/ Escuchar y no callar / Miguel de la Guardia /
Aunque la RAE define la prudencia como «templanza, cautela, moderación», yo prefiero la acepción de «sensatez, buen juicio», distinguiendo la prudencia como virtud asociada a la toma de decisiones y la templanza como actitud personal frente a los contrarios.
La prudencia no denota inseguridad en quien la practica. No es un síntoma de debilidad, sino de reflexión. Si la templanza aludía al autocontrol que debe acompañar a cualquier gobernante o representante público en sus acciones y comparecencias, la prudencia es la virtud que debe revestir cualquier toma de decisiones, sin cortapisas ideológicas que nublen o dominen la consideración de todas las posibles consecuencias de leyes, actuaciones e incluso nombramientos.
La prudencia es amiga del análisis multifactorial y enemiga de la unidireccionalidad en los comportamientos. Las personas prudentes no se dejan guiar por cortapisas ideológicas y siempre sopesan las diferentes posibilidades. Además, la autocrítica es la mejor aliada de la prudencia, pues ayuda a mantener una duda respetuosa más allá de la toma de decisiones; lo que ayuda enormemente a modificar conductas o enderezar situaciones provocadas por los cambios de condiciones que no se pudieron prever en su momento.
Los políticos prudentes huyen de insultos y descalificaciones y evitan levantar muros entre los ciudadanos, contribuyendo, con su ejemplo, a la convivencia. Lo confieso: soporto mal los comportamientos ideológicos que se creen en posesión de la verdad y descalifican a los contrarios sin argumentos, simplemente añadiendo una etiqueta que bien podrían aplicarse ellos mismos.
Un país gobernado por políticos prudentes crea en torno suyo oasis de paz y, si se involucra en un tema espinoso, es siempre sobre la base de una serie de razones bien calibradas. La persona prudente siempre está a la escucha de las críticas que reciba su comportamiento, aunque, debido a lo meditado de sus decisiones, lo haga sin el más ligero atisbo de inseguridad, pero también sin soberbia.
Detesto a los políticos soberbios que se piensan por encima de sus conciudadanos y pretenden para sí y para los suyos una impunidad despreciable, además de responder con insultos a las críticas que reciben sus conductas. Son personajillos prescindibles que hacen mucho daño a las instituciones y manchan el prestigio de las instituciones que tocan. Deberíamos, como ciudadanos y votantes, deshacernos de ese tipo de personas y arrinconarlos en las organizaciones en las que cada uno milite pues causan daños irreparables a partidos y sindicatos, colegios profesionales, universidades y demás protagonistas del gobierno de una nación. Incluso a nivel profesional, la falta de prudencia de directivos de las compañías o líderes de los grupos de investigación son un freno a la expansión y al progreso de las personas que están bajo su autoridad o influencia.
La prudencia es humilde y, aunque no sea insegura, obliga a redimensionar continuamente los puntos de vista y trata de entender los puntos de vista contrarios antes que descalificarlos. No es prudente la prepotencia y sí el respeto y el trato afable; aunque no basta con el cuidado de las formas para asegurar el acierto en la toma de decisiones. Por eso, la cautela es una cuestión de fondo y no solo de forma aunque lo contrario, el nepotismo y la soberbia, sean claros síntomas de comportamientos imprudentes y lleven a la falta de una seria evaluación de las propuestas de los contrarios.
Apostemos por personas prudentes como representantes nuestros en las instituciones y presionemos por cambios en las leyes electorales que nos permitan elegir a los mejores sin que las siglas cubran a personajes advenedizos.

Miguel de la Guardia es catedrático de Química Analítica de la Universitat de València desde 1991. Tiene un índice H de 88 según Google Scholar y ha publicado más de 900 trabajos en revistas del Science Citation Index con más de 34.600 citas,5 patentes españolas, 4 libros sobre Green Analytical Chemistry (Elsevier, RSC y Wiley), un libro sobre Calidad del Aire (Elsevier), 2 libros sobre Análisis de Alimentos (Elsevier and Wiley) y un libro en dos volúmenes sobre Smart materials en Química Analítica (Wiley). En la actualidad está preparando un libro sobre Nuevas sustancias sicoactivas con un contrato con Elsevier. Además ha publicado 12 capítulos de libros. Ha dirigido 35 tesis doctorales y es Editor jefe de Microchemical Journal (Elsevier), miembro del consejo editorial de varias revistas y fue condecorado como Chevallier dans l’Ordre des Palmes Académiques por el Consejo de Ministros de Francia y Premio de la RSEQ (España). Entre 2008 y 2018 publicó más de 300 columnas de opinión en el diario Levante EMV y colabora con El Cuaderno desde mayo de 2021.
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Lo de este columnista es todo así, pero esta serie me esta pasmando por lo particularmente inane. Ni un apunte interesante u original o con alguna chicha en ni un solo articulo. Todo se reduce a «hay que ser buenos, es mejor que ser malos». Definiciones del DRAE, perogrulladas éticas y toneladas de ingenuidad centrista.
Lamento la opinión del lector y espero que algún otro no vea centrismo en lo que es resistencia a la polarización. No, no pretendo ningún tipo de buenismo ni perogrulladas éticas. Como persona que se considera progresista asisto al comportamiento arrogante de un presidente y su corte de palmeros que actúan con soberbia, mentiras y un intento descarado de copar las instituciones so pretexto de que la alternativa es peor. Pero poco se aporta cuando tan solo se pretende perdurar en el cargo sin la menor autocrítica.
En cualquier caso, gracias por leer el texto.