales. Cada párrafo debe empezar con su sangría. Sisa recuerda acontecimientos del tiempo futuro: la naturaleza de la luz diurna, el retrato instantáneo de la maternidad truncada, el amor y la desesperación descritos con precisión quirúrgica. ¿Aunque sea una frase corta? Que sí, que sí. Las naves espaciales someten el planeta Tierra por razones desconocidas. Un traductor interplanetario se adentra en el vacío de unas criaturas vistas a través de vidrios oscuros, círculos manchados de tinta, respuestas rápidas, emociones tangibles a través de pequeños gestos faciales. Seres brillan en envolturas aislantes, en trajes de materiales tóxicos, mientras privilegian los temas subyacentes, el lenguaje que define la cognición. Los halcones militares presionan para obtener ventajas estratégicas. Quieren someter las semánticas alienígenas. Quién preservará para nuestros descendientes las nociones de alegría y pena que se refractan a través del prisma de esa puerta interestelar.


Inútil émulo
José de María Romero Barea
Alfar, 2025
126 páginas
13,20 €

José de María Romero Barea (Córdoba, 1972) es profesor, poeta, narrador, traductor y periodista cultural. Sus más recientes publicaciones son la novela Uf (2019), el libro de relatos Inútil émulo (2025) y el libro de poemas Espectro (2024). También es autor de los volúmenes de ensayos La fortaleza de lo ilegible y Asalto a lo impenetrable (2015). Ha traducido poemarios de Curtis Bauer, Jeffrey Thomson y Francis Scott Fitzgerald, y ha cotraducido muestras de literatura letona junto a Diāna Vigule. Ha sido asistente honorario del Departamento de Literatura Inglesa y Norteamericana de la Universidad de Sevilla, en el seno del cual pertenece al Grupo de Investigación James Joyce, y participa en el programa de RadiUS Nothing Like the Sun y el pódcast Filologando. Colabora con ensayos, artículos y reseñas en diversas publicaciones, como Público, Le Monde Diplomatique, Leer, Contratiempo o Qué Leer.


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