Escuchar y no callar

Lujuria

Miguel de la Guardia escribe, en su serie sobre pecados capitales, sobre el que le parece el menos condenable de todos, aunque el DRAE lo describa como «deseo excesivo del placer sexual».

/ Escuchar y no callar / Miguel de la Guardia /

Por fin un pecado que, si es compartido y de común acuerdo, es gratificante para todos los que lo practican. Es una lástima que las grandes religiones monoteístas hayan desterrado el hedonismo y satanizado el sexo en aquellas sociedades en las que se implantan, puesto que, desde mi perspectiva, el sexo no es lo opuesto al amor, sino la culminación de la ternura, el éxtasis de la comunicación física y, por ende, mental con otra persona. No me duelen prendas en confesarme un lujurioso y animo a los lectores a disfrutar del cuerpo de las personas a quienes amen y a dejarles que disfruten del suyo.

El aparente descrédito público del sexo ha llevado a buscar alternativas lingüísticas a la lujuria en palabras como erotismo, que tratan de moderar el discurso oral e incluso visual frente a la llamada pornografía. No creo que sea una buena opción distinguir la insinuación de la mostración y, aunque admito que la pornografía tiene mucho de irreal y es una mala escuela de formación para nuestros adolescentes, tampoco el erotismo suple el alegre goce de los cuerpos que conlleva la lujuria.

En esta serie de columnas relativas a los pecados capitales, aunque siendo fiel al origen religioso de los mismos, he tratado siempre de tomar como referencia el DRAE y sus definiciones, aunque no siempre coincida con sus apreciaciones.

En cuanto a la lujuria, el DRAE la define como «deseo excesivo del placer sexual» y añade como segunda acepción la de «exceso o demasía en algunas cosas» que viene a proporcionar de forma desvinculada del sexo la sobreabundancia a la que remiten muchos textos literarios. Me quedo, pues, con el exceso en el goce de la relación sexual con la persona a quien se ama como la mejor acepción de la lujuria, pues no hay límites para el disfrute sexual del cuerpo de la persona amada, para la gozosa comunicación sensorial, y no quiero renunciar a esa idea —aunque, como dije, desde la perspectiva del placer mutuo y no de una forma egoísta, usando al otro que no dándose—. Probablemente algún lector me dirá que esta es una posición un tanto moralista, pero no lo duden: se trata de un principio general de no desear al otro lo que uno no desea para sí mismo.

Resumiendo, lo que degrada la lujuria es la falta de respeto al otro y el egoísmo en el disfrute del sexo. No puedo ver nada malo en una inclinación natural que tenemos como animales sociales y que nos puede hacer más generosos si se practica adecuadamente. Ni tan siquiera veo problemas en el exceso si es consentido por ambas partes y —como imagino que la mayoría de los lectores— me sumo gozosamente a la práctica de la lujuria, a diferencia de cuanto dijera en su momento de la gula, la envidia, la soberbia, la avaricia, la ira o la pereza. Como ven, nada moralista mi planteamiento y más próximo a la sensualidad mediterránea que a la religión, aunque dicho lo anterior con el mayor respeto a los creyentes de cualquier credo y a los límites que decidan ponerse en su conducta; puesto que, como el protagonista de la novela de Miguel de Unamuno San Manuel Bueno, mártir siento una profunda admiración por quienes poseen el don de la fe y estoy convencido de que eso les hace más felices.


Miguel de la Guardia es catedrático de Química Analítica de la Universitat de València desde 1991. Tiene un índice H de 88 según Google Scholar y ha publicado más de 900 trabajos en revistas del Science Citation Index con más de 34.600 citas,5 patentes españolas, 4 libros sobre Green Analytical Chemistry (Elsevier, RSC y Wiley), un libro sobre Calidad del Aire (Elsevier), 2 libros sobre Análisis de Alimentos (Elsevier and Wiley) y un libro en dos volúmenes sobre Smart materials en Química Analítica (Wiley). En la actualidad está preparando un libro sobre Nuevas sustancias sicoactivas con un contrato con Elsevier. Además ha publicado 12 capítulos de libros. Ha dirigido 35 tesis doctorales y es Editor jefe de Microchemical Journal (Elsevier), miembro del consejo editorial de varias revistas y fue condecorado como Chevallier dans l’Ordre des Palmes Académiques por el Consejo de Ministros de Francia y Premio de la RSEQ (España). Entre 2008 y 2018 publicó más de 300 columnas de opinión en el diario Levante EMV y colabora con El Cuaderno desde mayo de 2021. 


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2 comments on “Lujuria

  1. Vicent Yusà

    Miguel, no acaba de quedarme claro, a pesar de tu elogio de la lujuria, por qué, junto a “sexo”, aparece la apostilla “con la persona amada”.
    ¿Acaso los “otros sexos” (con personas no amadas, con más de una persona,…) están excluidos del panteón de la “lujuria aceptable”?

    • Miguel de la Guardia

      En el fondo debo ser un clásico y solo concibo el sexo como continuación del amor y de forma secuencial; lo que no implica eliminar variables pero sí establecer el marco de la lujuria libre de otras presencias físicas o mentales. Sí, al final la lujuria aceptable no es un universal y hay que tomarla persona a persona

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