/ por Maddy /
Ver a los hombres de la Generación Z virar a la derecha tiene un impacto diferente para los mileniales. Vivimos [la masacre de] Columbine, [los atentados de] el 11 de septiembre, la guerra de Irak, el hundimiento de 2008, las elecciones de 2016, el covid, las prohibiciones del aborto y ahora esto. Vimos a las instituciones fallarnos repetidamente mientras las generaciones anteriores protegían egoístamente el statu quo.
Al crecer, hicimos exactamente lo que nuestros mayores nos dijeron que hiciéramos para «tener éxito». Trabajamos duro, buscamos la educación superior en cantidades récord y nos convertimos en el grupo de trabajadores más productivo, educado y altamente cualificado que el mundo haya visto jamás.
Pero cuando entramos en la fuerza laboral, nos encontramos con salarios estancados, un costo de vida por las nubes y una calidad de vida en general más baja que cualquier generación precedente. Nos llamaron «privilegiados» y «vagos» a pesar de que a menudo trabajábamos en varios empleos para los que estábamos ampliamente sobrecualificados.
Vimos a los bancos hundir imprudentemente toda nuestra economía y no asumir jamás ni una onza de responsabilidad. Vimos cómo esos mismos bancos eran rescatados mientras nuestros amigos, familias y seres queridos perdían sus hogares y sus medios de vida. Vimos cómo nuestro gobierno trataba a los criminales con guantes de seda.
Acudimos en masa para catapultar a Obama a la Casa Blanca en 2008 porque creíamos en su mensaje de esperanza y cambio, y vimos cómo los miembros de ambos partidos trabajaban incansablemente para diluir las políticas públicas, obstaculizar el progreso y ponerse del lado de las corporaciones y los intereses creados en repetidas ocasiones.
Aun así, seguimos trabajando y pagamos diligentemente las facturas mensuales de nuestros préstamos estudiantiles, porque nos habían dicho que ese era el camino hacia la libertad financiera. Y sin embargo, año tras año, vimos cómo nuestra deuda por préstamos estudiantiles se disparaba, incluso después de haber devuelto más del doble del monto original del préstamo.
De nuevo, las generaciones anteriores nos etiquetaron de «privilegiados» y «perezosos» cuando señalamos lo absurdo que era mantener a tantos jóvenes en un estado de deuda perpetua e insuperable. Deuda que asumimos solo porque nos dijeron que debíamos hacerlo si alguna vez queríamos «tener éxito».
A cada paso, nos enfrentamos a la desafortunada realidad de que el sistema no había sido diseñado para ayudarnos a tener éxito. El sistema está amañado, y las generaciones anteriores que se beneficiaron de él cuando tenían nuestra edad se aseguraron de elevar la escalera a medida que ascendían hacia la cima.
Pero siempre estaré orgullosa de cómo los mileniales respondieron a la avalancha repetida de sinsentidos. Colectivamente nos volvimos más empáticos, compasivos y con una mentalidad comunitaria. Habría sido fácil volverse cínico o cruel, pero en cambio elegimos creer que el cambio es posible.
Luego llegó el 2016, impulsado por la generación de nuestros padres. Los mismos que nos llamaron «vagos» y «privilegiados» a pesar de poseer una casa de tres dormitorios en los suburbios, que compraron con un solo salario de clase trabajadora a mediados de su veintena. Temíamos por las generaciones más jóvenes y prometimos ser diferentes.
Los años de Trump trajeron a mileniales como Alexandria Ocasio-Cortez y Jon Ossoff, quienes demostraron el poder de ser audaces y no pedir disculpas. Y aún así, las generaciones mayores regañaron a estos líderes más jóvenes, se aferraron egoístamente al poder y se negaron a cambiar de rumbo. Insistieron: hay que confiar en el statu quo.
Cuando nos vimos en medio de una pandemia global, esperábamos que tal vez esto resaltara cuán defectuosos son nuestro sistema y nuestras instituciones actuales y catalizara un cambio real, sistémico. Pero, aparentemente, ni siquiera millones de muertes evitables fueron suficientes para inspirar empatía.
Vimos a los estadounidenses actuar en gran medida guiados por miedo y elegir a un hombre que tendría ochenta y cinco años al final de su segundo mandato si era reelegido. Y nos dijeron que cuestionar la sabiduría de esa decisión era inaceptable. Alineémonos, confiemos en el sistema, los mayores saben lo que están haciendo.
Vimos el final de Roe vs Wade. Vimos cómo se normalizaba la supremacía blanca. Vimos cómo la xenofobia se generalizaba. Vimos cómo los mensajes subrepticios se convertían en rugidos ensordecedores. Y es exactamente lo que dijimos que sucedería si aplicábamos el mismo y agotado manual.
El sistema haría lo que siempre ha hecho y ahora nos encontramos viendo a muchos de los jóvenes volverse racistas, misóginos y homófobos y contribuyendo a hacer de nuestro país un lugar más peligroso para vivir. Nos preocupamos por nuestro futuro, especialmente ahora que muchos de nosotros hemos comenzado o estamos comenzando a formar una familia.
Está muy claro que otras generaciones no nos van a salvar. No es justo tener que pasar toda nuestra vida luchando contra la erosión total de nuestros derechos humanos por parte de personas que carecen de la decencia básica y están guiadas por la codicia. Pero si alguien está a la altura de la tarea, son los mileniales.
Somos resilientes, inteligentes y absurdamente competentes. Nos guía el corazón y sabemos cuándo no tomarnos demasiado en serio. Tenemos una reputación bien ganada de ser jefes compasivos que siempre respaldamos a nuestros empleados. Estamos más que listos para marcar el rumbo.
Esta es una carta de amor a mis compañeros mileniales. Hemos estado en el infierno y hemos vuelto, nos han ignorado y subestimado constantemente, pero resulta que las generaciones más jóvenes nos llaman «débiles». Porque no entienden el coraje que se necesita para pasar por lo que nosotros pasamos y aun así decidir ser amables.
Descubre más desde El Cuaderno
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Encuentro cierto maniqueísmo, uno todo malo y otros todo bueno.
¿Y si este enfrentamiento generacional es otro truco del sistema al que razonablemente se critica?