/ una reseña de Luis López Suárez /
El primer poemario de Fran Fernández Álvarez trata tanto de la memoria como del proceso mismo de recordar, de llegar al lugar donde, como se hace explícito en el título, todos los nombres beben. Consciente de que acceder a la memoria implica necesariamente modificarla, el autor —a la manera de un arqueólogo— utiliza su poesía como un método mediante el que salvaguardar el hallazgo y, a la vez, dejar constancia de su intervención en un yacimiento que es parcial, fragmentario y no necesariamente coherente. Por eso, porque en la memoria hay algo de recuerdo y mucho de olvido, los poemas que abren y cierran el libro poemas dejan amplios espacios en blanco, en alusión a todo lo que inevitablemente queda fuera.
los nomes qu’asocedan
nun seyan mineral
entá xenealoxía.
paézase entós
l’árbol al fósil
/
semiente d’antracita
en carne inxenuo
que cayera d’un llar alloñáu
(los nombres que acontezcan
no sean mineral
aún genealogía.
se parezca entonces
el árbol al fósil
/
simiente de antracita
en carne ingenua
que había caído de un lar alejado)
Una memoria, la familiar, a la que se llega a través de voces diversas de generaciones que se superponen y confunden, pero que no tiene presunción de ancestralidad: lo escuchado y vuelto a contar se detiene en la gran herida que es la guerra civil y la posguerra. No puede retroceder más, porque el eco de las vidas no escritas deja de oírse pronto y se pierde para siempre.
d’ente los hermanos
ramín/ de neñu
guardaba nel bolsu
cualquier escritu qu’atopaba
una fueya periódicu
o un recorte d’una esquela
y lleíalo munches vegaes
hasta que les lletres cayíen
una a una na so memoria
y atrás quedaben los restos
de lo que nun tresciende
en toda España una pertinaz sequía
en toda espá/ una pertinaz sequía
en toda/ una pertinaz sequía
paradoxa ye qu’elli l’orbayu
(de entre los hermanos
ramito/ de niño
guardaba en el bolsillo
cualquier escrito que encontraba
una hoja de periódico
o un recorte de una esquela
y lo leía muchas veces
hasta que las letras caían
una a una en su memoria
y atrás quedaban los restos
de lo que no trasciende
en toda España una pertinaz sequía
en toda espá/ una pertinaz sequía
en toda/ una pertinaz sequía
paradoja es que allí el orbayo)
De ahí la necesidad de Fran Fernández Álvarez de fijar ese eco en la escritura. Y de ahí también, para preservar en la mayor medida posible una verdad tan frágil, la necesidad del método que despliega delicadamente en los poemas, mostrados al lector con una extraña levedad, como dejando intocados los fragmentos de la memoria familiar que en ellos se custodia.
una vegada vi
a faya coles manes
nudoses de tener floriao
asomar y escondese
nos bolsos del mandil/
la sorrisa que-y cayera
dende un llar alloñáu.
va munchu tiempu ya
cuando fui a conocer
la casa solombriega.
(en una ocasión vi
a haya con las manos
nudosas de tener florecido
esconderse y doblar
los pliegues del mandil/
la sonrisa de milhojas
en un lar alejado.
ya hace mucho tiempo
cuando fui a conocer
la casa umbrosa.)
Método que alcanza la tipografía: así, el uso o no de la cursiva refleja la alternancia entre la voz que llega del pasado y la reflexión del autor sobre ese pasado; la puntuación se retrae, las mayúsculas desaparecen, porque se trata de un territorio que no se percibe de manera evidente. También al lenguaje, que se condensa en torno a palabras cargadas de significado, como llar; que deja fluir mediante el irracionalismo y fragmentariedad los diversos cauces de los que bebe; que modifica los nombres propios en nombres de árboles, porque son ya raíz, memoria, territorio; y, sobre todo, que se expresa en una lengua, el asturiano, porque «todos los recuerdos, palabras, personas y lugares que habitan el libro estaban ya escritas en asturiano» (así se expresa, respecto del uso del asturiano, Fran Fernández Álvarez en correo remitido a quien esto escribe). Levedad que alcanza incluso la evocación de la violencia y la dureza del mundo al que se remonta, y aún más, a la violencia misma que supone cualquier intento de reapropiarse, renombrándolo, un tiempo ya pasado.
hay daqué siniestro
n’adoma de la bestia
nel nome de les coses
na urbanización del instintu
na ferramienta.
h.esoria pradera h.achu
ilesia escuela corte
traenta foguera carru.
cual ye la definición
de lo malo
la llende ente lo puro
y lo perverso
ente’l reinu de dios
y l’animal
ónde la dixebra
ente l’orixe
y lo aprendío
la boca inocente
y la navalla.
con too/ a los animales
hai que querelos
(hay algo siniestro
en la doma de la bestia
en el nombre de las cosas
en la urbanización del instinto
en la herramienta.
azada rastrillo hacha
iglesia escuela cuadra
horca hoguera carro.
cual es la definición
de lo malo
el linde entre lo puro
y lo perverso
entre el reino de dios
y el animal
dónde la frontera
entre el origen
y lo aprendido
la boca inocente
y la navaja.
con todo/ a los animales
hay que quererlos)
Todos los nombres beben, el primer libro de poemas de Fran Fernández Álvarez (Oviedo, 1992), publicado en edición bilingüe asturiano/castellano, obtuvo el II premio de poesía Letraversal, la editorial que tan acertada y arriesgadamente dirige Ángelo Néstore. Está enmarcado por un muy emotivo prólogo de Juan Carlos Panduro y un epílogo amical de María García Díaz, y protegido por una sugerente cubierta de Carme Ayala.

Fran Fernández Álvarez
Letraversal, 2024
78 páginas
13,90 €
Luis López Suárez nació en Oviedo (1966). Entre sus intereses preferentes están la historia del arte, la música y el cine. Es autor de los poemarios No todo fue mentira (Madrid, 2008), Con paso incierto (2017) y Oficio de difuntos (2024) y la plaquette Ocho sonetos fúnebres (2020).
Descubre más desde El Cuaderno
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

0 comments on “La memoria recuperada”